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Reportaje especial

La lucha diaria de Joan Flecha, un joven que urge de un riñón para vivir

Pese al constante dolor y miedo, este puetorriqueño libra una estremecedora batalla para que su cuerpo no colapse

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Todos los lunes, miércoles y viernes se conecta, durante cuatro horas, a una máquina que se encarga de filtrar su sangre para remover las toxinas y el líquido excesivo de su sistema. (tonito.zayas@gfrmedia.com)
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Un día a la semana, usualmente los domingos, Joan Flecha no siente dolor. El resto del tiempo vive preocupado, intranquilo, porque quiere vivir, pero su cuerpo está fallando.

Tiene 27 años y sus riñones solo funcionan al 4%. Necesita un trasplante de forma urgente, por lo que se dializa hace dos años y medio en Humacao. Intenta mantenerse positivo, mas no puede ignorar que un promedio de 20 personas muere cada día esperando un trasplante en Estados Unidos, según la Red Unida para la Compartición de Órganos (UNOS, por sus siglas en inglés).

“Mi vida depende de un hilo”, lamenta el joven puertorriqueño. “Temo por mi vida”, añade. Describe su lucha como el constante acto de cruzar dos rascacielos sobre una cuerda floja.

Todos los lunes, miércoles y viernes se conecta, durante cuatro horas, a una máquina que se encarga de filtrar su sangre. La hemodiálisis remueve artificialmente las toxinas y el líquido excesivo de su sistema. Para facilitar el tratamiento le crearon una fístula uniéndole quirúrgicamente una vena con una arteria en su brazo izquierdo. Lo tiene hinchado, lleno de protuberancias que, al ser tocadas, parecen emitir electricidad. “Es el flujo de sangre”, explica. “Si duermo con el brazo pegado a la cara, escucho la sangre”, describe.

Aunque se dializa tres veces a la semana, los efectos secundarios suelen extenderse al día siguiente de cada sesión. A veces vomita, se marea, experimenta un intenso dolor de cabeza, pierde tanta energía que no puede caminar y le baja dramáticamente la presión. “Te puedes ir en pleno tratamiento y ese es el miedo”, cuenta quien ya no puede nadar ni ejercitarse en el gimnasio.

Su cuerpo tampoco excreta ciertos minerales como el fósforo y el potasio, amenazando la salud de sus huesos y de su sistema cardiovascular, respectivamente. Sin riñones saludables, Joan solo puede beber cuatro vasos de agua al día y debe cumplir con una rigurosa dieta baja en grasa y sodio.

“Extraño orinar”, confiesa. Ir con regularidad al baño es algo que no logra hace seis meses.

Añora las cosas que tuvo que abandonar por falta de salud: su negocio como decorador de actividades, sus estudios universitarios en microbiología y manejo de vida silvestre, viajar y montar a caballo, un pasatiempo que le apasiona desde la niñez.

Giros insospechados

La vida de Joan ha estado llena de curvas inesperadas desde los 9 años, cuando descubrió que tenía insuficiencia renal aguda como consecuencia de leptospirosis. Creció con recurrencias de sangre en la orina, pese a que los médicos le dijeron que se había curado de la peligrosa bacteria, transmitida mediante la orina de roedores y otros animales. Una década después, regresó al hospital: sus riñones fallaban nuevamente, esta vez de forma grave.

Actualmente, Joan es una de las casi 116,000 personas que, según la Red de Obtención y Trasplante de Órganos (OPTN, en inglés), esperan por algún órgano en Estados Unidos. También es uno de los 438 pacientes que necesitan un riñón en Puerto Rico.

No tiene diabetes y dice haber crecido sin hipertensión, los principales factores de riesgo en el mundo, según la Sociedad Internacional de Nefrología. Explica que nunca abusó de drogas y que siempre ha cuidado su alimentación. Algunos médicos como el nefrólogo Moisés Ortiz Villalobos, quien atiende al joven en la clínica humacaeña de Fresenius Kidney Care, no correlacionan directamente la leptospirosis con un fallo renal a largo plazo.

Joan, entonces, desconoce cómo, realmente, sus riñones dejaron de funcionar cuando entró a la adultez.

Una bomba de tiempo

Para diciembre del año pasado, 5,185 pacientes se dializaban en la isla luego de que 626 se trasladaron a Estados Unidos por los huracanes Irma y María, subraya el Consejo Renal de Puerto Rico. Luego de los ciclones, mientras su condición se complica y debido a que la hemodiálisis no es una solución permanente, Joan busca trasplantarse en Dallas, Texas.

Sin embargo, Joan todavía no tiene riñón.

Familiares y varios amigos han expresado estar dispuestos a ser su donante. “Yo por él hago lo que sea. Me da mucho sentir; (perderlo) sería muy difícil”, menciona, llorosa, su hermana Zeliris Flecha. Pero, al momento, ninguno ha resultado compatible. Encontrar a un donante vivo que sea apto requiere de un prolongado proceso de rigurosos exámenes físicos y emocionales

Llora y grita, pero de pie

Mientras espera, el joven trata de recaudar aproximadamente $10,000 para costear aquellos gastos que su plan médico no cubre, como viaje, comida y alojamiento. Labora como oficinista para una compañía privada, incluso luego de que el huracán María complicó aún más su lucha por los problemas de comunicación y la falta de electricidad en la isla.

“Él es bien fajón; le gusta trabajar. Él nos da fuerza a nosotros”, describe su madre Iris Rodríguez, entre lágrimas.

“Mi hijo es bondadoso. Tiene tantas cualidades bonitas que me siento orgulloso de que sea mi hijo”, añade su padre José Flecha.

Joan escucha, cerca de la pintura de un caballo, y comienza a sollozar. Admite sentir tristeza, ira, frustración. “Lloro. Grito. A veces siento que se le van las esperanzas a uno y la fe”, dice.

Pero entonces observa a su familia. “Mantenerme positivo, por ellos, es lo que mantiene de pie”, comenta y luego le surge una sonrisa.

“Vivir con estas molestias no es vida”, concluye, “pero quiero vivir y vivo al máximo, como si fuera el último día”.

El joven y su familia crearon una cuenta de Go Fund Me para recaudar parte de los fondos requeridos. Si interesas hacer una donación, puedes ir oprimir el siguiente enlace: Una segunda oportunidad de vida

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