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Enfermedad tromboembólica

Conoce qué embarazada puede estar a riesgo de desarrollar coágulos sanguíneos

¿Quién puede estar a riesgo?

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El embarazo aumenta de 4 a 5 veces el riesgo de desarrollar enfermedad tromboembólica. (Shutterstock)
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El embarazo aumenta de 4 a 5 veces el riesgo de desarrollar enfermedad tromboembólica (flebitis profunda y embolia pulmonar). Según explicó la doctora María L. Ríos, cardióloga con oficina en Humacao y tesorera de la Asociación de Cardiólogas de Puerto Rico, esto se debe a tres factores que involucran la formación de coágulos, a saber:

1. Disminuye la circulación sanguínea, pues el útero puede comprimir las venas, si encaman a la mujer (inmovilización y resposo).

2. Ocurre daño en los vasos sanguíneos, provocado por el parto o una cesárea.

3. Aumenta la coagulación por factores hormonales.

“De hecho, la enfermedad tromboembólica, es decir flebitis profunda y embolia pulmonar (como sucedió en el caso de la tenista Serena Williams) sucede cuando se forman coágulos en una de las venas de las piernas o las ilíacas, que pueden migrar hasta el corazón o hasta la arteria pulmonar, ocasionando una embolia y un posible infarto pulmonar”, describió la cardióloga.

Otros factores de riesgo incluyen: la edad de la embarazada, obesidad, fumar, partos múltiples, si la paciente ha tenido una embolia pulmonar previa, cáncer y trauma.

¿Por qué están a mayor riesgo las embarazadas?

El caso de los problemas de salud de la tenista Serena Williams, ocasionados por la aparición de trombos, o coágulos, en sus pulmones, tras el nacimiento de su hija, acaparó las noticias de salud de los medios mundiales. ¿Cómo era posible que una mujer joven y con una condición física como pocas pudiera tener semejante complicación?

Según explicara la propia tenista en una entrevista nacional a principios del mes de febrero, ya había sufrido un evento tromboembólico en el año 2011 y, aunque tomaba un medicamento anticoagulante durante su embarazo, como es protocolo, tuvo que suspenderlo poco antes del parto. Complicaciones dirigieron a una cesárea y poco después comenzó a sentir los síntomas de embolia pulmonar. Por su experiencia previa, ya los reconocía.

“El riesgo más grande de enfermedad tromboembólica en las mujeres embarazadas es haber tenido un evento tromboembólico previo”, resaltó por su parte, la doctora Ríos, quien añadió que el segundo factor de riesgo, que se ve hasta en un 20 % de los casos, es la trombofilia.

“Trombofilia es el término en el que se clasifica a pacientes que tienen estados de aumento de la coagulación que promueven a que puedan tener trombos, o coágulos sanguíneos que se forman dentro de las venas o las arterias. La lista de condiciones es amplia”, indicó la doctora Ríos, quien explicó que las trombofilias pueden ser de dos tipos:

1. Hereditarias: que incluyen los déficits de proteínas C y S, y factor de Leyden; alteraciones del gen de protrombina y déficit de la antitrombina.

2. Adquiridas: en este renglón están el síndrome de anticuerpo de antifosfolípidos (síndrome de Hughes), sospecha o historial de abortos espontáneos recurrentes, muerte fetal y tromboflebitis previas. Estas se confirman mediante pruebas de laboratorio como la de anticuerpos de cardiolipina, cuyos niveles aumentan cuando hay problemas de coagulación; y anticoagulante lúpico, que se asocia a un aumento en la coagulación que se da en condiciones como el lupus.

Diagnóstico

La doctora Ríos recalcó que “si es embolia pulmonar, el gold standard es hacer un CT angio y eso es una tomografía computadorizada con rayos X. Y, aunque la prueba más sensitiva y específica para diagnosticar la enfermedad, en el caso de las embarazadas hay que considerar la posible radiación al bebé’, señaló.

En este caso, se usaría la prueba de Dímero D y el doppler venoso para diagnosticar los casos de tromboflebitis. Si hay una sospecha grande de embolia pulmonar se realiza la placa de pecho, el scan nuclear de perfusión y CT angio pulmonar. “La angiografía pulmonar se consideraría en casos extremadamente raros y excepcionales”, resaltó la cardióloga.

Sopesar el riesgo y tratamiento

En el caso de las embarazadas, indicó que es el ginecólogo obstetra quien realiza la evaluación de la paciente y consulta con el cardiólogo y/o el hematólogo (en los casos de trombofilias). Estos son considerados embarazos de alto riesgo.

El tratamiento preferido es la heparina de bajo peso molecular para tratar el evento por un mínimo de tres meses y mantener el tratamiento hasta seis semanas luego del parto.

“Si tienes un DVT (trombosis venosa profunda) en tu primer trimestre vas a tener que recibir tratamiento durante todo el embarazo y hasta seis semanas después del parto, porque, entonces, la incidencia de tromboflebitis y embolia es mayor”, recalcó la cardióloga.

En pacientes selectas de alto riesgo (aquellas con un historial de DVT previo, inmovilizaciones o fracturas) se puede dar anticoagulación con el mismo tipo de heparina (bajo peso molecular), pero en una dosis menor.

“En el caso de las pacientes que no tienen indicación para tratamiento se podría dar tratamiento preventivo (profilaxis) con la heparina de bajo peso molecular, pero en menor dosis”, explicó al mencionar que las mujeres en riesgo son aquellas que han tenido tromboflebitis hace mucho tiempo, mujeres obesas o las que fuman durante el embarazo, aunque no debieran hacerlo.

“En el posparto, la decisión de diagnóstico y tratamiento se facilita, ya que no tenemos que tomar en cuenta la radiación al bebé”, enfatizó la doctora Ríos, quien finalizó diciendo que cada caso debe ser individualizado y considerar la razón riesgo en comparación con los beneficios.

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