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Carta abierta a Martin Luther King

Utilicemos su ejemplo para enseñarles a nuestros hijos

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Estimado Dr. King:

Espero que donde quiera que su espíritu se encuentre pueda recibir las palabras de este servidor.  En celebración de su natalicio quise compartir con usted este breve, pero significativo mensaje.

Hace poco, tuve la dicha de poder viajar con mi familia a Washington DC como parte de un viaje de vacaciones. Disfrutamos muchísimo de esa histórica y hermosa ciudad. Desde que planificamos ese viaje, fijé en mi mente la idea de aprovechar la experiencia para hablarle a mis hijos sobre su persona. Para mi era muy importante reforzarle, particularmente a mi hijo mayor, los conocimientos que él había adquirido sobre su figura en la escuela. De hecho, hasta le compré un libro con su biografía el pasado año.

Para mi satisfacción, logré mi cometido. Primero, visitamos el monumento a Lincoln y nos paramos juntos sobre la loseta desde la cual usted dio su más famoso discurso en agosto de 1963. Fue maravilloso poder transportar a mis hijos a ese momento y llevarlos a imaginar, desde ese lugar, la multitud reunida ese día con los carteles, las banderas y las consignas. Visualizar cómo, en ese momento, usted habló desde su corazón, improvisando ese mensaje de justicia, igualdad y hermandad. Le confieso, que cada vez que lo pienso y escucho esas palabras: “I have a dream” (Yo tengo un sueño), me lleno de la misma emoción. Fue espectacular aprovechar ese espacio para hablarle a mis chicos sobre sus valores y lo que representan no solo para la familia sino para la sociedad y el País.

Luego, cruzamos el parque y llegamos hasta el otro lado de la avenida donde se encuentra el Martin Luther King Memorial. El lugar es hermoso y es un homenaje póstumo a su figura y a todo lo que usted representó. La escultura es impresionante por su tamaño y está rodeada de una pared de mármol donde se plasman sus frases más célebres. 

Utilicé esa oportunidad para explicar a mis hijos lo que significa luchar, el valor de la perseverancia y no rendirse ante los obstáculos que nos coloca la vida. Aproveché además para hablarle a mis hijos sobre la importancia de aprender y educarnos para salir adelante en nuestras vidas.

Les hablé sobre como usted, viniendo de la pobreza, mantuvo su empeño en estudiar, prepararse y convertirse en un ser humano redondeado, de amplio pensamiento y que se destacó como uno de los mejores oradores de la humanidad.  Decidí, además, explicarles el objetivo de su visión y mensaje: que todos somos iguales y que debemos tratarnos con respeto, dignidad y amor.

Dentro de pocos meses, se cumplen 51 años desde aquel nefasto día que una bala le quitó su vida. Pero como dice la canción del grupo irlandés U2, “Pride”, le quitaron su vida pero no su orgullo y dignidad.  Espero que hoy los líderes del mundo reflexionen, al igual que lo hice yo mientras estuve allí, y aprendan de su legado.

Por nuestra parte, continuaremos enseñándoles a nuestros hijos sobre lo que usted promovió para la humanidad: que nuestra raza es solo una y que el ser humano se mide por su carácter y valores, y no por el color de su piel.

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