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Más que un problema del habla

Es tratable la apraxia del habla infantil

El poco conocimiento de esta condición lleva a que el niño entre en un torbellino de diagnósticos equivocados porque solo lo tratan como un problema severo del habla

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Aunque los niños con apraxia entienden más de lo que hablan, su comprensión tampoco es la adecuada comparada con la de los niños de su edad. (Shutterstock)
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Llegaron a pensar que su hijo padecía de autismo… Cuando Gustavo tenía poco menos de dos años, sus padres comenzaron a notar ciertas características que no habían experimentado con su hijo mayor. El niño no balbuceaba, salivaba constantemente y no pronunciaba palabra alguna, además de mostrar problemas de sensibilidad corporal y al comer. Los sonidos que emitían eran inentendibles. 

Ante este panorama, Marien Hernández y Luis Quiñones, acudieron a un neurólogo en busca de un diagnóstico que les permitiera encontrar las ayudas adecuadas para el pequeño de la familia. Entre las varias pruebas que se le practicaron, se les indicó que el niño poseía características de un niño con autismo, pero con la excepción de que era sociable. 

En otras evaluaciones le diagnosticaron que tenía problemas severos del habla y le recomendaban tomar terapias por una hora, de dos a tres veces por semana. Así estuvo por periodo de año y medio sin que Gustavo mostrara alguna mejoría. Mientras el niño seguía incomprendido, presentando problemas para comunicarse y experimentando episodios de frustración, la pareja estaba adentrada en un confuso mundo de diagnósticos erróneos.

“Algo está pasando porque no es normal. No podía tocar la arena, comía solo ciertos alimentos, no se le podían cortar las uñas, no se le lavaban los dientes ni se le entendía nada”, recuerda su mamá.

Luego de una evaluación completa en un centro especializado, cuando Gustavo tenía tres años, le diagnosticaron apraxia, con bajo tono muscular y sensitivo. La apraxia es una disfunsión neurológica en el área del cerebro relacionada con la planificación de los movimientos de la boca para hablar, que comprende labios, la mandíbula y la lengua para producir el habla. 

“El niño tal vez puede pronunciar algunas vocales o consonantes, pero mezclarlos o unirlos para hacer palabras, les cuesta. Hay un desfase entre el cerebro y la boca. Esta condición es neurológica, donde el cerebro sabe lo que tiene que decir, pero en el momento de planificar los movimientos para producir las palabras y las oraciones les cuesta”, explica la licenciada Nellie Torres de Carella, quien es patóloga del habla y lenguaje.

La también directora del Instituto Fonemi de Puerto Rico señala que desde antes de que el infante cumpla un año, esta condición puede ser detectada, pues los niños no balbucean, no tienen mucho movimiento de lengua, labios ni mandíbula. Esto, contrario a un niño que no tiene apraxia, que parece que está hablando, que dicen palabras y repiten sílabas. Asimismo, es común que tengan problemas de alimentación y desarrollo motor.

“Tienen dificultad de imitar sonidos y movimientos con la boca, hacer trompetillas, soplar velas y unir los labios para dar besos. Desde antes del año se van dando también unas tendencias en términos motores, ya que los niños con apraxia pudieran comienzan a gatear y caminar más tarde, son más torpes de movimiento. Al año, esa primera palabra no sale todavía o con la misma palabra que pronuncia, la dice con sentido pero la usa generalizando a los demás”, acota Torres de Carella, quien explica que la apraxia del habla infantil es tratable; responde a un tratamiento especializado diseñado luego de una evaluación administrada por un patólogo del habla y lenguaje con especialidad en esta área. 

Como consecuencia, según señala la terapista, el niño puede presentar problemas de conducta y cuando ya son más grandes y llegan a la escuela pueden presentar problemas de socialización y ser víctimas de bullying, además de mostrar problemas de estudio, escritura y comprensión. 

“Aunque entienden más de lo que hablan, su comprensión tampoco es la adecuada comparada con la de los niños de su edad. Ellos dicen sus disparates, pero no los perciben, no monitorean su habla. Te están diciendo algo bien diferente a lo que escuchó o quiere decir, pero el niño no se da cuenta. No discrimina su propia habla”, indica Torres de Carella.

Por dos años, de lunes a viernes y durante todo el día, Gustavo tomó terapias de apraxia y ocupacional, además de cubrir su currículo académico que ofrece el Instituto Fonemi. Ya fue dado de alta habla y en agosto próximo comienza en una escuela tradicional. Próximo a cumplir sus seis años de edad, este seguirá con terapias preventivas y trabajarán con la dificultad en la lectura. Sus padres relatan que todo mejoró drásticamente, incluyendo su calidad de vida como familia. 

“Si no se hubiese diagnosticado y dado el tratamiento indicado, quizás Gustavo – y se escucha fuerte- iba a ser un problema social. Cuando fuera grande, ¿en qué se iban a convertir esas frustraciones?”, planteó el progenitor. 

En el caso del niño Moisés Fraga, cuando tenía un año y seis meses solo pronunciaba la palabra “papá” a modo labio dental, así como “mamá” y “tatá”. En cuanto a su alimentación, comía de todo y no tenía problemas de texturas con los alimentos y masticaba. En su planeo motor estaba bien. Sin embargo, luego de una evaluación de habla y lenguaje y estar en terapia tradicional por un periodo de prueba de tres meses, se le diagnosticó apraxia. 

“Aunque logró decir unas palabras, este decía muchos errores inconsistentes. Comenzamos con su terapia de procedimiento auditivo y terapia oromotor. Le hicimos su evaluación de apraxia a la que resultó positivo. Estuvo 15 días corridos, dos horas diarias. En esa primera fase me eché a llorar porque ya decía algunas palabras. Estuvo solo un año y fue dado de alta porque había superado su apraxia”, recuerda su madre Dianie Vázquez.

Parte del problema de la apraxia es el procesamiento auditivo, por lo que parte del tratamiento recomendado es tomar la terapia del método Tomatis®‎, una terapia sonora que utiliza los sonidos filtrados para estimular el sistema vestibular. Se debe incorporar además terapia de alimentación para quienes lo requieran, así como la utilización del programa Lindamood-Bell, para atender los problemas de dislexia, característico también de los niños con apraxia. 

Características en el niño con apraxia

  • Ausencia de balbuceo y tardanza en decir la primera palabra. 
  • Desarrollo de lenguaje receptivo (comprensión) levemente afectado al compararlo con la severidad del problema expresivo, por lo cual entienden más de lo que puede expresar. 
  • Articulación ininteligible, limitada generalmente a vocales y muy pocas consonantes. En algunas palabras ni siquiera producen bien las vocales. Los padres usualmente sirven de intérpretes porque por lo general pocas personas logran entenderlos.
  • Inconsistencia en la producción, articulando la misma palabra de diferentes formas cada vez que la repiten. Muestran mucha dificultad para repetir en forma correcta y consistentemente. 
  • Mientras más larga es la palabra o verbalización, más errores cometen y menos se les entiende.
  • No responden a terapia del habla tradicional, por lo cual pueden estar años en la misma sin superar por completo su dificultad.
  • Dificultad con otras destrezas orales no verbales, como soplar burbujas o pitos, o desarrollan las mismas mucho más tarde de lo esperado. 
  • Recurren más a los gestos que a las palabras para hacerse entender.
  • Dificultad para aprender a leer y escribir.
  • Es más común en niños que en niñas.
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