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A detenerlo

Cómo cerrar el círculo del abuso sexual

Los expertos advierten que cada abusador es único. Por eso, es importante estudiar caso a caso

  • Por El País / GDA
  • 06 DIC. 2017 - 2:28 PM
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El 70% de estos ataques ocurren en el ámbito intrafamiliar o de primer círculo de conocimiento del niño. (Shutterstock)
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La crueldad podría volverse costumbre. La psicóloga forense Adriana Savio dice que el ser humano está habituándose a ser hostil con sus pares. Cruel, hostil y perverso. Cree que se debería poder leer los crímenes de niños que se cometieron a lo largo del año de forma multicausal.

"Todos estamos embebidos en una composición que tiene que ver con la era en la que vivimos, con la economía, la política y lo social. Esa mezcla es como una semilla y su germinación va a depender de la tierra en la que caiga. Si esa semilla se tira en una cabeza que ya trae una predisposición psicológica, genética y psiquiátrica que apunta hacia lo delictivo y lo inmoral, va a crecer una mala planta", explica. 

Entonces, un sujeto que agrede sexualmente a menores es una mala planta. Los expertos advierten que cada abusador es único. No hay dos iguales. Y sostienen que, por eso, es importante estudiar caso a caso. "Estadísticamente pueden caer en el mismo rango, pero cada uno trae su historia vital que lo condiciona. Evaluarlos individualmente sirve para determinar su peligrosidad y la posibilidad de que reincidan", explica Gustavo Álvarez, psicólogo jurista, perito e integrante de la Asociación Latinoamericana de Psicología Jurídica Forense. 

Las plantas malas suelen reunirse con las buenas y camuflarse sin esfuerzo. Es que, según los especialistas, lo inquietante de estos agresores es que no hay un perfil claro y lineal, por eso es tremendamente difícil identificarlos. "En su mayoría son hombres de entre 25 y 45 años insertos en la sociedad, con trabajo, con familia y sin ninguna característica grosera que los aparte de su entorno", explica Álvarez.

Podría ser cualquiera. Podría ocurrir dentro de cualquier hogar. Y podría no saberse jamás. El 70% de estos ataques ocurren en el ámbito intrafamiliar o de primer círculo de conocimiento del niño. Para el menor, el suceso es tan traumático "porque suelen ser personas amadas y en el lugar donde deberían encontrar protección se los violenta", continúa Álvarez, que deja como resultado "una ambivalencia tremenda". 

Para este psicólogo, el abuso sexual infantil es de los delitos que menos logra visualizarse en las cifras. "Si hay un homicidio aparece un cadáver e ingresa a las estadísticas, pero con el abuso infantil es más complejo. He tenido pacientes de 50 años que vienen a consultar por trastornos de ansiedad y terminan redescubriendo que habían sido abusados durante su niñez". 

El universo del abuso es amplísimo. En este vivero, con plantas más o menos agresivas, la violación y el asesinato son los extremos, pero no la única forma de maltrato. Es abuso observar un cuerpo, frotarlo, masturbarse con él y filmarlo o fotografiarlo para realizar pornografía. Álvarez cree que es importante la aclaración porque "en la cotidianidad se suele pensar que si no se violó entonces no es tan importante". Es un error, asegura: "Cualquier tipo de abuso es brutalmente dañino porque es un abuso de poder". 

Igual de heterogéneo es el tipo de abusador. Germán Aller, catedrático de derecho penal, director del Instituto de Derecho Penal y Criminología de la Facultad de Derecho, lo expone así: "En la ciencia todo es relativo. He visto a muchos abusadores que sufren tremendamente por cómo son". Por lo general a estos agresores se los encasilla en categorías. Está el pedófilo, que ve al niño y al adolescente como un objeto sexual, ya que su desarrollo psicosexual no evolucionó como su racionalidad y su intelecto, por lo cual no puede evitar sentirse atraído por alguien mucho menor a él.

Varios de ellos son "célibes" y controlan su deseo. Está el pederasta, que pasa de la fantasía al acto, es decir que sí comete el abuso sexual pero no se ve a sí mismo como un criminal, porque no desarrolla una empatía que le permita comprender que lo que hace está mal. Finalmente, el pedosádico es quien además de realizar el abuso sexual ejerce violencia contra el niño. Estos criminales tampoco consideran que cometan un crimen. No son capaces de sentir remordimiento. 

Cuando atacan, algunos buscan una "víctima de oportunidad", como cuando captan a una persona en la calle por medio de engaños. También pueden planificar el método de ataque, por ejemplo acercarse por redes sociales a una víctima. Este agresor actúa como un depredador. Así lo explica Agustín Romano, psicólogo forense y autor de Éxtasis letal, criminales psicopáticos en Uruguay.

En estos agresores el riesgo de reincidencia es comparable al de los asesinos seriales. "Por eso hay que atraparlos pronto, porque ellos actúan como por chispazos en el tiempo", alerta Álvarez. 

De los agresores homicidas, hay un mínimo cercano al 10% que tienen trastornos psiquiátricos, y por lo tanto no cometieron los actos en consciencia plena. Otros, aproximadamente el 30%, "remiten a una estructura de personalidad psicopática", explica Álvarez. La psicopatía no es una enfermedad, es una manera de ser y de estar en el mundo. "Estos sujetos saben que lo que hacen está mal y tienen voluntad de hacerlo", aclara. 
 

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