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Partos en casa

María les mostró otra manera de traer a su hijo al mundo

Pareja relata cómo el paso del huracán por la Isla los obligó a encontrar un nuevo escenario para la vida, en un país donde se desconoce cómo se afectaron los nacimientos tras el ciclón

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El 25 de septiembre pasado, como si se tratara de José y María en un Belén moderno, Yahaira Molina y Raúl Malavé buscaron posada en San Juan para poder estar cerca del hospital donde debía nacer su primogénito. (Andre Kang / GFR Media)
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La angustia a causa de las pérdidas obliga a preguntar por las muertes relacionadas al catastrófico huracán María; sin embargo, en medio de la polémica sobre si son decenas, cientos o miles los fallecidos por culpa de sus efectos en Puerto Rico, se ha pasado por alto que más de 4,000 puertorriqueños han nacido desde que sus inmisericordes vientos comenzaron a sentirse en el este del archipiélago el 19 de septiembre de 2017. 

“¿Para qué traer niños al mundo en medio de esta crisis?”, se preguntarán los pesimistas, pero para las familias y para los demógrafos esos nacimientos resultan sagrados y urgentes ante la preocupante realidad de que, en Puerto Rico, por segundo año seguido, la vida es derrotada por la muerte. 

Tras un análisis realizado a pedido de Por Dentro, personal del Registro Demográfico de Puerto Rico detectó que entre el 19 de septiembre y el 30 de noviembre se había registrado preliminarmente el nacimiento de 2,207 puertorriqueños y 2,128 puertorriqueñas. La inmensa mayoría de estos nació en hospitales, 18 nacieron en el hogar, tres nacieron en autos, dos en ambulancias y uno en una oficina médica. Para ese mismo período en el 2016, hubo 5,767 nacimientos vivos. La diferencia es reflejo de una tendencia preocupante.

“El año pasado (completo) por primera vez, en muchos años, hubo más defunciones que nacimientos, 28,339 nacimientos y 29,641 defunciones, un crecimiento natural negativo de 1,302 casos. Para este año 2017 hemos observado un promedio de 2,020 nacimientos mensuales. Cuando comparamos ese promedio con el 2016, el promedio mensual fue 2,362, tendríamos 342 casos mensuales menos de nacimiento, en promedio. Estimamos que para el año 2017 los nacimientos van a estar cerca de los 24,500, y eso sería una disminución de 3,839”, informó el demógrafo del Registro, José López.

“Es preocupante en términos demográficos. Los nacimientos son sumamente importantes para que el tamaño de la población aumente o se mantenga estable. Entre más nacimientos reportamos en una población, vamos a mantener una población que eventualmente va a ser joven, va estar económicamente activa. El año pasado, la población de 60 años o más estaba en alrededor del 24 %, así que esto realmente es alarmante”, analizó López.

Aunque menos, esos cuatro mil y pico de recién nacidos, e incluso los 45 que han pasado a ser parte de las estadísticas de muertes fetales en el período post María, llegaron a dejar su huella. 

El 25 de septiembre pasado, como si se tratara de José y María en un Belén moderno, Yahaira Molina y Raúl Malavé buscaron posada en San Juan para poder estar cerca del hospital donde debía nacer su primogénito. El hospital no tenía servicio de energía eléctrica ni infraestructura adecuada para atender a todas las parturientas que llegaban. Aunque las carreteras estaban obstruidas por escombros, postes y árboles caídos, no había sistemas de comunicación ni de alumbrado en la noche, no les quedó más remedio a los esposos que regresar a casa, y volvieron a Cidra.

“Cuando llegamos al hospital había luz con generador, pero no había acondicionador de aire”, recordó Malavé en entrevista con Por Dentro en la sala de la casa donde ayudó a su hijo a nacer.

“Me causó mucha ansiedad la condición en que estaba. Los cristales estaban rotos. Todo el hospital estaba cerrado, solamente estaban admitiendo embarazadas, pero que ya estuvieran en 10 centímetros (de dilatación del cuello uterino). Cuando me chequean estoy en un centímetro. El doctor me dice: 'No te debo dejar aquí porque el hospital no está en condiciones, pero nos mantenemos en comunicación. Te sugiero que te quedes en un hotel cerca'”, continuó Molina, agradecida de que el obstetra, que además es su amigo, les ofreciera su casa.

Pero, pensando que aún no era tiempo para el nacimiento de Raúl Leandro, que, según los cálculos debía llegar más o menos el 16 de octubre, intentaron buscar un hotel donde quedarse esa noche. “Los hoteles estaban desalojando a sus huéspedes, ninguno nos quiso admitir. Raulito les suplicaba y nos decían: ‘No’. Entonces decidimos venir a Cidra y esperar porque como no tenía los dolores tan fuertes, estaba convencida de que esa noche no iba a parir”, admitió la madre primeriza.

En vista de que no había comunicación telefónica en el país, decidieron desviarse hacia Aguas Buenas e ir a buscar a la doula que habían contratado para asistirles en el parto. Danna Guzmán les recordó que existía la opción de dar a luz en la casa, pero, por diversos factores, la pareja siempre había descartado esa opción que para el mismo período del 19 de septiembre al 30 de noviembre de 2016 habían escogido 38 familias, según datos del Registro Demográfico. 

“Yo presencié el parto de mi hermana Normarie y, aunque fue un parto muy sensible, humanizado también, me dio mucho temor, pensé que yo no iba a poder hacerlo. Parió con una doula en un hospital en Atlanta, en una piscina. Fue precioso. (Pero), fue muy largo y, hermana al fin, la estaba viendo sufrir. Sin embargo, aprendí con esta experiencia que uno no sufre, uno está dando vida. Ella siempre me dijo que intentara parir porque era hermoso”, relató la mamá de Raúl Leandro.

El gran temor de papá era “que algo pasara en el hogar y que de camino al hospital algo le sucediera a ella o al niño”. 
“Digo que Dios estuvo presente porque el parto fue bien rápido, todo salió perfecto”, señaló.

De acuerdo con la experimentada partera Rita Aparicio, dar a luz en el hogar o con mínima asistencia debería ser lo más natural del mundo. “¿Qué más humano y natural que nacer? La mujer puede hasta parir sola, pero hemos tecnocratizado el modelo de nacer y el de morir. Antes el nacer y morir era un asunto doméstico, ahora nacer es una cuestión política, los políticos deciden dónde, cómo y con quién nacemos, las aseguradoras deciden, los obstetras deciden y las mujeres tenemos que seguir eso. Las únicas que saben lo que es parir son las mujeres que paren; las parteras no hacemos partos, los médicos tampoco, nosotros estamos ahí para ellas”, planteó.
Recordó que la partería está protegida por la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud como custodia del parto fisiológico, particularmente cuando faltan otros recursos, como acaba de pasar en Puerto Rico. 

“Las mandan a pedir porque saben trabajar con poco, su tecnología son las manos y el corazón. La partería no es solamente la ciencia; tiene el arte y la espiritualidad, por eso mucha gente no la entiende y la compara con la obstetricia, cuando son dos modelos de cuidado diferentes”, ilustró Aparicio.

La maestra partera indicó que, después del paso de María, muchas mujeres acudieron a las parteras, doulas y a organizaciones como el grupo MAM (Mujeres Ayudando a Madres) luego de que hospitales no las admitieran o sus médicos desaparecieran. “Estamos haciendo prenatales de mujeres que los médicos cerraron oficina y no hay ni una nota de cuándo vienen, de si van a referir, si están entregando expedientes… Hemos tenido muchísimos problemas de lactancia y no hay médicos tampoco para eso, mujeres cambiando de hospital, de proveedor… Si eso es aquí (en la isla grande), imagínate (en las islas municipio) Vieques y Culebra. Se ha hablado hasta de muertes, y se está hablando de muchos prematuros muriendo”, alertó, y recomendó a las autoridades crear protocolos de emergencia para el parto.

Al cierre de esta edición ni el Departamento de Salud ni la organización no gubernamental March of Dimes, cuya misión es velar por el bienestar de los prematuros, pudieron proveer información sobre la mortalidad en la población maternoinfantil tras el paso de María.
En el caso de la familia Malavé Molina la fortuna fue que, además de haber encontrado a la partera esa tarde, contaron con el consejo del veterano pediatra Héctor Santos, tío de Molina, y descubrieron que tenían entre sus vecinos al ginecólogo obstetra Ramón Pérez, quien se ha especializado en asistir partos en hogares. Llegada la fase final del parto no necesitaron carreteras ni celulares, simplemente corrieron hasta la casa del vecino para tocar a su puerta. Mientras los abuelos, los tíos y las primitas observaban ansiosos, Guzmán buscaba posturas y movimientos con los que aliviar los dolores de la parturienta, Pérez y su esposa, que es enfermera, convertían la habitación en una sala de parto y preparaban a papá para que ayudara al niño a nacer con sus propias manos.

“Estuve todo el parto entrando y saliendo al cuarto. Orando… (Al final) estoy viendo la cabeza del nene, se le veía el pelo. Jamás pensé que iba a sacarlo, fue el doctor que me dijo ‘¡sácalo, sácalo!’ y lo agarré y se lo puse en el pecho a Yahaira”, relató el padre sobre la experiencia que a eso de las 4:00 a.m. del 26 de septiembre cambió su vida y la de toda la familia.

Molina, quien asegura que fue muy temerosa desde niña, al punto de creer que su embarazo terminaría inevitablemente en cesárea, pasó el parto activo aterrada, con sus ojos cerrados y gritando por el dolor. Explicó que se percató de que había nacido su niño cuando lo colocaron en su pecho y que en ese momento toda su angustia desapareció. “Esto pasó para enseñarme... Yo no pensaba que tenía la capacidad de aguantar ese dolor. Siempre desconfié de mis capacidades. Raúl Leandro llega al mundo a decirme ‘mira, mamá, eres más fuerte que esto’”.

Y en cuanto a Raúl Leandro, ya parece haber cambiado la historia de su tía Kamir y su nueva prima por nacer, quien, tras lo ocurrido, también tendrá la oportunidad de ser recibida en casa rodeada de familiares. Llegado el momento, el niño sabrá con lujo de detalles la historia de aquella noche huracanada y el país en que nació, pues su tití Jessica, que pudo ser partícipe y testigo de todo, plasmó cada memoria en una carta que le escribió para que la lea cuando sea grande.

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