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La lista de espera para la vida

El proceso de trasplante de órganos puede ser imprevisto

Al desconocer cuándo estaría disponible el órgano compatible, existen retos que tanto el paciente como el personal de salud deben sortear

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Luego de su doble trasplante, Mary Peña se ejercita cinco días a la semana. (Vanessa Serra Días / GFR Media)
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El proceso de espera de Mary Peña fue muy diferente a lo previsto. Sobre todo, si se tiene en cuenta que, en septiembre de 2015, la nefróloga le había dicho a su esposo que si no hacía un trasplante, no llegaba viva a diciembre.

Pero, todo pasa por una razón, reflexiona la paciente, quien cuenta que, ya para principios de mayo de 2016, estaba bastante mal de salud, pero no se quiso perder la presentación del primer libro escrito por su hija más pequeña, María Rosa, en Nueva York.

“Yo dije, ‘si es así, que no tengo tanto tiempo de vida, yo me voy a disfrutar todo’. Llegué allá y a los dos días tenía que hacerme la diálisis, pero cuando fui a un centro no me la quisieron dar porque tenía la presión muy baja. Fui a la presentación del libro de mi hija y estaba muy hinchada y corría el riesgo de que la sangre se envenenara (sepsis), así que al otro día fui a otro centro y tampoco me la quisieron hacer”, rememora Peña.

Fue así como llegó a la sala de emergencias del hospital Mount Sinaí, donde, precisamente, estaba en la lista de espera por el riñón y el hígado.

“Llegué a Emergencias y les expliqué lo que me pasaba y en menos de media hora estaba la coordinadora de trasplante con todo su séquito. Me llevó para el centro de trasplante de hígado y  me dijo que estaba completamente séptica. Cinco días después vino  a verme y me dijo ‘We have a liver for you’ (tenemos un hígado para ti) y yo, con un poco de vergüenza, le pregunté sobre el riñón, pero en ese momento ellos no sabían si eso era viable. Me dijeron que en dos horas venían por mí para la cirugía de trasplante de hígado”, recuerda emocionada.

Hasta finales de julio de este año, en Puerto Rico había 374 personas en la lista de espera por un riñón y 23 para un hígado, según datos provistos por el Centro de Trasplante del Hospital Auxilio Mutuo

Pero, antes de entrar a la sala de operaciones, le dijeron que también había llegado el riñón. “Eso fue el 18 de mayo de 2016; fueron como diez horas de operación y estuve en coma inducida por tres días, además de un mes en el hospital. Después me enviaron a un centro de rehabilitación donde estuve dos meses más”.

Cuenta, además, que en agosto le dieron un pase para venir a la isla a la boda de su hijo,  quien la había adelantado “porque pensó que me iba a morir y él quería que yo estuviera en su boda”.

Tras este arduo proceso, al día de hoy, Mary Peña vive una vida  normal, sigue una dieta balanceada, se ejercita los cinco días de la semana en un gimnasio y vive su vida como un milagro de Dios.

“Para mí es muy importante agradecer a todos lo que pasaron esta experiencia conmigo, a mis hijos y mi esposo, pero antes que nada, a ese Dios misericordioso que me acompañó e hizo posible ese milagro de vida. También al donante desconocido que vive en mí”, afirma, tras enfatizar en la necesidad de más donantes “para que estos milagros de vida se puedan dar”.

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