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“Un desconocido vive en mí”

Una paciente narra su experiencia para lograr un trasplante de hígado y riñón

Pide a otras personas que necesitan un trasplante que no pierdan las esperanzas y sigan luchando

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Mary Peña, quien hace más de un año le dieron dos meses de vida. (Vanessa Serra Díaz / GFR Media)
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Un doctor en Puerto Rico le auguró dos meses de vida. Otro, en Estados Unidos, fue un poco más benévolo y predijo que tenía menos de un año para realizarse un trasplante de hígado y de riñón si quería seguir con vida. Posiblemente, los dos profesionales de la salud tenían algo de razón, pero, afortunadamente para Mary Peña Torres, ninguno acertó tan impactante diagnóstico.

Rememorar esa época no es fácil para la paciente, quien en abril de 2015 comenzó una carrera de obstáculos por su vida que, en el trayecto, le ha dejado grandes enseñanzas. Entre ellas, el poder de la oración y de la fe, la importancia del apoyo de la familia y las amistades y, sobre todo, aprender a nunca darse por vencida.

Es, precisamente, lo que quiere transmitir al contar su testimonio de resiliencia y deseos de vivir. Sobre todo, por su interés de que otras personas que están en diálisis  y pierden las esperanzas ante la cruda realidad de una espera por un órgano que a veces se hace eterna.

Hay tantas personas esperando por un órgano por tanto tiempo que muchas veces pierden las esperanzas y no buscan opciones. A veces se hunden en esa actitud y yo lo entiendo perfectamente, porque es muy triste por lo que se pasa. Pero hay que luchar, uno no puede dejarse vencer”, recomienda Mary, quien trabajó por más de 30 años como administradora del bufete de abogados Martínez Odell & Calabria.

De hecho, ella nunca se rindió y aun en los peores momentos, dice que siempre pensó en iba a ocurrir un milagro y llegaría el riñón y el hígado que le salvaría la vida. Fue parte de su estrategia. Siempre pensó que iba a ocurrir un milagro, que llegaría el riñón y el hígado que le salvarían la vida. “Yo no llevaba mucho tiempo en la lista de espera, pero no dejé de hacer gestiones”, asegura Peña.

Por eso también enfatiza la importancia de la donación de órganos. Recuerda, por ejemplo, un afiche que vio en el Hospital Mount Sinaí, en Nueva York que decía “Recycle Yourself – be a Donor” (Recíclate, conviértete en donante). “Me encanta el mensaje y es algo que quiero enfatizar. Sin mi donante yo no estaría aquí hoy”, afirma.

Es, precisamente, lo que quiere transmitir al dar su testimonio. Sobre todo, para que otras personas que necesitan un trasplante no pierdan las esperanzas y sigan luchando.

Al borde de la muerte

Con un diagnóstico de diabetes por más de 30 años, Peña dice que con el tiempo, la función del hígado se fue afectando.

“Me recomendaron que, en vez de medicamento por boca, me inyectara insulina. Pero, el médico me decía que uno puede vivir con el 10% del hígado”. De la misma forma, acepta que la funcionalidad de los riñones fue decayendo.

Sin embargo, Peña dice que se sentía  tan bien de salud “que nos tiramos para Disney a llevar a los nietos”. Una fecha que recuerda muy bien, abril de 2015, en que luego de despedir a los nietos, comenzó a sentir un cansancio tan extremo que perdió los recuerdos.

Pero, su esposo, Enrique “Quique” García, un compañero de vida que la acompañó y la cuidó amorosamente en todo el proceso, sí puede rememorar el inicio de todo.

“Ella me dijo que estaba muy cansada y se recostó a dormir en el carro. Salimos en dirección a Tampa y en todo el trayecto, de más de dos horas, no dijo una sola palabra”, cuenta el esposo, al tiempo que señala que en la habitación del hotel se acostó y luego de varias horas en que no reaccionaba a las preguntas que él hacía, llamó al 911.

Sin diagnóstico certero

De ahí en adelante, el deterioro de su salud fue creciendo a pasos agigantados. Fue llevada a un hospital donde le hicieron todos los exámenes posibles, aunque nadie daba respuestas sobre lo que le estaba ocurriendo. Peor aún, nadie parecía saber qué la afectaba. García recuerda que uno de los médicos le dijo que podía ser una encefalopatía hepática,  mientras que una infectóloga sospechó que podía ser dengue. En ese hospital estuvo 10 días y al ver que no había mejoría, sus hijos y esposo decidieron trasladarla a otro lugar donde estuvo más de un mes recluida.

“Lo único que los médicos decían es que no sabían cómo era que yo estaba viva. Finalmente, determinaron que yo había tenido un shutdown, un apagón general del cuerpo, pero no sabían por qué. Ahí fue que los riñones dejaron de funcionar y el hígado solo trabajaba en un por ciento muy bajo”, relata Peña.

Según su esposo, fue cuando comenzó en diálisis. Tres meses después, a su regreso a la isla y tras diversos exámenes que le realizó su médico, finalmente tuvieron una idea de lo que había pasado, tras descubrir que todavía tenía trazos de  dengue hemorrágico.

“Ahí el cardiólogo evaluó toda la información que enviaron del hospital y nos dijo que el apagón del cuerpo había sucedido no solo por el dengue hemorrágico, sino también por todos los antibióticos que le habían dado en el hospital”, cuenta García.

Según explica la doctora Verónica Meza Venencia, nefróloga del Centro de Trasplante del Hospital Auxilio Mutuo, la primera causa de enfermedad renal en el  mundo es la diabetes.

“Así que cuando tienes diabetes por un período de tiempo prolongado, vas a tener algún tipo de alteración renal, aunque no todos la van a desarrollar. Puede empezar poco a poco hasta tener enfermedad renal con diálisis”.

Pero, dice que también puede pasar —como sucedió después del paso del huracán María o durante la epidemia de dengue y chikungunya—, con pacientes renales que no estaban en diálisis y “al tener el episodio agudo de esta enfermedad viral, la función residual que les quedaba cayó y terminaron en diálisis”. 

También es posible que tengas dengue hemorrágico con shock séptico  y desarrolles un fallo renal que, en la mayoría de los casos, debería ser reversible si sobrevives. Pero, en algunos pacientes es tan severo que nunca se recuperan”, advierte  Meza. 

De la misma forma, explica la nefróloga, los pacientes que tienen enfermedad hepática, aunque no tengan fallo hepático, el riesgo de mortalidad al someterlo a una cirugía es mayor. “Si tienes una enfermedad hepática crónica, no podemos hacer el trasplante de riñón, sino que se necesitaría un trasplante dual, de hígado y de riñón”.

Fue, al parecer, lo que le sucedió a Peña y lo que provocó que comenzara todo el proceso de ponerse en lista de espera para el trasplante de riñón e hígado. Una espera que, según le dijeron, podía ser bastante larga. Pero, era un tiempo que no tenía “y mis hijos se pusieron patines y me comenzaron a conseguir entrevistas en Nueva York”.

“Todo el mundo me decía que debía buscar un sitio donde tuviera familiares porque me debía quedar en el área por un tiempo. Y efectivamente ha sido así. Yo me he pasado más tiempo allá (en Nueva York) en estos últimos dos años”, revela Peña.

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