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Mi primera vez

Mi primera experiencia con un ataque de pánico

Un relato de cuando quedé atrapada por un desbalance de serotonina

  • Por Mariola Rodríguez
  • 28 ENE. 2018 - 03:00 AM
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"Al otro día regresé a trabajar y cuando estoy contándole la experiencia a una compañera de trabajo, los mismos síntomas comenzaban a invadirme". (Shutterstock)
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Todavía me escucho diciendo “no me ha vuelto a dar y los quiero fuera de mi vida”. Pero sucedió de nuevo y fue tan inesperado como la primera vez.

Me sorprendió otra vez trabajando. La sensación es difícil de explicar, aunque casi siempre son los mismos síntomas. Comienzo a sentir un cosquilleo desde los pies, las manos se me ponen frías, heladas, me siento débil, nerviosa, siento que poco a poco me falta el aire y el corazón comienza a golpear fuertemente, como si se quisiera salir del pecho.

Recuerdo que la primera vez me tiré al piso, subí las piernas, pensé en un bajón de azúcar, luego, como las palpitaciones eran tan fuertes, comencé a temer por un ataque cardiaco. Me tomaron la presión arterial y el azúcar, y estaban bien. Las palpitaciones, por el contrario, estaban por las nubes. Era una experiencia completamente nueva y para salir de cualquier duda, acepté irme en ambulancia a una sala de emergencia. Esa fue la primera de cerca de cuatro veces que llegué a un hospital temiendo lo peor. Me dijeron que estaba deshidratada. Lo tomé por bueno, porque nunca había estado deshidratada, por lo tanto desconocía los síntomas.

Al otro día regresé a trabajar y cuando estoy contándole la experiencia a una compañera de trabajo, los mismos síntomas comenzaban a invadirme. Corrí a llamar a un familiar para que me llevara a mi médico primario. El internista me ordenó laboratorios de inmediato y otra vez me monté en una ambulancia para una sala de emergencia. Aquel tramo fue uno de los peores en los 39 años que tenía entonces. Creí me estaba muriendo. Lloré, recé y entregué la vida de mi hijo y la mía a Dios. Creí que era el final.

Enseguida me hicieron un electrocardiograma, me pusieron sueros y los síntomas fueron bajando. Eso se repitió dos veces más, hasta que la cuarta vez que crucé la doble puerta de una sala emergencia, le dije llorando al personal de enfermería, “creo que tengo un ataque de pánico”. Ambos profesionales se miraron y asintieron.

Me pusieron un calmante y cuando me sentí mejor, regresé a la oficina del médico. Por primera vez, tuve una receta de medicamentos para la ansiedad y la depresión. “Eso es estrés”, ha sido siempre el diagnóstico. También me recomendó ver un cardiólogo y un neurólogo. Seguí la primera recomendación y tuve un halter por 24 horas. Todo estaba bien con mi corazón, y los otros síntomas fueron mermando en la medida en que los medicamentos hacían su efecto.

Dos años y pico después, repetí todo lo anterior, con la diferencia de que esta vez, al reconocer lo que me estaba pasando, lo he manejado mejor. Estoy aprendiendo a respirar lento y profundo para disminuir los síntomas. Y, algo que no hice la primera vez, pero no dudé en hacerlo ahora fue visitar un neurólogo y una psiquiatra. 

Los ataques de pánico son algo que no le deseo a nadie. Inutilizan momentáneamente, despiertan los temores, y a veces es difícil que las personas que te rodean lo entiendan, a menos que los hayan experimentado.

Igual que estoy aprendiendo a usar la respiración para atacarlos, recurro a los cientos de vídeos en Youtube con música para calmar la ansiedad, el estrés, los ataques de pánico, para despertar las energías positivas… Siento que cumplen el objetivo de relajarme.

Aprendí también que los ataques de pánico son curables, pero debo seguir un tratamiento de al menos un año con un profesional de la conducta humana, y eso incluye, en mi caso, tomar un antidepresivo por un periodo de tiempo. Los ataques de pánico son producto de un desbalance de serotonina, lo que tiene como detonantes la ansiedad, el estrés, la depresión, el insomnio…

Ya estoy convencida de que, si volviera a experimentarlo, a nivel físico nada malo me ocurrirá, pero estoy igual de convencida de que no los quiero más en mi vida.

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