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Testimonios

Ballet: aliciente para el cuerpo y el alma

Tres bailarinas retiradas, sobrevivientes de cáncer de seno, encuentran ganancias físicas y emocionales en la danza clásica

(joe.rubens@gfrmedia.com)
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Con cada movimiento, un sentimiento. Con cada paso, una manifestación del arte. Se destapan las emociones al reaccionar a la sensibilidad que la música les genera. Su expresión corporal queda plasmada a través del ballet, una de las artes escénicas que ha servido de aliciente para tres mujeres sobrevivientes de cáncer de seno.

Desde la niñez se han sentido cobijadas en esta disciplina que requiere de una conjunción dinámica muscular y mental. Sus vidas se cruzaron desde la fundación de Ballet Concierto, hace 39 años, donde se fueron fortaleciendo unos lazos de amistad que se afianzaron con la aparición de una enfermedad que sufrieron en común. 

Fue una nueva etapa de redescubrirse. Hoy, sonrientes, vivarachas, espontáneas y con la paz de saberse sanas y productivas, Carmen Ana Rodríguez, Caty Morales Maurás e Ita Hernández, en un aire de complicidad comparten con Por Dentro cómo fue su proceso.  

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Carmen Ana Rodríguez (tonito.zayas@gfrmedia.com)

Carmen Ana Rodríguez: “Yo estoy viva por el ballet”
Hace escasamente tres años que el cáncer tocó a la puerta de esta bailarina profesional retirada, que desde los cinco años de edad comenzó su relación con la danza clásica. Fue precisamente en una clase de ballet que, en un movimiento hacia atrás, sintió un dolor particular y fue suficiente para que a los dos días acudiera a realizarse una mamografía.

La detección de un tumor abrió paso al diagnóstico, a varias intervenciones quirúrgicas y a un intenso tratamiento. “A mí me tocó el combo agrandado porque ya se me había regado un poco y me hicieron una lumpectomía”, cuenta la maestra de la escuela especializada en ballet José E. Julián Blanco.

Con una actitud optimista inició un recorrido de grandes emociones, como lo fue perder la larga cabellera a la que estaba acostumbrada, debido a la quimioterapia que comenzó a recibir. Según describe, fue la “peor” parte del proceso.

“Tenía una crisis con mis estudiantes, de que no se fueran a asustar. Quería que el proceso fuera sano para ellos. Fuimos poquito a poco diciéndoselo y pues, ni modo, se me cayó todo el pelo. Seguí mi vida dentro de lo que podía. La primera quimio fue la más dura. El primer día estaba con unas náuseas espantosas. El tercer día siempre me cogía lo peor. Y como al séptimo día me mejoraba, me ponían unas inyecciones, pero yo seguía”, recuerda.

Así fue cómo dentro de su tratamiento, ese mismo año con todo y diversas pelucas, pudo formar parte de las funciones del Cascanueces en los bailes de carácter. Posteriormente, recibió 34 radioterapias mientras continuaba trabajando y se manifestaba en el Retired Ballet Dancers Support Group de Ballet Concierto. 

“Siempre lo recalco y lo digo: yo estoy viva por el ballet. Si no me llego a dar cuenta en ese momento y quizás hubiese esperado seis meses, cuando me diera cuenta... no estaría viva. Estoy clara y lo siento en mi corazón, yo estoy viva por el ballet”, reafirma y, a la vez, resalta el apoyo de sus amigas bailarinas, quienes la animaban para mantenerse en el ballet, la velaban y ayudaban.

“La clase de ballet es chévere por el ejercicio, pero nosotras nos reímos tanto y disfrutamos tanto que eso es mejor que parar en un psiquiatra, es fabuloso. Hemos redescubierto algo que nos hace feliz a esta edad, que nos ayuda emocionalmente y físicamente, de verdad que no tiene precio. El ballet ha sido la salvación para nosotras, para mí”, expresa la mujer que ahora lleva felizmente su cabello bien corto.

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Caty Morales (tonito.zayas@gfrmedia.com)

Caty Morales: “Siempre con mente positiva”
Hacer ejercicios siempre ha sido parte de su estilo de vida, incluyendo el ballet, con el que comenzó a relacionarse desde que tenía 4 años. Aunque ha tomado algunas pausas, siempre regresa a esta disciplina que le apasiona. 

Ya van 11 años desde que Caty Morales Maurás se le detectó un tumor canceroso encapsulado en un ducto, para que el que se le practicó una lumpectomía y recibió radioterapia preventiva, lo que tomó con mucha serenidad.

“Yo soy hiperactiva pero para estas cosas soy súper tranquila. Lo más que me molestaba eran los pinchazos. Para eso mi mamá me mandó a hacer meditación, con eso lo manejé y me ha ayudado para muchas otras cosas después. Siempre he dicho que esto fue como un medio sustito para otras cosas que vinieron más positivas”, explica la relacionista profesional, quien acudió a diversos tipos de terapias de medicina alternativa para lograr balance emocional y aconseja “vayan a todo y siempre con mente positiva”.

Pudo seguir su vida normal porque la condición se lo permitió y asegura que le dio la energía mínima que requería. Incluso, con el medicamento tamoxifeno, que bloquea el estrógeno e impide su fijación a las células del cáncer de mama, indica que le quitó otras condiciones que padecía.

“A mí en realidad la pastilla me trajo muchas cosas buenas, que yo estoy segura que fue para eso que me dio (el cáncer) porque fue lo más leve. Las pastillas tienen distintos efectos en las personas. Yo no le presté atención en nada. Me la tomaba todos los días, como me tomaba todas las vitaminas. Algunas veces cuando me paraba sentía que me dolían las coyunturas, ni le presté mucha atención, seguía mi vida normal, pero obviamente el ejercicio ayuda a todo. La terapia de una clase de ballet es bien distinta a otros ejercicios. Es como hacer yoga, aunque es una meditación activa”, explica. 

Aunque cuando surgió el Retired Ballet Dancers Suport Group —hace ocho años— ya Morales había pasado su recuperación, ahí ha permanecido para, además de bailar junto con sus compañeras, servir de apoyo, compartir experiencias y divertirse.  

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Ita Hernández (tonito.zayas@gfrmedia.com)

Ita Hernández: “Cuerpo, alma, corazón, todo a la vez”

Es como de un ride del que no te puedes bajar”, así describe Ita Hernández lo que fue su experiencia cuando supo que tenía cáncer de seno, mientras resalta lo maravilloso que fue contar con el apoyo de su esposo y su familia. 

Cuando se le diagnosticó esta enfermedad hace unos ocho años, extrañó a su papá, quien era médico y falleció, pero aún más cuando tuvo que tomar la decisión de que se le realizara una mastectomía bilateral en febrero de 2011, así como la reconstrucción mamaria con expansores.

Tan pronto como en abril de ese año, se unió al Retired Ballet Dancers Support Group, en donde se volvió a reencontrar con sus amigas de infancia y se sintió acogida en medio de su proceso de recuperación.

“En el ballet uno se siente más a gusto. Éramos todas amigas desde chiquitas, por lo que fue superterapéutico, es como un grupo de apoyo. Venimos aquí a hacer ejercicios y a disfrutar, pero también compartes y podemos hablar de nuestros problemas y se queda aquí. Yo con mis expansores y eso, me uní a las clases y fue como si nunca nos hubiéramos dejado de ver. Es lo mejor que me ha pasado después de mi experiencia con el cáncer”, indica Hernández, quien comenzó a bailar desde los 4 años de edad y fue maestra de ballet por 10 años.

La bailarina retirada, quien no recibió quimioterapias ni radioterapias, asegura que el ballet es el mejor ejercicio del mundo. “Para el que lo practica, no va a encontrar más nada que le vaya a gustar. Aquí lo haces todo. Vienes a la clase y en esa hora y media, con todo y que formamos unos relajos y vacilones, mientras estás en la clase, toda tu concentración está ahí. No hay cabeza para más nada. Eso es cuerpo, alma y corazón, todo a la vez”, señala. 

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Ita Hernández, Carmen Ana Rodríguez y Caty Morales (tonito.zayas@gfrmedia.com)

Cuerpo y mente 
De acuerdo con Nanet M. López-Córdova, catedrática asociada del Programa Psy.D y psicóloga clínica con especialidad en psicooncología, años atrás se pensaba que los pacientes de cáncer no podían hacer ejercicios, independientemente del estadío que tuvieran del cáncer. Se tenía la perspectiva de que no debían hacer ejercicios para no cansarse y guardar su energía. 

“Sin embargo, de unos 20 a 25 años para acá se ha cambiado esa percepción por las observaciones, las investigaciones y experiencias, y se ha encontrado que la actividad física en las pacientes de cáncer es primordial. Depende del estadío, de cómo están físicamente, de la autorización del médico y del tipo de ejercicio que muchas hacían antes de la condición”, indica. 

Durante el tratamiento de cáncer, la actvidad física ayuda a mejorar la capacidad y las habilidades físicas de los pacientes y de igual manera mejora el balance, disminuye el riesgo de osteosporosis y ayuda para la circulación sanguínea, entre otros beneficios. 

“Muchos de los pacientes de cáncer de seno experimentan lo que se conoce como la fatiga asociada al cáncer. Muchas veces esta lo que hace es afectar el ánimo de realizar actividades. Pero, es todo lo contrario, mientras más activo se encuentre, mejor todavía. El ejercicio realizado a pesar de la fatiga ayuda a disminuir el dolor, las náuseas y hasta la depresión, cuando es de leve a moderada. Ayuda a que socialicen y esos aspectos si los llevamos a la perspectiva emocional es bien importante porque los pacientes de cáncer pasan por diferentes etapas, la de shock, negación, aceptación y todas estas pasan según la persona tenga sus fortalezas emocionales y según los recursos que tengan a su alrededor. Y cuando digo de los recursos no solo económico, es el apoyo social, el tratamiento médico, la actitud, la perspectiva religiosa y espiritual”, explica López-Córdova.

En referencia a las bailarinas retiradas Rodríguez, Morales y Hernández, la profesional resaltó que estas, al ser bailarinas llevan su cuerpo a unos niveles súperespeciales. “Es fascinante porque ellas están combinando no tan solo el arte y la etapa de vida que pasaron como pacientes de cáncer, sino que a través de ellas mantenerse bailando. Lo hagan a un nivel frecuente o no frecuente, están ayudándose a sí mismas para que su cuerpo siga independientemente del estadío del cáncer de seno. Como son sobrevivientes, mantienen su cuerpo para seguir mejorando, disminuye la fatiga, la posible depresión y ansiedad que puedan tener”, dice. 

Resalta que además se convierten en portavoces de cáncer de seno, para que los demás bailarines se hagan las pruebas de cernimiento o detección temprana y la población en general tome conciencia. “Hay mucho tabú todavía de que las personas saludables o los atletas no les da cáncer y esta es una enfermedad que le puede dar a cualquiera. Con este movimiento, se están empoderando ellas y empoderando a otra gente a través de su actividad del baile”, expresa la especialista.

Según manifiesta, a través del baile están teniendo muchas ganancias a nivel físico, emocional y social para expresar el amor, el dolor, la enfermedad, cómo ellas en el proceso empiezan a manifestar las emociones y cómo se sienten a través de su cuerpo, la música y los movimientos. Es bien sanador eso”, concluye.

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