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Más riesgos

El ruido ambiental puede afectar la buena salud del corazón

Estar expuesto en forma constante a ruidos en la ciudad hace a las personas más vulnerables a sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular, entre otras patologías

  • Por El Mercurio / GDA
  • 06 FEB. 2018 - 10:43 AM
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La contaminación acústica produce los mismos efectos que el estrés emocional en las personas. (Shutterstock)
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La razón sería que el ruido -del tráfico, los aviones o a nivel laboral, por ejemplo- induce una respuesta inflamatoria en el organismo, así como el aumento de ciertas hormonas, que provocan daño a nivel vascular, según explica el doctor Thomas Munzel, director del Departamento de Medicina Interna de la Universidad de Mainz, en Alemania, y autor principal del trabajo.

En rigor, la contaminación acústica produce los mismos efectos que el estrés emocional en las personas, lo que lleva a un mayor riesgo cardiovascular, agrega el doctor Gonzalo Martínez, académico de la U. Católica y cardiólogo de la Red de Salud UC Christus.

"Aumenta la liberación de algunas hormonas, como el cortisol (conocida como la hormona del estrés). Su elevación continua, producto de una exposición constante al ruido, altera el funcionamiento normal de los vasos sanguíneos".

Mitigar el impacto
En esos casos se produce una disfunción endotelial -del tejido que recubre los vasos sanguíneos-: en vez de relajarse, se contraen, tal como ocurre en quienes fuman. Asimismo, su superficie se vuelve rugosa, dificultando el paso de la sangre y favoreciendo el desarrollo de trombos.

Toda esta cadena de sucesos, además, hace más vulnerable a la persona a desarrollar otros factores de riesgo cardiovascular, como hipertensión y diabetes, comenta Munzel. "El ruido se asocia con estrés oxidativo, disfunción vascular, desequilibrio autonómico y anomalías metabólicas".

Y si a todo eso se suma el efecto de la polución ambiental, el impacto es mayor. "Se combinan y hacen más vulnerables a las personas de sufrir problemas cardiovasculares", dice Martínez.

Por eso, el doctor Munzel precisa que "a medida que aumenta el porcentaje de la población expuesta a niveles perjudiciales de ruido en las ciudades, los nuevos desarrollos y la legislación para reducir el ruido se vuelven importantes para la salud pública".

Junto al análisis de los factores involucrados, Munzel y sus colegas también analizaron algunas de las estrategias de mitigación utilizadas en el planeta, como la gestión y regulación del tráfico, el desarrollo de neumáticos de bajo ruido y los toques de queda o restricción del tráfico aéreo en ciertos horarios y zonas.

A nivel más individual, el uso de tapones o instalar ventanas que aíslen del ruido exterior son una opción. El doctor Martínez también sugiere mitigar este impacto modificando otros factores de riesgo cardiovascular, como reducir el consumo de tabaco y azúcar, controlar el colesterol y potenciar la actividad física.

Más riesgo
Según la Organización Mundial de la Salud, el límite al cual los ruidos son nocivos para la salud es 85 decibeles (dB). Una conversación normal oscila en torno a los 50 dB; la sirena de una ambulancia llega a los 120 dB, al igual que el motor de las motos y algunos automóviles.

Un estudio hecho por la U. de Berna (Suiza) en zonas residenciales cercanas a los aeropuertos a lo largo de quince años muestra que los habitantes expuestos diariamente a esos ruidos tenían 30% más posibilidades de enfermar y morir del corazón en comparación con quienes viven en sectores con menos contaminación acústica. Algo similar ocurre en quienes viven cerca de autopistas o calles muy transitadas.

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