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Mi primera vez

Cuando tomé la reválida para abogados

"No he vuelto a sentir tanto miedo como aquella tarde a principios de septiembre, cuando tuve el primero de dos intentos de tomar la reválida para practicar el Derecho en Puerto Rico"

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La periodista Liz Sandra Santiago rememora su experiencia al tomar la Reválidad de Leyes. (Shutterstock)
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Hasta el día de hoy no he vuelto a sentir tanto miedo como aquella tarde a principios de septiembre, cuando tuve el primero de dos intentos de tomar la reválida para practicar el Derecho en Puerto Rico.

El silencio en el amplio salón ubicado en el segundo piso del centro de Convenciones era tal, que se escuchaban los pasos de los alguaciles sobre la alfombra y el sonido de las dos libretas cuando caían sobre el pupitre.

La ubicación de mi silla, casi al final de una de las decenas de filas, hacía que los nervios y la expectativa crecieran más cada segundo. Las manos me sudaban y no podía parar de jugar con el bolígrafo que sostenía con ellas, los dientes chocaban producto del temblor de mi cuerpo a causa del frío y de los nervios.

Cuando el alguacil llegó hasta mí, decidí tomar en mis manos las libretas para evitar el sonido de estas al caer.

“No pueden abrir las libretas hasta que se les indique”, esa fue la instrucción del hombre que estaba parado frente a un podio sobre el escenario.

Esos pocos segundos antes de comenzar el examen para el que me había preparado por cuatro años y por el cual llevaba dos meses enclaustrada, leyendo entre 12 y 14 horas al día, mi vista se fue al amplio reloj ubicado en la parte frontal del salón.

“Lo más importante es que sepan dividir su tiempo. Lo ideal es que contesten cada pregunta en 45 minutos”, nos dijo un profesor en algún momento.

Con las manos temblorosas logré escribir en una esquina de la libreta de apuntes a qué hora debería terminar con cada una de las preguntas.

Al escuchar la frase “pueden comenzar ahora” en el recinto se escuchó el sonido particular de cuando rompes un pedazo de papel. Era el sello que mantenía las preguntas como el secreto mejor guardado que se deshacía en las manos de cerca de 700 aspirantes que seguramente tenían la misma mezcla de nervios y ansiedad que tenía yo.

Demás está decir que el tiempo pareció volar y que apenas terminaba de contestar una pregunta cuando ya tenía que comenzar a contestar la otra. El mismo estrés se extendió por los próximos días, antes de que comenzara otro gran periodo de estrés, mientras esperaba los resultados que no fueron los esperados.

Esto me llevó a volver a estudiar, pero esta vez de una manera más organizada y sabiendo a qué me enfrentaba.

En ese segundo intento, los nervios no me abandonaron, pero sí ya conocía a lo que me enfrentaba y pude manejar la situación de una mejor manera, logrando ese tan anhelado “PASS” que solamente un aspirante a abogado sabe el esfuerzo y el sacrificio que tiene como precio.

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