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Mindfulness

Revolución mental de momento presente

En Puerto Rico, esta práctica lleva varios años, aunque en un contexto más académico y científico ha tomado la misma fuerza en la isla que en otras partes del mundo

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El “mindfulness” es una forma de vivir que te permite ver claramente el milagro y la maravilla del presente. (Shutterstock)
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Aunque no existe un consenso sobre la definición de mindfulness, la realidad es que esta práctica, enraizada en la tradición budista, ha comenzado a tener una mayor presencia aquí en la isla y, como señala José Díaz de Villegas, profesor y practicante del mindfulness, y coach certificado CVACC, mindfulness significa muchas cosas, dependiendo del contexto.

“Por un lado, es prestar atención consciente a lo que ocurre en cada momento. También es la capacidad de darte cuenta de lo que sucede en tu mente, sin dejarte llevar arrastrado por ello”, detalla el también monje budista ordenado en el linaje rinzai del zen, quien añade que el mindfulness ayuda a ver las cosas más claramente, a tomar mejores decisiones y a vivir con más tranquilidad. “También te ayuda a disfrutar más de los momentos agradables porque no pasan inadvertidos”, añade.

Por su parte, el doctor Mauricio Conejo, neurocientífico y director del Instituto de Neurociencia Cognitiva, señala que aunque los investigadores no están de acuerdo con “la definición precisa del constructo mindfulness, sí se han definido dos elementos importantes que le caracterizan y que se pueden resumir en la observación del momento presente y en no pasar juicio sobre la experiencia”.

“El primero implica dirigir la atención a lo más inmediato, al presente, al aquí y ahora; y el segundo es ser objetivo con lo que está ocurriendo externa e internamente de momento en momento, sin emitir juicio o valoración positiva/negativa sobre la experiencia”, agrega el doctor Conejo.

Por su parte, para la doctora Sonia Cepeda, psicóloga y catedrática asociada de la Universidad Carlos Albizu, una de las definiciones más completas y utilizadas es la desarrollada por Jon Kabat-Zinn, el teórico a quien se le adjudica integrar el mindfulness a las prácticas terapéuticas en Occidente, y lo define como la conciencia que surge de prestar atención de forma intencional en el momento presente, sin juzgar, sin reaccionar y sin evaluar las experiencias.

“Él establece que el mindfulness es una habilidad que puede ser aprendida, pero es un proceso en el que, al vivir en el día a día, en el multitasking, esa habilidad de desarrollar conciencia no está y tenemos que volver a desarrollarla”, explica la doctora Cepeda, quien también es investigadora y practicante del mindfulness, así como hipnoterapeuta y terapeuta del reiki.

“La idea es que en todo momento estemos más conscientes de lo que sentimos y pensamos, que nos demos cuenta de lo que hacemos y del efecto de nuestras acciones en nosotros y en los demás”, recalca el doctor Conejo, quien comenta que “entrenar la mente para atender el presente es cada vez más imperante en una sociedad donde nuestra atención está constantemente dividida”.

La raíz del sufrimiento y el “mindfulness” como estrategia

Según explica la doctora Cepeda, “el sufrimiento existe porque se está pensando en el pasado, que ya pasó y no se puede hacer nada sobre él; o en el futuro, que todavía no ha llegado y puede ser incierto. Entonces, la persona se pierde en ese proceso de estar en lo que está pasando en el ahora”, expone la catedrática sobre cómo suele perderse la esencia de lo que es el momento presente, elemento importante para orientarnos a resolver asuntos del pasado o para enfrentar el futuro. Es en este aspecto donde el mindfulness entra en acción.

“Mindfulness es parte de las destrezas que cultivamos cuando aprendemos meditación y la integramos a nuestra vida diaria. Estas destrezas son la concentración, el mindfulness o atención plena y la compasión. La concentración es la capacidad de la mente de quedarse en un sitio y tiende también a desarrollar la calma. La atención plena es la facultad de darnos cuenta de lo que ocurre mientras ocurre y la compasión es cuando sentimos el sufrimiento ajeno o propio y queremos aliviarlo”, destaca Díaz de Villegas sobre la práctica que, según explica, nos ayuda a ver las cosas más claramente, a tomar mejores decisiones y a vivir con más tranquilidad.

“Una vez se adentran en la práctica, las personas descubren que el mindfulness no persigue ningún objetivo, que se practica con la intención de conocernos a nosotros mismos de forma profunda. Se trata de ver cómo funciona el proceso del pensamiento y cómo somos presas de una mente que anda de rama en rama”, añade el doctor Conejo, quien expone que, al conocer este proceso, “podemos liberarnos de esa atadura que nos hace vivir en la nostalgia del pasado y la expectativa del futuro”. Por lo tanto, a través del mindfulness podemos ver con claridad el momento presente, dice.

Una práctica que no juzga

“Con la práctica del mindfulness, se parte de la premisa de que no hay nada bueno ni nada malo… las cosas son. Por ello, no se juzga la experiencia”, detalla la doctora Cepeda, al argumentar que esto no significa que el mindfulness es no hacer nada ante las situaciones.

“Ese es un error muy común. Pero, lo que estamos diciendo es que, en el momento presente, tú no vas a juzgar inmediatamente ni a reaccionar impulsivamente, lo que no quiere decir que no tengas un plan de acción”, destaca la terapeuta de la conducta, al explicar que el mindfulness no equivale a un momento de inercia total.

Sin embargo, aún con los beneficios comprobados de esta práctica, no es una panacea para resolver todos los asuntos y problemas ni para obtener salud, bienestar y tranquilidad de golpe y porrazo.

“El mindfulness, más que una técnica o una herramienta, es una forma de vivir atento y consciente en el presente. Una persona puede tener cualquier otra práctica de índole espiritual, pero si la hace de manera inconsciente y automática, entonces no es mindfulness; sin embargo, puede hacer cualquier trabajo cotidiano y ordinario, como lavar los platos, y esa actividad tan sencilla, si se hace conscientemente, atento y entregado a la experiencia de lavar los platos, entonces es mindfulness”, aclara el doctor Conejo, quien también cataloga esta práctica como una “respuesta natural a un mundo que cada vez se vuelve más complejo y que nos aleja de la paz y la tranquilidad interior, que, a su vez, es a lo que nos acerca la práctica contemplativa”.

Efectos probados en la salud

Como señalan los entrevistados, la evidencia científica sobre la efectividad del mindfulness continúa aumentando aceleradamente, así como de sus efectos positivos en el cerebro, sobre todo en las áreas relacionadas a las emociones.

“Se ha demostrado que a través de la práctica de esta conciencia hay unos cambios a niveles emocionales, de concentración y de la conciencia, que se van desarrollando. Lo que queremos es que nuestra conciencia y nuestra atención estén alineadas a lo que está pasando en el aquí y en el ahora”, destaca la doctora Cepeda.

“Las investigaciones científicas del efecto del mindfulness en el cerebro van desde trabajos con resonancia magnética hasta cuestionarios como el de la doctora Ruth Baer sobre las cinco facetas del mindfulness”, explica el neurocientífico Conejo, quien señala que, al ejecutar el mindfulness, y “luego de sostener la atención en el momento presente y en la respiración, se genera una reorientación de la actividad cerebral”, que permite que permanezcamos concentrados en la práctica.

Parece complicado, pero la realidad es que, según detalla el doctor Conejo, el número de publicaciones científicas que avalan el mindfulness es exponencial y sus efectos comprobados van desde disminuir niveles de cortisol por la reducción del estrés, hasta mejorar la respuesta inmune.

“La neurociencia, con herramientas de laboratorio, ha permitido validar lo que por muchos años se ha sabido: que la contemplación o la meditación mindfulness ayuda al individuo y a la sociedad, que altera la anatomía del cerebro y que potencia las áreas de la corteza prefrontal dorsolateral donde se procesan las funciones ejecutivas superiores, mientras que la amígdala se encoge y el sistema límbico (donde se procesan las emociones) reduce su actividad”, detalla el neurocientífico, para añadir que la neurociencia busca entender el efecto que tiene el mindfulness en el cerebro y descubrir los mecanismos neuroanatómicos y funcionales de su eficacia al tratar condiciones como la fibromialgia, el dolor crónico, la ansiedad, la depresión y la adicción.

“Mindfulness es la manera idónea de conocernos, de vivir de forma más plena y consciente, con sencillez y gratitud, y de apreciar cada momento como un instante único, lleno de posibilidades”, destaca.

Por su parte, la doctora Cepeda añade que el mindfulness también se ha integrado exitosamente a otras terapias psicológicas. “Si bien no es una terapia para todo el mundo, sí funciona”, dice la académica, quien tocará el tema de terapia de tercera generación y el midnfulness en el Congreso NeuroEDU 2017, del Instituto de Neurociencia Cognitiva.

¿Cómo se identifica un buen recurso?

Debe tener experiencia personal de varios años en meditación. Que haya estudiado y tomado cursos es un beneficio, pero la práctica es esencial.

Lo que enseña debe verse en la forma en que actúa.

Habla con la persona y lee lo que escribe para ver si tiene sentido.

No debe prometer que el mindfulness te va a resolver todos tus problemas.

Debe incluir la bondad y la compasión como parte de lo que enseña. El enfoque y la calma son parte del mindfulness, pero su fin es aliviar el sufrimiento.

Beneficios del mindfulness

Ayuda en la forma en que manejas el estrés, así que modera tu presión sanguínea y contribuye a la salud cardiovascular.

Reduce los niveles del cortisol, una hormona que produces como respuesta al estrés y que puede afectar tu salud si está elevada.

Puedes manejar mejor el dolor. Lo vas a sentir, pero vas a añadirle menos angustia y preocupación.

Te ayuda a saborear más los momentos felices.

Te puede ayudar a mejorar tus relaciones, al estar más atento, abierto y compasivo.

Activa áreas de tu cerebro relacionadas al bienestar y a la compasión, y estas áreas siguen activas aun cuando no estás meditando.

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