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Ejercicios

El ejercicio como medicina

Un consorcio investigativo, en conjunto con los Institutos Nacionales de la Salud, realiza un programa de investigación sobre los efectos moleculares de la actividad física y sus implicaciones en el cuidado holístico e individualizado de la salud.

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Los beneficios de los ejercicios han sido ampliamente probados, ahora investigarán cómo afectan al cuerpo molecularmente y promueven el bienestar.
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En materia de investigación científica, el año 2017 marca el inicio de uno de los programas más abarcadores en los Estados Unidos. Y es que los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) han destinado $ 170 millones de su Fondo Común para un estudio pionero sobre los efectos moleculares de la actividad física en los seres humanos.
El programa, denominado “Molecular Transducers of Physical Activity in Humans”, tendrá una duración de seis años con el fin de recopilar datos sobre los efectos del ejercicio a nivel molecular en las personas. A través de un consorcio denominado MoTrPAC (“Molecular Transducers of Physical Activity Consortium”), compuesto por centros de investigación clínica, centros de estudios preclínicos en animales, centros de análisis químicos, centro de bioinformática y un centro coordinador del consorcio, tiene como objetivo principal crear un mapa de todas las señales moleculares que se dan mientras se hace ejercicio, explicó el doctor Francis S. Collins, director de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés), para eventualmente lograr prescribir el ejercicio de manera individualizada para prevenir condiciones de salud o como tratamiento.

Larga historia

“Durante los últimos 50 años se ha llevado a cabo mucha investigación sobre los efectos del ejercicio en el cuerpo humano y los beneficios que tienen los diferentes tipos de ejercicios para la salud de las personas”, dijo el doctor Walter Frontera Roura, profesor de Medicina Física y Rehabilitación, y Fisiología del Ejercicio en la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, al explicar que diferentes estudios han establecido que el ejercicio es una intervención terapéutica preventiva en condiciones de salud crónicas, como la hipertensión, el cáncer y la diabetes, y que también es seguro y efectivo en el tratamiento y la rehabilitación para las personas con estas y otras enfermedades. 
Sin embargo, “no sabemos exactamente cómo funciona, por lo que este estudio busca determinar sus efectos a nivel molecular”, abundó el también presidente de la Sociedad Interamericana de Medicina Física y Rehabilitación, quien añadió que el estudio de seis años investigará los efectos del ejercicio a nivel genético e identificará si la actividad física tiene algún impacto en las células y los tejidos, y cuál es ese impacto, además de identificar posibles biomarcadores que arrojen luz sobre los efectos beneficiosos de la actividad física y si una intervención particular está funcionando para una persona o no. 
“Por decirlo así, sabemos que diferentes partes de nuestro cuerpo hablan entre sí, mientras nos ejercitamos, pero no sabemos cuál es su lenguaje”, sostuvo el doctor Collins.

Una propuesta ambiciosa

Este es el momento perfecto para realizar un estudio de esta envergadura, toda vez que existe la tecnología de lanza para realizar la tarea. El estudio contará con cerca de 3,000 sujetos de diferentes edades (desde niños hasta ancianos), niveles de actividad física, razas y etnias, que estarán igualmente distribuidos entre hombres y mujeres. Mientras dure este programa, los voluntarios activos y sedentarios realizarán ejercicios aeróbicos y de resistencia. Muestras de sangre, orina y otros tejidos se colectarán antes y después de las actividades. Estas muestras serán extensamente analizadas utilizando tecnología avanzada que permitirá identificar rápidamente las diversas moléculas biológicas de las muestras recopiladas. Este análisis permitirá caracterizar las moléculas que cambian con el ejercicio y que puedan mediar en los efectos de la actividad física. Estos estudios se complementarán con estudios de actividad física en animales que proveerán información adicional sobre la función de los transductores moleculares de la actividad física. En este caso, se obtendrán muestras críticas de los tejidos que se afectan con el ejercicio, pero que no pueden ser fácilmente estudiados en humanos, como: pulmón, hígado, cerebro y corazón, así como ofrecer datos sobre los efectos del ejercicio en un rango mayor de tiempo.
Adicionalmente, se evaluarán a algunos de los voluntarios inactivos, quienes se someterán a un período específico de actividad física y a quienes se les medirá, antes y después del ejercicio, variables como: capacidad pulmonar, tolerancia de la glucosa, pulso cardíaco, índice de masa corporal, promedio metabólico basal, masa de grasa, habilidad cognitiva y bienestar emocional. También se colectarán y analizarán muestras de tejidos de estos participantes. Esta parte del estudio busca determinar qué moléculas biológicas se correlacionan con un mejoramiento del acondicionamiento físico como resultado de la actividad física repetida.
Todos estos datos se combinarán para identificar los cambios moleculares que surgen debido al ejercicio, sus efectos y qué tejidos son afectados por moléculas específicas. A un nivel macro, ayudarán a crear un mapa molecular de las respuestas físicas del ejercicio que estará disponible para la comunidad científica.
“Este mapa ayudará a cualquier persona, en cualquier parte del mundo, que quiera hacer investigación en este tema. Compartir esta información es uno de los principios fundamentales de la ciencia y la investigación”, adujo el doctor Frontera Roura.
Este es un acercamiento novel al tema, pues, aunque sabemos que el ejercicio es bueno no sabemos por qué ni cómo funciona o cuáles son las señales moleculares que resultan del ejercicio en el cuerpo para tener un mejor resultado de este tipo de intervención.
“Si podemos identificar cuál es la base molecular de ese beneficio, estaremos en una mejor disposición de hacer recomendaciones más específicas de manera que cuando se reciba una prescripción de un programa de ejercicios se entienda realmente cómo trabaja”, explicó el doctor Collins. 
De esta forma, el doctor Frontera Roura resaltó, finalmente, que esta estrategia haría posible personalizar o individualizar el ejercicio, teniendo un conocimiento más claro de cómo afecta el cuerpo humano, en lugar de ofrecer recomendaciones genéricas. ​

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