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Desarrollo integral

El valor de establecer límites y expectativas en los niños y jóvenes

Si queremos que crezcan de forma saludable, debemos establecer límites adecuados, fomentando conductas responsables desde que son pequeños

  • Por Mariveliz Cabán Montalvo, PhD/ Especial para Por Dentro
  • 06 AGO. 2017 - 07:00 AM
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Necesitamos fomentar en nuestra niñez y juventud un sentido de responsabilidad, compromiso, colaboración, empatía, solidaridad y amor por su prójimo. (Shutterstock)
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Una tarea fundamental de todo ser humano es reconocer sus posibilidades y limitaciones. Como personas, tenemos el potencial de crecer, alcanzar metas trazadas y lograr el éxito. No obstante, ese potencial viene acompañado de límites o demarcaciones que hacen posible vivir con otros en armonía en sociedad. Como diría un adagio popular: “tus derechos terminan cuando comienzan los derechos de la otra persona”.

Según el Instituto Search (2010), en su propuesta sobre los elementos para un desarrollo saludable de la niñez y juventud, los límites y las expectativas remiten a varios asuntos para posibilitar el pleno crecimiento. Los límites parentales, vecinales y escolares sirven de marco de referencia necesario para el crecimiento en la niñez. Las normas de comportamiento y de convivencia son fundamentales para que el niño o la niña pueda desarrollarse como ser integral, relacionándose de forma adecuada con sus padres o cuidadores, con sus maestros y compañeros, así como el resto de las personas que participan en su vida diaria, ya sea en la familia, escuela, comunidad, u otro.

Esto nos lleva a reflexionar sobre el rol de madres, padres o cuidadores en la crianza de los hijos e hijas, un reto de creciente complejidad en tiempos actuales. Vivimos en una sociedad mediada por la tecnología y franqueada por los medios. Las imágenes y mensajes que se transmiten modelan ideales, roles y expectativas que reciben, consumen y, en muchas ocasiones, reproducen la niñez y juventud. Ejemplo de esto es la representación de niñas y niños casi, exclusivamente, como princesas o príncipes. Habría que reflexionar sobre qué valores y conductas se representan con ese rol, ya que pudiese —inadvertidamente— fomentarse un sentido de superioridad, arrogancia y prepotencia. Sin lugar a dudas, la niñez es valiosa y un regalo especial, no obstante, es necesario fomentar un sentido de responsabilidad, donde el niño o niña entienda que es parte de una comunidad, que debe cumplir con sus tareas y responsabilidades, según su capacidad y etapa de desarrollo, respetando a los demás.

El modelaje del comportamiento de padres, madres o cuidadores es un aspecto importante para establecer límites y expectativas. Las acciones de los adultos pueden influenciar más que las palabras. Por ejemplo, mamá y papá (o cuidador) pueden llevar el mensaje a sus niños de que es importante cuidar la naturaleza. Para que sea efectivo, el mensaje debe ir acompañado de acciones que refuercen el mismo, por ejemplo, reciclar en el hogar, alimentar las mascotas, cuidar las plantas. Si las acciones son opuestas al mensaje, por ejemplo, se tira basura en la calle o la playa, sus niños podrían tener dificultad en aprender a valorar la naturaleza.

Si queremos que nuestros niños, niñas y jóvenes crezcan de forma saludable, debemos establecer límites adecuados, fomentando conductas responsables desde que son pequeños. Se deben comunicar expectativas claras y razonables de lo que se espera, a tono con su edad y etapa de desarrollo. Se debe fomentar un sentido de logro, pero acompañado de sensibilidad. Se debe fortalecer la confianza en sí mismo, pero acompañado de un sentido de empatía hacia otros. El mensaje de “tienes que hacer la tarea”, debe ir acompañado de un “sé que puedes lograrlo”, o “estoy aquí para apoyarte”.

Ciertamente, queremos lo mejor para nuestros niños y niñas. Sin embargo, debemos reflexionar sobre “qué es lo mejor”. Nuestra sociedad no necesita princesas y príncipes. Necesitamos fomentar en nuestra niñez y juventud un sentido de responsabilidad, compromiso, colaboración, empatía, solidaridad y amor por su prójimo. Esto es parte de un verdadero desarrollo integral del ser humano y contribuirá a sentar las bases para que tengan un desarrollo saludable.

La autora es miembro de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

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