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Crianza

Educar para la igualdad

Es importante que los niños aprendan sobre el respeto por los demás, independientemente del género

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El respeto hacia los demás, mujer u hombre se debe inculcar desde la niñez. (Shutterstock)
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Las acusaciones de acoso y abuso sexual a reconocidas figuras del ambiente artístico en Estados Unidos se han convertido en casi una epidemia de denuncias diarias. De hecho, desde que se hicieron públicas las querellas  contra el magnate de los medios, Harvey Weinstein, han surgido nuevos alegatos contra otros poderosos hombres en varias industrias. La más reciente, e inesperada para muchos, ocurrió el viernes pasado con el despido del periodista y ancla del programa matutino Today Show, Matt Lauer,  por denuncias de conducta sexual inapropiada en el trabajo.

Una situación que ha causado múltiples reacciones, así como un análisis más a fondo sobre el acoso sexual y sus consecuencias. Desde la revisión de las políticas públicas contra el abuso sexual por parte de las empresas, hasta las historias que recientemente inundaron las redes sociales bajo la etiqueta #MeToo (yo también), con el que muchas  famosas dieron un paso al frente para decir que  habían sido acosadas. 

Una coyuntura que debe servir para volver a mirar la forma en que se están educando a nuestros niños y el ejemplo que se les está dando desde muy temprana edad con el modelaje constante de los adultos.

Ejemplos comunes

“¿Cuántas novias tienes?”. “Debes tener dos o tres niñas suspirando por ti”. “Me imagino que hay muchas  loquitas detrás de ti”… Son solo algunas de las expresiones que todavía se escuchan cuando familiares y amistades  celebran a los varones de la familia según van creciendo.

 Un claro ejemplo de la sociedad machista en la que vivimos que, sin duda,  influye en la educación del ser humano, tanto en niños como en niñas, de una manera muy negativa, opina la doctora Monsita Nazario Lugo, consejera profesional (escolar, familiar y de pareja) del Centro de Calidad de Vida.

 “Los varones son enseñados a imponerse y a las niñas se les enseña a defenderse. Desde pequeños ambos son adoctrinados a unos roles específicos que son solo producto de las reglas sociales y no innatos de la naturaleza humana. Entonces, es cuestionable si a eso se le puede llamar educación partiendo de la premisa de que se educa para progresar y crecer, y el enfoque machista y por consecuencia feminista, no cumple con ninguna de las dos metas. Ni lleva al progreso ni fomenta el crecimiento”, advierte Nazario, mientras enfatiza en que no hay que enseñarlos a imponer ni a defender “hay que enseñarlos a respetar”.

La consejera también resalta la importancia de no “criar hombres y mujeres, sino seres humanos”. Sin embargo, dice que   los padres tienden a establecer reglas diferentes para los hijos y para las hijas. Por ejemplo, menciona que el varón puede llegar a las tres de la madrugada, pero la niña  tiene que estar en la casa mucho más temprano, lo que implica que no se supone que se protejan a los dos por igual.

De forma parecida se expresa la doctora en psicología clínica María del Carmen Rosado, quien dice que aunque estas actitudes han ido cambiando,  muchas  todavía se mantienen.

“Vivimos en una sociedad patriarcal, aunque generalmente quien educa  es la madre que, sin darse cuenta, perpetúa estas reglas del pasado”, acepta Rosado.

Por ejemplo, señala que a veces llegan madres con sus hijos a su consulta y mientras mantiene al varón sentado en su falda, la niña es la encargada de buscarle o recoger algo que ella necesita, aunque sea de menor edad que el varón.

Cambio de actitudes

Un patrón de comportamiento que los varones comienzan a aprender desde muy temprano y que luego replican en la adultez.  Por eso, al igual que Nazario, la psicóloga enfatiza en la importancia de educar para la igualdad “que todos, hombres y mujeres, somos iguales y tenemos las mismas obligaciones y responsabilidades”. Algo que, enfatiza, debe comenzar desde temprana edad.

“El respeto hacia los demás, mujer u hombre se debe inculcar desde la niñez; hay que enseñarles (a los niños en general) que no es necesario tener armas o ser más fuerte para ser respetado”, recomienda Rosado,  mientras resalta la conducta sexualizada y agresiva de muchos niños.

 “Hay una serie de modelaje y estereotipos que siguen. La niñez ha sido invadida de juegos electrónicos súper agresivos y las novelas de televisión se han convertido en los cuidadores de los niños”, advierte la psicóloga.

  La doctora Nazario también pone el ejemplo de expresiones como: “Allá tú que tienes hijas mujeres, porque los míos son machos”, para describir cómo las mismas féminas contribuimos al machismo en la sociedad “y luego quieren que sus hijas adopten una postura feminista frente al que se convierta en su esposo, una gran contradicción”, analiza la consejera, mientras resalta  que se utiliza vocabulario  y conceptos erróneos.

“Por  ejemplo, si el hijo varón llora, muchos padres utilizan la frase de ‘pareces una nena’ o ‘los hombres no lloran’. Pero tanto hombres como mujeres tienen la misma necesidad de recibir y dar afecto tanto emocional como físico. Ambos necesitan expresar sus emociones y manejarlas efectivamente”, recomienda la doctora Nazario.

Otro error común, agrega la consejera, es enseñarles a asociar el ser hombre con ser rudo y agresivo y el ser mujer con ser débil y sentimental.

“Todo esto es parte de lo que nuestros abuelos enseñaban. Sin embargo, en medio de un siglo donde se lee tanto y se tienen a la mano tantas investigaciones que demuestran que la esencia de un ser humano no tiene que ver con su género, es recomendable que los padres se apliquen el refrán ‘el que se atreve a enseñar nunca debe dejar de aprender’”, recomienda Nazario, tras enfatizar que los padres son los primeros maestros de sus hijos.

Por eso les aconseja que evalúen y se den “la oportunidad de analizar cuánto daño hacen estas culturas machistas y feministas a la calidad de vida del ser humano” antes de influenciar la educación que han de impartirle a sus hijos. Además recomienda que  se fijen límites, tanto al varón como a la niña “buscando que tengan valores, estructura y discernimiento para tomar decisiones sabias a lo largo de sus vidas”. 

Un mundo para todos

Es lo que la sociedad actual debe crear, opina la consejera Monsita Nazario, quien aclara que no hay un mundo de hombres y otro de mujeres. Por eso le recomienda a la familia enfocarse en criar con valores. Por ejemplo:

-Promover el autoconcepto y la autoestima saludable.

-Enseñar técnicas de autocontrol y resiliencia.

-Promover la importancia del respeto, la responsabilidad y el compromiso. “Si miramos con detenimiento a los protagonistas de todos esos casos de abuso y acoso sexual que salen a la luz pública seguramente podremos encontrar como denominador común la ausencia de una educación basada en los puntos mencionados, pero si plagada del enfoque machista y por consecuencia feminista que también mencionamos anteriormente”, aclara la consejera.

-Los padres deben comenzar por dar el ejemplo. Recordar que se enseña más por modelaje que por prédica. De nada vale lo que se dice y se repite hasta el cansancio si las acciones que se ven van por otro camino.

-Ayudar a los hijos a expresar sus emociones, a procesarlas y a manejarlas correctamente. “Si te evalúas y entiendes que  no te lo enseñaron y no sabes cómo hacerlo, debes ser  valiente y buscar ayuda profesional para aprender y poder enseñarles con  seguridad. Nunca es tarde para cambiar", recomienda Nazario.

-Reflexiona con tu hijo sobre la conducta y sus consecuencias. Tomarse el tiempo para analizar es la mejor forma de aceptar responsabilidad sobre nuestros actos y tomar control para mejorar a tiempo.

-En la escuela, en la familia y en todas partes es indispensable que se fomente el respeto por cada ser humano independientemente de su género y no la competencia o la rivalidad. La escuela contribuye a través de su currículo a fomentar ese respeto, pero la familia sigue siendo el eje principal. Si la escuela lo trabaja, pero en el hogar el modelaje es contrario, se hace muy difícil lograr un aprendizaje significativo y real.

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