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Estrategias

Administrar o no administrar fármacos, esa es la cuestión

Lo importante es tener clara la etiología y considerarlo patológico y tratarlo cuando tiene un impacto sobre la calidad de vida

  • Por La Nación / GDA
  • 01 NOV. 2017 - 12:02 PM
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La mejor estrategia es combinar terapia farmacológica con psicoterapia. (Shutterstock)
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Una de las controversias que rodean el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es la conveniencia o no de someter a los pacientes a un tratamiento o dejar que desarrollen espontáneamente estrategias compensatorias. De hecho, Keith Conners, uno de los psicólogos que desarrollaron un cuestionario de 39 ítems para detectarlo, fue también uno de los que alertaron acerca del sobrediagnóstico en su país.

"Los dos extremos son malos: acá, la mayoría cree que no existe -afirma Pablo Richly-. Lamentablemente, no tenemos parámetros objetivos para identificarlo, como el colesterol. Lo importante es tener clara la etiología y considerarlo patológico y tratarlo cuando tiene un impacto sobre la calidad de vida. El déficit de atención -agrega- es un trastorno cuando provoca una dificultad en la vida cotidiana. Como todo en psiquiatría: para ser un trastorno tiene que ser un problema, si no es un problema, es una característica o un rasgo. Lo mismo ocurre con la depresión y el trastorno de ansiedad: la tristeza es normal, la ansiedad es normal, pero la depresión y el trastorno de ansiedad no". Lischinsky coincide: "Hay mucho para hacer, pero el paciente tiene que querer hacerlo".

La terapia se sustenta sobre varios ejes. "En chicos, el primero es la psicoeducación -apunta Andrea Abadi-: enseñarles a los padres cómo manejarse. También se trabaja en habilidades sociales o en el control de la conducta impulsiva. En último lugar está la medicación, que no siempre es necesaria y nunca puede darse sola, porque mejora durante un tiempo, pero después su efecto baja."

Acerca de la seguridad de los fármacos, Abadi subraya que se usan desde hace décadas y que ya hay personas que los recibieron de niños y no tuvieron efectos a largo plazo. "A diferencia de otros medicamentos que usamos los psiquiatras, actúa por presencia -destaca-. En el momento en que está en el cerebro, hace que aumente la secreción de los neurotransmisores que están en déficit. El día que no se toma, el circuito vuelve a su estado natural. Eso tiene un pro y una contra. La ventaja es que si lo pruebo y decido que durante el fin de semana no se necesita, se puede suspender y no pasa nada. La desventaja es que si dejo de darlos y no trabajé para que cambien los circuitos de interacción y la conducta, nada cambia. Por eso, hay que acompañar siempre la medicación con una terapia".

Para Aboitiz, "los metaanálisis indican que la mejor estrategia es combinar terapia farmacológica con psicoterapia. La primera es efectiva en cerca de un 80% de los casos, mejora el rendimiento cognitivo, académico y social de los niños. También genera un mejor pronóstico a largo plazo en términos de conductas de riesgo, abuso de sustancias, rendimiento académico y estabilidad general. Pero, hay chicos que no se benefician de la terapia con estimulantes. Para ellos se proponen otras instancias y sobre todo apoyo terapéutico.

Indica, "por último, un factor tremendamente importante en el pronóstico de este cuadro tiene que ver con la calidad del entorno familiar y psicosocial. Una familia bien estructurada en un entorno social estable es un factor muy positivo. Opciones alternativas existen, desde los deportes, el yoga, la meditación y múltiples tipos de terapias. Sin embargo, no se ha demostrado que éstas sean más efectivas que el tratamiento farmacológico".

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