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Disciplina y preseverancia

5 factores que debes tomar en cuenta si quieres dejar los refrescos

Conoce cómo eliminar este hábito

  • Por GDA/ La Nación/ Argentina
  • 06 JUL. 2017 - 5:40 PM
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Es importante reconocer que si tomas mucho refresco, no pienses que vas a poder cortar de cuajo con el hábito. (Shutterstock)
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La mala fama de los refrescos por sus consecuencias para la salud no es un secreto. Gran parte de los especialistas en alimentación asocian estas bebidas con la obesidad o diabetes y aunque existen las líneas dietéticas, un estudio del 2014 sobre salud pública dice que los refrescos no ayudan a las personas a ingerir menos calorías y mucho menos a bajar de peso.

La mala prensa se sigue sumando. Nuevas investigaciones asocian a estas bebidas con un aumento en el deterioro cerebral. Un estudio de 10 años de una asociación que investiga las causas de los paros cardíacos encontró que las personas que tomaban refrescos endulzados artificialmente, como los dietéticos, tenían más predisposición a sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes e incluso demencia que las que sólo tomaban refrescos azucarados. Sin embargo, aunque tengamos toda esta información disponible, dejar los refrescos puede ser más difícil de lo que uno cree.

Pero, ¿cómo eliminar el hábito de una vez por todas?

- Fíjate un objetivo. Como todas las costumbres que quieras dejar de tener, levántate todas las mañanas pensando que hoy no lo vas a hacer. Si haces listas, anótalo. Ponlo en un post-it en el monitor del trabajo. Cuéntale a tus compañeros de trabajo y a tus amigos que tienes ganas de dejar de hacerlo para que te paren antes de que tomes refresco. Cuando no puedas ser tu propia policía, que otros lo sean por ti.

- Importantísimo: si tomas mucha gaseosa, no pienses que vas a poder cortar de cuajo con el hábito. Empieza poco a poco. Si consumes con cada comida, empieza a reducir el consumo. Al menos en una de las comidas, empieza a tomar agua u otra alternativa. Hazte una recompensa cuando lo logres y cuando no, sigue intentando. Cuando te propones objetivos más cortos, el mayor de todos no parece tan lejano y difícil.

- Cambia tus ganas de tomar gaseosa por un hábito más sano. Si sabes que tomas refresco solo con las comidas, cambia de bebida. Si te gusta tomar un trago como postre o a la hora de la merienda, reemplázalo con un snack y con otra bebida. Se sabe que las gaseosas son adictivas y lo que te gusta no es la bebida en sí, si no el azúcar y la cafeína que aumentan tu energía. Consume estas cosas de otra manera.

- Entrena tu cerebro para que no quiera refrescos. Lo mejor de este órgano es que con cada actitud y decisión que tomas, el cerebro se va moldeando y va creando respuestas automáticas a diferentes estímulos. Por ejemplo, si lo único que quieres es hacerle un fondo blanco a un vaso helado de gaseosa, cuando elige hacer otra cosa, debilitas la conexión de tu cerebro que sigue pidiéndote más. Esto también funciona al revés: cada vez que cedes al hábito, aumentas la adicción.

- Mientras estás dejando el hábito, vas a tener que ceder a otras alternativas. Lo mejor en todos los casos es tomar agua, pero si lo que te gusta son las burbujas, puedes tratar con soda. Otras alternativas para añadirle sabor a las bebidas son las infusiones con limón, frutas o hierbas. Cortas los trozos o las hojas y los metes en la botella que uses siempre llenando de agua hasta el tope.

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