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¿Moderado o intenso?

Ejercicio físico: un fármaco amigo para las enfermedades crónicas

¿Qué ocurre con el ejercicio si se trata de personas con alguna enfermedad grave o crónica, como una afección cardiovascular o esclerosis múltiple?

  • Por La Prensa Gráfica / GDA
  • 08 OCT. 2018 - 10:38 AM
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En cuanto al tipo de ejercicios, las investigaciones destacan que lo mejor es una combinación de ejercicios aeróbicos con ejercicios de fuerza. (Shutterstock)
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¿Qué ocurre con el ejercicio si se trata de personas con alguna enfermedad grave o crónica, como una afección cardiovascular o esclerosis múltiple?

Pues, a decir de los expertos, el entrenamiento físico también se está revelando cada vez más como un potente fármaco, aunque el estado de los pacientes pudiera parecer, a priori, totalmente incompatible con cualquier ejercicio que requiera un mínimo esfuerzo.

Una vez aceptada esta tesis, la cuestión reside en acertar con las dosis adecuadas, principalmente en tiempo e intensidad.

Así lo han explicado los profesores José Manuel Sarabia y David Barbado, del Centro de Investigación del Deporte de la Universidad Miguel Hernández de Elche, en el curso de verano de El Escorial "Deporte y salud, deporte e igualdad", de la Universidad Complutense de Madrid.

En relación con las patologías cardiovasculares hay mayores evidencias científicas sobre la bondad de los ejercicios físicos para la rehabilitación de estos pacientes.

Ejercicio físico tras un infarto

Organizaciones internacionales, como la Sociedad Americana de Rehabilitación Cardiovascular y Pulmonar, fijan en tres fases los ejercicios físicos que deben hacer aquellos que han sufrido un infarto o un episodio grave cardiovascular.

La fase I, que coincidiría con la estancia del paciente en el hospital, habitualmente de seis a 14 días; los ejercicios físicos recomendados se realizan con movimientos amplios de los miembros, ejercicios en la cama, sentarse y levantarse de forma intermitente y caminatas

En la fase II y durante el período de convalecencia, es decir, tras el alta hospitalaria, pero todavía de baja laboral (entre ocho y 12 semanas), la actividad física se prescribe después de determinar el perfil de riesgo y los resultados del test ergométrico.

En la fase III se llevaría a cabo un programa supervisado de desarrollo y mantenimiento, de cuatro a seis meses, combinando ejercicios de fuerza con aeróbicos.

La primera fase, apunta Sarabia, es primordial que comience cuanto antes, "aunque en el pasado se recomendaba que el paciente permaneciera en cama casi sin moverse hasta estabilizarse, ahora se prescribe todo lo contrario".

"Y en las primeras 24 horas ya pasean por el pasillo con el gotero, aunque les haya dado un infarto el día antes y les hayan puesto un muelle", dice, a la vez que añade que "esto es muy importante porque si los dejas cinco días tumbados en la cama, lo que hacen es empeorar esa condición física, que seguramente era bastante mala al llegar".

En la segunda fase se busca que el paciente vaya al hospital a realizar ejercicio físico bajo supervisión, y la tercera fase, debe ser para toda la vida, porque "en el momento en el que deje de hacer ejercicio, todo lo ganado en las fases anteriores se pierde".

"Empezarán de nuevo los problemas de colesterol y se volverá a la misma situación de riesgo".

Lo mejor es saber cuál es la cantidad de ejercicio físico que debe hacer cada paciente para estimular esas mejoras. Cuál debe ser el volumen, la intensidad y la frecuencia.

En cuanto al tipo de ejercicios, las investigaciones destacan que lo mejor es una combinación de ejercicios aeróbicos con ejercicios de fuerza.

¿Moderado o intenso?

"Hay guías que recomiendan 30 minutos de ejercicio moderado durante cinco días a la semana, o tres con ejercicios de intensidad vigorosa".

"La intensidad es un problema serio, porque es lo que más miedo da, meter mucha intensidad con paciente infartado, y el riesgo de primeras parece ser mayor, pero estudios recientes dan más importancia a ejercicios más intensos porque ayudan más a mejorar la funcionalidad del paciente".

Parece que la alta intensidad aeróbica estimula ciertos parámetros y provoca un aumento de las mitocondrias en el músculo.

Las mitocondrias son los orgánulos responsables de generar la energía de las células y también están involucradas en el control de su ciclo y su crecimiento y envejecimiento.

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