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Mascotas

Amor y compromiso por los animales abandonados

Gloria Martí ha liderado con admirable entrega la iniciativa Save a Sato por más de 20 años

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Gloria Martí con uno de los 160 perros que ocupa la organización Save a Sato. (Suministrada)
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Ella es enérgica, firme en sus convicciones y fuerte. Esa fortaleza va más allá de lo corporal, proviene de su carácter y su esencia. El asunto de los animales abandonados y maltratados no lo trata con paños tibios. Le arremete sin filtro y sin piedad. No es fortuito, lo ha vivido por más de 30 años y le duele en lo más profundo de su ser.

Gloria Martí, quien para muchos es un ángel aquí en la tierra, se ha perdido de muchos cumpleaños, reuniones familiares, pasadías y otras fechas especiales, porque su compromiso la ha llevado a trabajar los 365 días del año. Su intensa jornada se pone de manifiesto en un terreno ubicado en la parte trasera de la residencia, en donde actualmente habitan 160 perros y 78 gatos.

Su compromiso nació en una reunión a la que fue invitada cuando trabajaba en un albergue. “Habían 40 personas y no había un puertorriqueño. Me dio tanta y tanta vergüenza estar allí, de que en la isla hubiensen personas extranjeras tratando de conseguir hogar para los perros y que los puertorriqueños no estuvieran atendiendo este asunto. Ahí empieza mi compromiso con los animales. Cambia mi vida, comencé a aprender, a concientizar y dejé de comer carne también por amor a ellos”, asegura la mujer de 64 años.

Aunque resalta que ha habido cierto progreso en términos de concientización, enseñanza, divulgación de noticias y acusaciones sobre el maltrato de animales, señala que sigue la irresponsabilidad de las personas en dejarlos realengos y en no esterilizarlos. Este asunto se exacerbó tras la emergencia vivida hace un año tras el azote del huracán María por Puerto Rico. Aunque no existen cifras oficiales, los activistas afirman que la cifra de perros abandonados y en albergues aumentó dramáticamente.

“El asunto es que aquí la gente le echa el problema al gobierno y a los albergues. Ni al gobierno ni a los albergue, aquí es la gente. Cada persona tiene que ser responsable y le tiran el problema al otro”, indica Martí, quien ha estado a cargo de la organización Save a Sato, que ayuda a rescatar y a controlar la sobrepoblación de mascotas realengas en la isla, mejorando su calidad de vida.

Allí el huracán se dejó sentir y “les dio duro”, pero las jaulas de los perros y gatos no sufrieron daño. Unos tordos azules cubren la zona en lo que pueden comenzar la construcción del techo. La férrea defensora de los animales explica que los perros y gatos que allí habitan son rescatados de las calles, muchos de ellos maltratados, y que no acepta a aquellos que son llevados por sus dueños

“Yo soy fuerte con la gente”, admite. “Esto de los animales me ha hecho cambiar. No les tengo pena a las personas. No me importan los problemas que me traigan. Me duele porque me ha quitado la sensibilidad. Se creen que tú estás obligado. Me he puesto bien cruel en esa parte y me da mucha pena. Si yo como mujer me he tenido que levantar, hacer mis cosas, soy fuerte, trabajo y he conseguido lo que tengo que pagar, no me vengas tú a quejarte. No soporto la gente que se queja. La gente débil no me gusta que esté al lado mío, no lo soporto. Yo soy una mujer fuerte que no me quejo, aún con mis situaciones”.

Con amor, pasión y la mejor de las atenciones, la rescatista se encarga de darles de comer a las mascotas, administrarles medicamentos, bañarlos, tenerles sus vacunas al día y reciban cuidado veterinario. Los que han llegado enfermos o heridos pasan por un proceso de recuperación hasta estar listos para ser adoptados. Parte del proceso es enviarlos a santuarios en el estado de Florida, en donde son adoptados.

Esta encomienda no sería posible sin las diversas donaciones y de la ayuda que recibe de otras personas comprometidas con la causa. La labor voluntaria siempre es necesaria, pues además como parte de cuidado diario hay que lavar jaulas y platos todos los días.

Save a Sato así como otros albergues de la isla han sido parte de la iniciativa Dame una Patita, que surgió del compromiso de Pet Friendly y Pedigree Puerto Rico tras el paso del huracán, para ofrecerles ayuda.

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