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Crea una red de resiliencia

El trauma tras el paso del huracán María se puede superar

El doctor Charles Figley, propulsor del término ‘trastorno de estrés postraumático’, visitó la isla recientemente, a invitación de Foundation for Puerto Rico, para conocer de primera mano lo que sienten los puertorriqueños a un paso del huracán María

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Un componente importante del proceso de reconocer la diferencia entre PTSD y la ansiedad generada por un evento traumático es comprender el proceso natural o normal que implica enfrentar un trauma de cualquier tipo. (Shutterstock)
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Es indudable que el paso del huracán María dejó a su paso un sinnúmero de retos que han socavado a los ciudadanos en más de una faceta, siendo la salud mental uno de los aspectos más preocupantes.

De hecho, por meses, ha sido común escuchar el término ‘trastorno de estrés postraumático’ (PTSD, en inglés) asociado a las vivencias de básicamente toda la población de la isla luego del golpe de María, la cual en menor o en mayor grado, ha experimentado angustia, pesimismo y desconsuelo en diferentes etapas y situaciones.

Sin embargo, como menciona el doctor Charles Figley, director del Instituto de Traumatología de la Universidad de Tulane, aunque enfrentar el dolor es incómodo y difícil, es importante reconocer que el trauma, en general, no constituye PTSD y que no todas las personas que enfrentan un evento traumático van a desarrollar esta condición.

A invitación de Foundation for Puerto Rico, el investigador y académico estuvo de visita en la isla recientemente, con el fin de comprender la historia y el sentir de los puertorriqueños a raíz del paso del huracán María y sus consecuencias psicológicas a nivel individual y colectivo.

Según comentara el propulsor del término ‘trastorno de estrés postraumático’ (PTSD, en inglés) en un aparte con la prensa, su interés es conocer, de primera mano, los obstáculos que expertos en salud mental han enfrentado desde entonces, para evaluar las necesidades de certificación, capacitación, certificación y educación en servicios de salud mental que existen en la isla luego del desastre natural.

Posteriormente, menciona el catedrático de la Universidad de Tulane, este proceso posibilitará la transformación de estas experiencias en una oportunidad para mostrarles a los ciudadanos de la isla y del mundo que es posible sobreponerse a las condiciones más aterradoras y resurgir más fuertes y con un nuevo significado de vida. 

Durante su estadía, el doctor Figley también ofreció un taller a líderes de distintas organizaciones sin fines de lucro sobre los desafíos psicosociales que se pueden manifestar comúnmente durante el primer aniversario de una catástrofe, para lo cual compartió estrategias para que los empleados y los voluntarios puedan afrontarlos.

¿PTSD o respuesta natural a un evento traumático?
El investigador y académico es enfático al señalar que un componente importante del proceso de reconocer la diferencia entre PTSD y la ansiedad generada por un evento traumático es comprender el proceso natural o normal que implica enfrentar un trauma de cualquier tipo.

Para el propulsor del famoso término “estamos hablando de la respuesta natural a un trauma, ya que la mayoría de las personas que son afectadas por un trauma no van a desarrollar PTSD”, aclara, al añadir que esto solo ocurre a un pequeño porcentaje de individuos aun en una situación tan generalizada y destructiva como la que vivimos en la isla.

“Una de las razones por las que me he enfocado en el trauma general es que quiero asegurarme de que todas las personas que han enfrentado el trauma sepan qué es, lo reconozcan y no se perciban a sí mismas como débiles o locas”, sostiene, para recalcar que los sentimientos que se desarrollan durante este proceso son naturales.

Un patrón que se repite: las 5 preguntas
El doctor Figley, quien por 40 años se ha dedicado al análisis de eventos traumáticos y ha estudiado alrededor de 35 de ellos a través de su carrera, explica que existe un patrón que se repite en el transcurso de una catástrofe tanto a nivel individual como social. 
Sobre este particular, señala que las organizaciones de base comunitaria son esenciales para que las personas comprendan qué está ocurriendo y reciban guía en momentos de confusión, así como consuelo y esperanza.

El doctor Figley reafirma que, “cada vez que se enfrenta un evento traumático, independientemente de si es un desastre natural u otro incidente, existen cinco preguntas clave que tenemos que abordar para sentirnos seguros nuevamente: qué pasó, por qué pasó, por qué actué como lo hice en el momento que pasó, por qué he actuado de la manera en que lo he hecho desde entonces y qué ocurrirá si pasa nuevamente”. 

Explica, además, que estas son preguntas fundamentales que todos se hacen y de las que, si no se conocen las respuestas, puede surgir la inseguridad. Esta es una experiencia que rebasa los confines geográficos y culturales, y, según estima el académico, es la etapa en la que nos encontramos actualmente en la isla.

“Ustedes todavía no están convencidos de que están seguros”, sostiene el investigador, quien, sin ahondar en asuntos políticos, reconoce que en el proceso de lidiar con el trauma un elemento importante es reconocer y respetar no solo a los fallecidos, sino también a los sobrevivientes.

El trauma se puede sobrellevar
“Pienso que el trauma y, específicamente, el PTSD, son un problema de salud pública, pero, si hay suficiente educación, las personas pueden recibir tratamiento no solo por parte de psiquiatras y los psicólogos, sino también a través de la fe, los clubes, los amigos y las actividades comunitarias", señala enfáticamente el doctor Figley, quien, al responder al llamado de Foundation for Puerto Rico tiene como objetivo establecer vínculos que ayuden a diferentes sectores del país a reconocer qué es el trauma y cómo pueden enfrentarlo desde una nueva perspectiva que no victimice a las personas. Añade que lo peor que se puede hacer en estos casos es percibir el trauma como una enfermedad mental y medicar a las personas.

“La idea es crear una red de resiliencia que emule lo que logramos luego de Katrina, porque los desastres son oportunidades para innovar”, sostiene por su parte, el doctor Reggie Ferreira, director de la Disaster Resilience Leadership Academy y catedrático asociado de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Tulane.

Por su parte, el doctor Figley, quien explica que en su poco tiempo en la isla ha podido reconocer el sentido de comunidad que tienen los puertorriqueños, destaca que, durante su visita, espera encontrar elementos afines con New Orleans y que fueron críticos para la recuperación de la ciudad, como fue, por ejemplo, el uso de la música en manifestaciones de duelo, conocida como “second line” y que muestra un delicado balance entre la alegría y la tristeza en una celebración de vida y de honra para los fallecidos y que constituye una especie de cierre de ciclo.

Colaboración esencial
Si bien el trauma post María todavía es muy reciente en la isla, el doctor Figley asegura que, afortunada o desafortunadamente, Puerto Rico y otros lugares que están pasando por traumas similares, tienen a su disposición estrategias ya comprobadas para manejar las secuelas psicosociales de estos eventos más efectivamente.

“En la actualidad, sabemos más que nunca sobre el trauma y la resiliencia, y mi esperanza es que podamos organizar, a través de Foundation for Puerto Rico, iniciativas que puedan beneficiar a todos”, sostiene Figley. 

Sobre este tema, Annie Mayol del Valle, presidenta y COO de Foundation for Puerto Rico, enfatiza que la fundación que dirige ha iniciado una relación a largo plazo con el catedrático y la Universidad de Tulane, y está sirviendo de catalítico en esos esfuerzos, ofreciendo su espacio para que los principales representantes del sector de salud local y de la academia desarrollen las alianzas colaborativas necesarias para que Puerto Rico resurja.

“Estamos poniendo nuestro granito de arena para que el sistema de salud general y mental funcione, en un acercamiento 360”, recalca Mayol del Valle, quien explicó que esta estrategia holística permitirá que, con un sistema de salud general y mental fortalecido las organizaciones podrán trabajar otras estrategias en las comunidades que permitan que la infraestructura del país se fortalezca ante los retos que enfrenta.

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