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Bienestar

Crisis existencial: oportunidad para generar cambios

Es crucial en la vida de todo individuo porque provocan el replanteamiento de nuevos objetivos que pueden llevar a la realización personal

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Lo que llamamos crisis existenciales son procesos naturales de la vida que ayudan a encontrar la esencia del verdadero yo. (Shutterstock)
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Todos hemos pasado por momentos en nuestras vidas a los que hemos catalogado como “crisis existenciales”: ya sea una ruptura amorosa, la llegada de la Navidad o el cumpleaños que inevitablemente llegó a la curva de jamás volver (usualmente uno de los llamados “ta”: 30, 40, 50). Es, entonces, cuando nos hallamos inmersos en una autorreflexión profunda sobre nuestra vida y su sentido y, más importante aún, de nuestro propósito mayor en este mundo.

En ocasiones, estos períodos suelen infundir sentimientos de angustia, ansiedad y hasta cierto grado de depresión, sin embargo, a pesar de tener una connotación negativa, son cruciales en la vida de todo individuo y en los que un cúmulo de sentimientos provocan el replanteamiento de nuevos objetivos que pueden llevar a la realización personal.

¿Paradójico? Puede parecer, pero, vistas de esta manera, las crisis existenciales son sumamente importantes y, manejadas adecuadamente, pueden convertirse en una gran oportunidad para crecer como seres humanos. Así lo explica la doctora Amelia Rodríguez, psicóloga clínica y codirectora de Psych Wellness Center, quien asevera que “las crisis existenciales son propias del desarrollo y, en ese sentido, forman parte del proceso de revaluarnos, crecer, ver dónde estamos y hacia dónde nos movemos, porque, más que nada, nos referimos a períodos o a momentos de nuestras vidas donde comenzamos a cuestionar y a reflexionar sobre lo que es nuestra esencia misma”.

Preguntas esenciales

De acuerdo con la doctora Rodríguez este proceso involucra hacer preguntas tan cruciales como quiénes somos, por qué hacemos las cosas que hacemos, cuáles son nuestras metas de vida y cuál es el sentido de la vida misma. Estas interrogantes surgen por diferentes razones y en diferentes etapas de desarrollo.

“Las crisis existenciales pueden suscitarse por muchas razones y nos hacen cuestionar diferentes cosas, dependiendo de lo que estamos viviendo y en qué etapa lo estamos viviendo. Tienen que ver mucho con cómo nos sentimos con nosotros mismos, pero, a la vez, con la interacción con los demás”, dice la pasada presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico al mencionar algunos ejemplos.

“En el caso de los preadolescentes, que están comenzando a sentir más la presión de ser aceptados o aceptadas por su grupo, y a definir cómo se distinguen de los demás, ciertamente, las crisis van a ir más dirigidas a ese nivel. Ya en un adulto mayor las crisis existenciales podrían ir más ligadas a lo que podría ser esa sensación de saber si ha realizado con su vida aquello que quería hacer, si ha logrado sus metas, si ha dejado un legado, por ejemplo, a su familia o a su comunidad”, añade la doctora Rodríguez, para añadir que todo depende de las áreas donde la persona haya estado más vinculada, incluyendo la parte espiritual. En este caso, las interrogantes giran en torno a si se está en paz con lo que se quiere y se cree, o si la filosofía de vida está acorde con lo que se piensa y se hace.

Crisis o depresión

La doctora Rodríguez recalca que las crisis existenciales pueden activarse, dependiendo de múltiples factores, como cuando hay cambios abruptos en la vida, que incluyen: la pérdida de algún ser querido o del trabajo, mudanzas o el cambio a una nueva escuela, entre otras.

Dependiendo de diversos factores, pueden dejar de ser crisis existenciales o complicarse. Cuando tenemos situaciones que traen nuevos estresores, estas crisis podrían surgir con más intensidad porque nos cuestionamos y reflexionamos sobre muchas cosas y, en ocasiones, las dejamos pendientes para otros momentos de nuestra vida”, repasa la psicóloga clínica, para agregar que, “de acuerdo a cuán frágiles estemos, cuántos estresores tengamos a nuestro alrededor, con cuánto apoyo contemos o no, las crisis existenciales podrían moverse hacia otras direcciones y es ahí donde a veces se confunden con cuadros depresivos, o podrían llegar a transformarse en eso si se complicaran en el camino”. Rodríguez es enfática al mencionar que aquellas épocas en las que los ciclos se repiten cada año son las más habituales en las que muchas personas tienen reflexionar sobre diversas áreas de su vida.

“Navidad, despedida de año, el Día de las Madres, el Día de los Padres, el cumpleaños, por ejemplo, son momentos en los que tendemos a hacernos esas preguntas que van más ligadas a definir quiénes somos, hacia dónde vamos, qué deseamos para nuestra vida y cuán satisfechos nos sentimos con lo que estamos haciendo”, abunda la doctora Rodríguez, al advertir que si bien en estas épocas enfrentar crisis existenciales es más común, realmente podrían pasar en cualquier época del año o período de nuestra vida.

El cuestionamiento del yo

Para la psicóloga clínica, la interrogante del yo y de cuán satisfecha se siente una persona consigo misma que trae consigo la crisis existencial inicia un proceso que puede llevar al crecimiento, al cambio y a la maduración individual.

“Por lo tanto, no necesariamente implica algo negativo. Muchas veces, las personas tienden a asumir que la palabra ‘crisis’ implica que es un sufrimiento o un daño; que es un período que podría ser enfermizo o patológico y la realidad es que la crisis de lo que se trata, precisamente, es de una oportunidad para el cambio, porque, claramente, si no nos damos el espacio para pensar con profundidad, no podemos estar al tanto de lo que necesitamos trabajar”, amplía la doctora Rodríguez.

Añade que, en ese sentido, “las crisis existenciales son importantes porque nos permiten, ya sea reafirmarnos o sentirnos más cómodos con quienes somos, o tomar decisiones que son importantes para poder movernos hacia una dirección en la que nos sintamos más satisfechos”.

¿Son más comunes las crisis existenciales en unas etapas versus otras?

Las crisis existenciales van a ocurrir en todas las etapas de la vida e, independientemente del género, la edad y la clase social, las vamos a vivir todos, relata Rodríguez, mientras agrega que “se han identificado algunos momentos en la vida donde podemos estar más propicios a las crisis porque, precisamente, son etapas donde hay mayores cambios que pueden responder, ya sea a procesos biológicos, hablando, por ejemplo, de la adolescencia o de la menopausia, que son períodos donde hay cambios físicos y hormonales notorios que afectan nuestro estado de ánimo, cómo nos vemos y cómo nos relacionamos con los demás”.

De acuerdo con Rodríguez, esos cambios nos llevan a estar más proclives a hacernos cuestionamientos y pudiera ser que aquellas personas que quizás sean emocionalmente más frágiles pudieran tener menos recursos para enfrentarlos.

“Sabemos de algunos momentos en la vida donde, ya sea por razones biológicas o sociales enfrentamos cambios y esos cambios nos llevan a replantearnos y a cuestionarnos nuestra esencia”, recalca.

Buscando el propósito de vida

La psicóloga clínica señala que es importante tomar el tiempo para identificar nuestras emociones, nuestras preocupaciones y nuestra visión para, entonces, evaluar qué está pasando en el momento de la crisis existencial. Sin embargo, uno de los retos principales es la resistencia al cambio.

“Es una de las áreas más difíciles porque, lo que para nosotros era lo más importante en unos momentos de nuestra vida, puede que más adelante no lo sea y eso es lo que mueve las crisis: un choque entre lo que yo entiendo que son mis valores y mi forma de vivir”, dice.

En este aspecto, entender que no vamos a ser iguales en todas las etapas de nuestra vida y que los valores pueden cambiar es vital para disminuir la preocupación y la ansiedad que generan las crisis, explica Rodríguez, mientras insiste que tener un espacio para ver cómo las necesidades, los deseos y las inquietudes se van modificando para dar paso a nuevas experiencias, oportunidades y a una nueva imagen. Este es un proceso totalmente saludable que forma parte del desarrollo mismo.

“Que podamos identificar las crisis no implica necesariamente un trastorno, no implica una enfermedad. Sino que es un proceso de cuestionamiento en el cual podemos modificarnos, cambiar y crecer. Ciertamente, eso puede provocar mucho miedo, por lo que sincerarnos y hablar con personas con las cuales tengamos mucha confianza y contarles lo que estamos sintiendo y viviendo puede ser una buena opción”, recomienda Rodríguez, aunque advierte que si el nivel de cuestionamiento y de inquietud que estamos teniendo es demasiado elevado y nos impide funcionar en nuestro día a día, se debe considerar ayuda de un profesional de la conducta humana y la salud mental.

“Lamentablemente, la visión que se tiene tradicionalmente es que vamos a buscar ayuda de algún profesional de la salud mental cuando identificamos que estamos deprimidos o tenemos algún problema psicológico o psiquiátrico, pero la realidad es que los profesionales de la salud  mental están no solo para trabajarlos sino también para prevenirlos y poder facilitar esos procesos de ajuste a las etapas de la vida y al desarrollo mismo”, afrontándolos con mayor aceptación y entendimiento de nuestras emociones, dice. Aclara que es importante saber que este proceso que puede generar ansiedad y depresión, pero eso no supone que se está desarrollando un trastorno.

Son emociones y las emociones nos acompañan en todos los momentos de nuestra vida, por lo tanto, sentir tristeza, ansiedad y preocupación en algunos momentos es totalmente normal. Claro está, cuando (las emociones) llegan a un punto que interfieren claramente con nuestro funcionamiento, nuestras relaciones con los demás, nuestra autoestima y se mantienen por períodos prolongados, pues ahí dejamos de hablar de una crisis existencial y nos estamos moviendo a otros diagnósticos específicos como pudiera ser la depresión”, recalca, finalmente, Rodríguez.

Consejos por etapas

A continuación, las áreas que, según la doctora Amelia Rodríguez se deben evaluar y, si no están en el punto deseado, trabajar para fortalecerlas, ya sea a nivel profesional en algunos casos o a través de búsqueda de literatura de autoayuda en otros.

Niños y adolescentes

  • Fortalecer la relación entre los niños, los adolescentes y sus cuidadores primarios, pues, mientras más cercanía haya a esas edades y más confianza se dé, más seguridad sienten el niño o el adolescente.
  • Propiciar la aceptación incondicional. Eso quiere decir que, independientemente de los errores o de los aciertos que se experimenten, se mantenga siempre el afecto, las expresiones de orgullo y la cercanía.
  • Estar pendiente a las dinámicas que estén ocurriendo entre los pares en la escuela. Es necesario identificar posibles casos de acoso escolar porque estos tienen un impacto directo en la autoestima. Si estuviera ocurriendo, se debe trabajar, de mano con la escuela, un plan para remediar y detener la conducta.
  • Fomentar actividades en donde puedan ir desarrollando el sentido de la independencia y la autosuficiencia. Se les debe dar la oportunidad y el espacio para que puedan tomar decisiones y ejecutar correctamente en acción.

Jóvenes adultos y adultos

  • Trabajar con las actividades de autocuidado: realizar actividad física, recrearse y compartir con seres queridos es crucial en estas etapas de la vida.
  • Trabajar con la asertividad en la toma de decisiones.
  • Sentir la confianza de poder decir lo que se piensa de una manera respetuosa y de hacer lo que se desea sin sentirse presionado a actuar por los demás.
  • Evaluar las relaciones interpersonales y trabajar aquello que necesitemos, ya sea movernos de ambiente o cambiar de grupos de amigos, para fortalecer las relaciones que tenemos.
  • Trabajar con la inteligencia emocional, que es poder estar en contacto con lo que sentimos y no pasarlo por alto o ignorarlo, sino reconocer lo que se siente en cada momento de la vida y mirar qué está propiciando esa emoción. Esto es importante en cada etapa de la vida porque permite conocer la esencia del ser humano y hacia dónde desea moverse para poder cambiar.

Adultos mayores  

  • Poder establecer contacto y cercanía con otras personas es vital. El apoyo y la cercanía en esta etapa es bien importante, pues es muy común que la soledad tienda a ser un factor presente, ya sea porque han perdido a seres queridos o sufren del nido vacío. 
  • Identificar áreas de interés para moverse hacia una adultez más activa y saludable. Por lo tanto es reconocer dónde se sienten más capaces para aportar de alguna manera, ya sea a nivel laboral, porque algunos todavía trabajan; a nivel recreativo, a nivel comunitario o voluntario.
  • Tener en cuenta el autocuidado.
  • Estar en contacto con nuestras emociones.

Lo crucial es ver que lo que llamamos crisis existenciales son procesos naturales de la vida. Sentir emociones es totalmente saludable y funcional. Poder darnos la oportunidad de estar en contacto con lo que sentimos y pensamos es importante porque es lo que nos permite reevaluar dónde estamos y dónde queremos estar. Por lo tanto, debemos tomar las medidas necesarias para sentirnos más cómodos con quienes somos y, si necesitamos ayuda en el proceso, solicitarla para que sea una experiencia de crecimiento”, finalizó diciendo Rodríguez.

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