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Cómo escoger un centro de cuidado para tu viejito

Las dudas y el sentimiento de culpa son inevitables al momento de llevar a un ser querido a un hogar de ancianos

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Antes de considerar una institución para un progenitor o ser querido, el familiar a cargo debe iniciar un registro de signos o conductas “raras” o señales que le llamen la atención. (Foto: Shutterstock)
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El envejecimiento de la población es una realidad mundial de la que Puerto Rico no está exento. Situación que, además, tiene muchas y variadas implicaciones para la sociedad y, sobre todo, para la calidad de vida de los viejos y sus familiares. De hecho, muchas de las preocupaciones que agobian a muchas familias se relacionan con los ajustes y decisiones que se tienen que hacer cuando un ser querido ya no puede valerse por sí mismo.

Es cuando también surgen interrogantes, dudas, angustia y grandes dosis de estrés. Sobre todo, cuando a la familia no le queda más remedio que llevar a un ser querido a una institución de cuidado extendido, situación que crea bastante ansiedad y sentimientos de culpa entre los familiares, aun cuando hay razones de peso que precipitan esa decisión.

Una de ellas es cuando el anciano tiene una incapacidad física o mental que ya no le permite cuidarse a sí mismo, y los hijos o las personas que los pueden cuidar no tienen el tiempo necesario para ayudarlo en todo lo que requiere. 

Precisamente, tomar la decisión de dejar a su madre en uno de estos hogares no fue fácil para Mario, el mayor de tres hermanos y el único que vive en Puerto Rico, quien está a cargo de su cuidado. Según cuenta, ella vivía sola en un apartamento cerca del suyo, lo que le permitía visitarla diariamente. Pero, al cumplir 88 años, fue diagnosticada con demencia senil y el panorama fue empeorando. Por ejemplo, a veces salía de su apartamento y después no recordaba cómo regresar, olvidaba comer, dejaba hornillas prendidas y los riesgos para su seguridad comenzaron a aumentar.

“Vivir con ella no lo resolvía porque por mi trabajo tengo que viajar mucho o estar todo el día fuera. Le busqué a una persona para que estuviera con ella, pero un día la despidió y dijo que no la necesitaba”, sostiene Mario, quien confiesa que fue cuando comenzó a pensar en la necesidad de buscar un hogar donde la pudieran cuidar bien.

“Escogí uno que sabía que a ella le iba a gustar, sobre todo, porque está administrado por una orden religiosa, tiene una capilla y ella -que es muy devota-, puede ir a misa en el mismo edificio”, agrega.

Aun así, es una medida que puede ser traumática, advierte la psicóloga industrial y gerontóloga Ada M. Padró González, quien resalta que por moral y requerimientos legales los hijos tienen que asumir la responsabilidad de cuidar y velar por el bienestar de sus padres.

“Tomar la decisión no es fácil. El sentido de culpa y la sensación del nido vacío podría escalar niveles significativos”, advierte Padró, quien dirige la organización de cuidado asistido a domicilio y hospitales Servicio de Cuido & Psico-Gerontología, Inc.

Es también una situación difícil porque, entre otras  razones,   se le priva de su rutina y su ambiente conocido por años, agrega la doctora en consejería profesional de pareja y  familia Monsita Nazario Lugo, directora del Centro de Calidad de Vida y Consejería Profesional, en Santurce. 

“Se reduce su privacidad y se aísla en cierta manera de la familia, ya que las visitas en muchos de los hogares están limitadas a unos horarios específicos. En muchos casos, explicarle a un familiar querido las razones por las cuales se debe tomar la decisión es emocionalmente drenante”, comparte la consejera, y añade que   buscar la forma de que no lo interpreten como que ahora es un estorbo o que ya no los quieren, es un reto.

“Es por eso que es tan importante llevar a cabo un proceso consciente para que por encima de todo, esté la satisfacción de haber tomado la decisión correcta”, recomienda Nazario.

Qué hacer

Mucho antes de considerar una institución para un progenitor o ser querido, Padró recomienda que el familiar a cargo inicie  un registro de signos  o conductas “raras” o señales que le llamen la atención.

“Este log le permitirá precisar, con la ayuda del personal médico, el alcance y los riesgos de la problemática, para que el médico emita el diagnóstico apropiado. De esta forma, podrá parear el tipo de 'hogar'  idóneo para su familiar”, recomienda la geróntologa.

Pero hace la salvedad de que hay hogares más especializados que otros. Por ejemplo, los que están dedicados exclusivamente para pacientes de alzhéimer, donde tanto el personal como las instalaciones están sometidos a requerimientos legales y médicos diferentes.

En este sentido, Nazario también recomienda que se determine, sin lugar a dudas, si por sus trabajos y responsabilidades, ningún familiar puede hacer un plan con horarios para que le hagan compañía y ayuden a cubrir sus necesidades, que no puedan costear o no encuentren un ama de llaves de confianza que pueda asistirlos mientras los miembros de la familia trabajan.

“En la medida que sea posible se debe tomar en cuenta la opinión del paciente. Hay ocasiones en que la única solución es moverlos a un hogar, pero siempre es saludable hablarlo y negociar algo justo para ambas partes”, aconseja Nazario, quien enfatiza que nunca  debería ser una opción llevarlos a un hogar y visitarlos solo cuando haya tiempo.

“Debe hacerse una agenda para que constantemente alguien de la familia llegue, comparta y le dedique tiempo. Por lo tanto, antes de tomar la decisión debería llevarse a cabo una reunión familiar para evaluar cómo se organizarán y qué le corresponde a cada uno. De ser necesario deben, como familia, buscar consejería profesional para manejar el proceso de una manera menos difícil”, aconseja.

En esto coincide Padró, quien destaca que en la medida que sea posible, siempre se involucre al progenitor o familiar en todo el proceso desde el paso A hasta el paso Z.

“Al menos, manténgalo informado de cada paso y el progreso de cada gestión. Conviértase en un vendedor de los beneficios que ganará en su nuevo 'ambiente' y comience un proceso paulatino de adaptación”, advierte la psicóloga industrial y destaca que ingresarlo a “una institución de sopetón puede ser traumático”.

Por ejemplo, si es posible, la gerontóloga sugiere que lo lleves de visita corta un día (una hora) y te mantengas allí con él o ella. En otro momento, puedes dejarlo de dos a cuatro horas solo, exigiendo al personal que le brinde atención especial. Y así sucesivamente. Sin embargo, no todos los hogares lo permiten.

Todo este acercamiento es muy importante, pues mientras más positivo sea el mismo, menos resistencia, culpa y/o sentido de pérdida se generará en todas las partes involucradas en el proceso, señala Nazario. Por eso, la consejera apunta que sería recomendable  sentarse con el ser querido y con el resto de la familia y establecer las ventajas y desventajas de moverse a un hogar de ancianos.

“Escuchar y dar validez a los sentimientos del familiar y buscar establecer un plan de acción que sea justo para ambas partes: los familiares y el ser querido. Importante cumplir con lo establecido. Nunca hacer compromisos  irreales solo porque se oyen bonitos y ayudan a salir del paso en el momento. Buscar ayuda profesional es una excelente opción pues no siempre podemos manejar solos situaciones donde nuestras emociones están comprometidas”, concluye Nazario.

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