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La comunicación es esencial

Cuando los hijos llegan a la universidad

La función de los progenitores y la rutina familiar se transforma radicalmente al iniciar esta etapa

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No es que los padres se van a desconectar completamente de sus hijos, pero tienen que dejarlos crecer. (Shutterstock)
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Dentro de pocos días, muchos de nuestros jóvenes partirán del hogar familiar a otro destino, ya sea dentro del país o fuera de éste, para comenzar sus estudios universitarios u otras formaciones académicas. Tanto los padres, como los hijos, vivirán nuevos retos y experiencias, en la nueva etapa que comienza.

“Mi hijo José va a empezar en la Universidad  de Puerto Rico, en Río Piedras. Nosotros somos de Añasco, por lo que él se va a quedar en un hospedaje. Es la primera vez que va a estar lejos de la familia, y eso nos tiene muy ansiosos a su padre y a mí. Esperamos que le vaya bien”, cuenta Cristina Ramírez.

Según la madre de José, lo más que le preocupa es que los nuevos amigos de su hijo resulten ser una mala influencia para él y este baje las notas o empiece con algunos vicios. “Y va a estar tan lejos de nosotros, que ni su padre ni yo lo vamos a poder supervisar”, agrega.

Por su parte, Mayra Pratts, directora de asesoría universitaria de la Fundación Kinesis, fundación sin fines de lucro que les da acceso universitario a estudiantes de escasos recursos en Estados Unidos, explica que la entrada de los hijos a la universidad es una etapa de transición en la vida familiar.

Para los padres es bien difícil aceptar que sus hijos están empezando una nueva etapa en sus vidas, la de la adultez. El cambio de ver a sus hijos en casa todos los días, a dejar de verlos por periodos de tiempo largos, muchas veces sacude a los padres”, subraya.

Dice la asesora universitaria que, para los hijos también es difícil, ya que van a tener nuevas experiencias, nuevos amigos, nuevos retos en los estudios, en fin, van a comenzar a construir una vida nueva con nuevas responsabilidades.

“Como estudiantes de escuela superior, ellos tenían una carga académica supervisada; ahora van a tener libertad para tomar sus propias decisiones en cuanto a todo lo que se refiere a sus estudios. Además, van a tener unos requisitos académicos más altos que los que tenían en escuela superior”, aclara.

Buena comunicación

Por otro lado, Naychaly Rivera, psicóloga y consejera familiar, del Centro Piensa Psicología Innovadora, indica que antes de empezar la universidad, es bueno que los padres les hablen a sus hijos sobre todo lo que pueden esperar una vez comiencen su vida universitaria. De ahí en adelante, el estudiante es quien tiene que hacerse cargo de sus asuntos. “No es que los padres se van a desconectar completamente de sus hijos, pero tienen que dejarlos crecer. Ellos mismos (los hijos) tienen  que aprender de sus propias experiencias”, recalca la psicóloga. 

Aconseja Rivera que, esos primeros días de orientación, los padres acompañen a sus hijos a la universidad, que vayan con ellos a hacer sus compras para el cuarto, que se familiaricen con la universidad y el área. “El saber dónde van a estar sus hijos les va a dar tranquilidad a los padres; pero una vez estén bien instalados los chicos y comiencen sus clases, déjenlos crecer”, advierte.

Añade Pratts que, lo primordial en este nuevo ciclo es que, padres e hijos mantengan siempre una buena comunicación. “Los padres deben recordar que sus hijos están en una nueva etapa de independencia y deben darles su espacio, por lo  que no deben bombardearlos con mensajes de texto ni de voz”, manifiesta.

En el libro “You’re On Your Own (But I’m Here If You Need Me)” (Estás solo, pero estoy aquí si me necesitas), Marjorie Savage explica que la función de los padres cambia el día en que los hijos comienzan la universidad. A partir de ese momento, dejan de ser el “tutor principal y supervisor, y se convierten en una especie de mentor orgulloso”.

“Cada familia tiene un estilo de comunicación diferente”, detalla Savage. “Creo que el factor importante es que el estudiante y el padre se sientan cómodos con la frecuencia de comunicación y que el joven no espere que el padre solucione todos sus problemas”. Savage alega que no es raro que algunos estudiantes se comuniquen con sus padres varias veces al día. Esto no es necesariamente malo; la clave está en el tipo de comunicación que tienen. “Si tu hijo te envía textos sobre algún acontecimiento emocionante que acaba de suceder o una foto que cree que le puede gustar, no hay problema. Sin embargo, si llama constantemente en busca de consejo para resolver sus problemas y quejarse, eso no es una buena señal”, abunda Savage en su libro.

Mentor de sus hijos

“Hay que acordarse que la meta de todo padre debe ser que su hijo sea independiente. El padre debe servir de sistema de apoyo para el estudiante. Recordarle a su hijo que necesita darse tiempo para adaptarse a los nuevos cambios que está experimentando y acordarle que los estudios son el boleto, la llave para adquirir un futuro próspero”, reitera Pratts.

Señala la asesora universitaria que, muchas veces, en ese primer semestre de vida universitaria, los hijos se pueden sentir “home sick” (extrañan la familia y la casa) o pueden tener un problema de adaptación con algún compañero de cuarto o de clases o algún maestro.

El rol del padre es escuchar a sus hijos, y ser su apoyo, pero no va a darles la solución para resolver cada pequeño problema que se les presente. Eso sí, que sepan que si tienen un problema grave y necesitan ayuda, siempre pueden recurrir a usted”, sugirió. 

Pratts comenta que el padre debe hablar con sus hijos para que conozcan que en la universidad hay oficinas de orientación y una amplia variedad de recursos a la disposición del estudiante.

“Por ejemplo, si el hijo tiene un problema con un compañero de cuarto y está angustiado, el padre puede escucharlo en su búsqueda de soluciones y hasta sugerirle que vaya a hablar con la persona a cargo de la residencia para que lo ayude, pero  no va a intervenir”, manifiesta.

El tema académico

Muchos padres se sorprenden cuando ven las notas del primer semestre de sus hijos, porque sacan una B o C, cuando antes en la escuela superior tenían todas A. “Tienen que recordar que sus hijos están pasando por un proceso de transición y es normal que muchos estudiantes, en esta etapa, bajen las notas, en lo que se ajustan. El padre debe animar a sus hijos a hablar con sus profesores, con los consejeros escolares y a pedir ayuda a los tutores. El estudiante debe aprender a ser autónomo y resolver sus problemas”, sostiene.

Igualmente, confirma la experta, que si el hijo tiene un problema con un profesor, ya el padre no va a hablar con el maestro, ni va a quejarse a la oficina. “La relación académica es entre el profesor y el estudiante. Es responsabilidad del hijo resolver sus problemas, tener control de su futuro, de su universidad”, añade.

Siempre vigilantes

Aunque el papel del padre en esta etapa universitaria es ser mentor, advierte Pratts que siempre tienen que estar pendientes de algún cambio radical.

“Al llegar a la universidad, algunos estudiantes van a experimentar con el alcohol y las drogas. Aunque, al final, la mayoría se adhieren a los valores ya adquiridos en sus años de formación, otros sucumben”, agrega.

Añade que, si piensan que sus hijos están experimentando con algo más serio, y tienen problemas con drogas o alcohol o una gran depresión, entre otros grandes problemas, entonces ya el padre puede asumir el control de su hijo y buscar ayuda de un psicólogo u otros profesionales.

“La clave está en saber cuándo intervenir para  ayudar a su hijo y buscar  los recursos necesarios para resolver este tipo de situaciones”, puntualiza. 

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