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Importante cambio

Establecen nuevos valores de presión para la hipertensión

Pasa de 140/90 a 130/80 lo que aumenta la cantidad de personas que sufren esta dolencia

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Las nuevas clasificaciones designan hipertensión en etapa 1, cifras de 130/80 a 139/89 y por encima de 140/90, hipertensión en etapa 2. (Archivo)
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La Asociación Americana del Corazón (AHA en inglés) y el Colegio Americano de Cardiología (ACC) publicaron las nuevas guías que redefinen el nivel a partir del cual diagnosticar y tratar la hipertensión o presión arterial elevada, el principal factor de riesgo para infarto de miocardio y accidente cerebrovascular (ACV).

Las nuevas clasificaciones designan hipertensión en etapa 1, cifras de 130/80 a 139/89 y por encima de 140/90, hipertensión en etapa 2.  Además, con la reclasificación la presión normal se ubica por debajo de 120/80. Mientras que si el nivel está entre los 120-129 de máxima y 80 de mínima, se considera presión elevada. 

“Las guías anteriores nos decían que el número (para hipertensión) era de 140/90 para el adulto general y para las personas mayores de 65 años eran un poco más laxas, 150/90. Ahora esos números bajaron para todo el mundo”, indica el cardiólogo no invasivo Francisco Lefebre Llavano, del Hospital Cardiovascular de Puerto Rico y el Caribe. 

Por eso se estima que con los valores actualizados, la prevalencia de hipertensión en Estados Unidos sube de 32% a 46%, lo que quiere decir que la mitad de su población pasa a tener la presión por encima de los valores normales.

“Quiere decir que pacientes que antes no eran hipertensos, ahora lo serán”, agrega el cardiólogo, quien cree que aunque no hay estudios actualizados de la prevalencia de hipertensión en Puerto Rico, se estima que es un factor de riesgo importante para un gran porcentaje de la población.

Precisamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la hipertensión como una de las mayores causas de muerte a nivel mundial. Cabe resaltar, por ejemplo, que la hipertensión causa agrandamiento del músculo del corazón (conocido como hipertrofia) y más tarde, dilatación de las cavidades cardiacas y pobre contracción de éstas (cardiomiopatía). Esto resulta en que el paciente termina con insuficiencia cardíaca, mejor conocida como fallo cardíaco. Además, acelera la enfermedad en las arterias coronarias que eventualmente lleva a la obstrucción y al infarto cardíaco.

Asimismo, a nivel cerebral, predispone a infartos cerebrales (comúnmente conocidos como derrames cerebrales). Mientras, a nivel renal puede a llevar a fallo renal y diálisis. Y en la retina del ojo, puede llegar a hemorragias que acaban con la capacidad visual.

“Los puertorriqueños casi todos somos hipertensos, diabéticos y no nos cuidamos; así que en Puerto Rico esto es más visible. Ahora mismo no sabemos en dónde estamos, no hay estudios de prevalencia que estén al día”, advierte Lefebre, mientras destaca que una de las metas de esta guía es transformar el cuidado de una condición que pone a las personas en riesgo de enfermedades cardiovasculares.

“Básicamente uno rápido piensa que si hay un aumento en la prevalencia, va a haber más personas tomando medicamentos para controlar la presión. Pero las guías lo que te dicen es que hay que hacer más hincapié en cambiar estilos de vida”, indica el especialista, quien pone el ejemplo de un paciente que al llegar a su oficina tiene una presión arterial de 132/80, que antes era la cifra ideal.

“Ahora, con esta nueva guía, le diría que tiene que bajar la sal en la alimentación, hacer ejercicios, comer más vegetales y frutas, ingerir más potasio y que tenemos que ser un poco más estrictos en modificar estilos de vida. Esa va a ser la primera línea de tratamiento”, explica el cardiólogo.

Ese cambio de hábitos incluye mantener el peso controlado, no fumar, reducir el consumo de alcohol y aumentar la actividad física y medidas para bajar el estrés (descanso y meditación). En cuanto a recomendaciones dietarias, aconsejan reducir la sal e incorporar alimentos ricos en potasio (guineo maduro, aguacate, papa y vegetales de hojas oscuras).

“Lo que se busca es guiar al paciente para que cambie estilos de vida nocivos y si no se logra controlar la presión arterial, hay recomendaciones nuevas que dicen qué tipo de medicina vas a usar en ciertos tipos de pacientes. Pero la meta no es darle más medicina sino ser más estrictos en cuanto a modificación de estilos de vida”, enfatiza Lefebre.  

En su página web, la American Heart Association cataloga la hipertensión como un “asesino silencioso” debido a que la mayoría de las veces no hay síntomas visibles que puedan delatarla.  

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