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Testimonio

Emotivo relato del duelo de una madre que perdió su bebé días antes de nacer

Para una vida corta, el amor eterno

  • Por Rita Iris Pérez
  • 11 AGO. 2017
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El regreso a una casa llena de recuerdos de su bebé no ayudaban en el proceso de duelo. (Shutterstock).
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Al tercer día de estar hospitalizada por complicaciones de salud durante las semanas 35, 36 y 37 del embarazo de su tercer hijo, Marla Méndez Silvagnoli comenzó su proceso de parto, tras saber que su bebé había fallecido en su vientre. A continuación, el relato del momento en que nace su hijo Christopher y el devastador dolor que esa experiencia le provocó.

"Todo el tiempo que estuvimos en la sala de partos fue muy difícil y agridulce. No era lo que habíamos planificado, llegaría nuestro hijo al mundo, pero ya no estaba con nosotros. Parte de mí quería que terminara el proceso, me atormentaba pensar que tenía adentro a mí un bebé muerto. Por otro lado, estaba el dolor emocional de saber que una vez naciera iba a ser en lugar de una bienvenida, una despedida.

El proceso fue lento, luego de varias horas sin progreso al llegar a 5 cm, el doctor nos dio la opción de utilizar medicamentos para que dilatara un poco más y, posteriormente, también me dio la opción de romper fuente. Luego de estos procedimientos, el dolor físico aumentó, pero era poco, comparado con el que sentía en mi interior al saber que cuando acabara el proceso, nos tocaría despedirnos de Christopher. El doctor me ofreció medicamentos para soportar los dolores y, contrario a lo que hice en un parto anterior, acepté la oferta. Quería calmar el dolor, me sentía muy cansada, ya no podía soportarlo más.

No sé cuánto tiempo pasó. En un momento me quedé dormida en medio de todo ese dolor. Desperté cuando el médico nos indicó que ya estaba completamente dilatada. En ese momento, sentí un dolor muy grande en mi alma y en mi cuerpo. Se acercaba el momento en que nos íbamos a separar físicamente para siempre. Traté de pujar y sentía que no podía, lo que me salió fue un grito. Grité con todas mis fuerzas, el dolor emocional era muy grande, ya no lo podía soportar. Pujé fuerte. Sentí que se acercaba la cabecita ya. Lloré; pujé y, con un grito, sentí que salió la cabecita y luego el resto de mi bebé. Salió y la sala de partos se quedó en silencio, no hubo un llanto de bebé.

En cuanto sentí que nació, el efecto del medicamento del dolor se me fue. Ya no me sentía adormecida e instintivamente alcé la vista para buscar a mi bebé. Lo habían envuelto en una mantita, puesto en una cunita y lo alejaron un poco. Me preguntaron si quería verlo y asentí sin pensarlo dos veces. Escuché los sollozos de mi esposo, cuando me pusieron al lado la cunita con el cuerpecito de nuestro bebé. Estiré mi mano, le acaricié su cabecita, me preguntaron si lo quería cargar. Asentí nuevamente, la enfermera lo puso en mi pecho y, contrario a lo que pensé, no me eché a llorar. Miré su carita, era tan hermosa, le acaricié el pelito y la mejilla.

Estaba tan tranquila, sentí tanta paz, mi esposo me preguntó si quería que tomara fotos y nuevamente asentí, tranquila. Luego, el doctor nos preguntó si queríamos bautizarlo a lo que ambos respondimos que sí. Ofrecieron hacerlo ellos, pero le dije a mi esposo que llamara a mi hermano mayor que entró para hacer el rito. Luego de esto me quedé tranquila y me dormí’’. 

Demás está contar que el regreso a una casa llena de recuerdos de su bebé, el sepelio y entierro de su amado Christopher no ayudaban en el proceso de duelo. Sin embargo, conversar con otras personas que habían pasado por su experiencia y entender que las mismas vivian en el silencio provocó en Marla el deseo de comenzar a gestionar la Ley 148 para proveer espacios en hospitales y de salud a los padres que pasan por esta experiencia en un ambiente de empatía

Testimonio de Marla Méndez Silvagnoli, en vistas públicas en la legislatura apoyando la aprobación del proyecto legislativo que luego se convirtió en la Ley 148 para el establecimiento de protocolos para el manejo de la pérdida perinatal y neonatal en instituciones hospitalarias y de salud (diciembre de 2015)

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