Loader

Las 10 lecciones que aprendí de mi madre

De mi Mamita aprendí a caminar en la ruta de esta aventura llamada vida

Photo
Desde que tengo uso de razón, mi madre ha sido el centro de mi vida. (Pexels)
  • Compartir esta nota:

Desde que tengo uso de razón, Mamita es el centro de todo en mi vida: me crió sola, cuidó de mí, me inculcó valores, me dio una educación y, dentro de sus posibilidades, me dio todo lo que necesitaba y hasta más. Fue padre, madre y todo a la vez.

Recuerdo, con nostalgia, cuando llegaba de su trabajo por las tardes y siempre me traía una sorpresa: una caja de donas, una paleta de chicle o ese par de muñecas cabezonas que aún conservo y a las que les puso de nombre “Las Lloronas”, porque tenían sendos lagrimones en los cachetes y a mi mamá le parecían la adición perfecta al cuarto de la pequeña Lucía que, según ella, siempre estaba “plegá”… porque, sí, la pequeña Lucía solía llorar por todo.

Pero, aunque la niña dentro de mí a veces llora, debo aceptar que la crianza de una madre soltera en circunstancias poco menos que perfectas, me formó fuerte… con el cuero duro. Por ello, siempre me digo convencida y con una especie de orgullo resiliente, “esta negra aguanta”. No me malinterpreten. Esto no significa que dejo pasar todo, que soy una sufrida y estoica mujer o una mártir. No, para mí significa escoger mis guerras y mis batallas, y aunque muchas veces no lo parezca, cuando pierdo, a veces estoy ganando. Y me explico, gano entendimiento, comprensión, claridad y más que nada, lecciones que me ayudan a conciliar muchas cosas en mi vida y a sobrellevar otras tantas con las que hay que lidiar. Porque eso sí me enseñó mi Mamita, a estar presente, a no rendirme y a tener el cuero duro para caminar por la ruta de esta aventura llamada vida, en la que recoges flores un día y el otro te caes y te pelas las rodillas, pero sigues tu paso a paso.

Hoy, es el Día de las Madres. Ella no lo recuerda, pues su memoria la traiciona con las fechas actuales, al hacer cálculos, al recordar si comió o no comió, al marcar mi número de teléfono o al leer el reloj para darme la hora. Ahora su mente se estaciona unos cuantos años atrás y ahí se queda, y si bien es cierto que todavía se acuerda de mí y de mis hijos, y también de mis hermanos y de mis sobrinos, y de sus hermanos  y sus hijos-aunque a ellos nos los ve hace años-, no se acuerda de cómo me formó fuerte e hizo que tuviera este cuero duro que llevo por piel. No recuerda el día exacto en el que me llevó “Las Lloronas” y que fue una gran satisfacción para ella, porque había podido hacerse de las únicas dos muñecas cabezonas que había, solo para llevarlas triunfal y feliz a la pequeña Lucía. No, no lo recuerda a menos que yo se lo recuerde y que le dé más detalles a los que responde afirmativamente, tratando de parecer convincente. Cuando ocurre, quisiera que la cinta invisible de su memoria corriera hacia delante y hacia atrás como solía hacerlo y ahí extraño a la Mamita fajona y echada para adelante. Esa que cocía hasta el amanecer y tejía hermosos vestidos y colchas.

¿Qué aprendí de mi madre? Les comparto algunas de las lecciones más importantes, pues todavía sigo aprendiendo de ella, en su divagar y en sus momentos de efímera lucidez:

  1. Ser madre es un trabajo fuerte, que dura toda la vida. No importa cuántas veces le falla la memoria, en esos momentos de claridad, lo que ella alcanza a preguntar una y otra vez es “y tú, ¿estás bien?”. Para una madre soltera, el trabajo es aún más delicado, porque tiene que fungir de padre y madre a la vez.
  2. Hay que rodearse de un grupo de apoyo. Ya sean amigos o familiares, son esenciales para llevar la tarea de la crianza y dar un poco de sanidad en momentos donde pudiera apoderarse el caos.
  3. Procura que esas personas que te rodean sean afines a ti, que sean verdaderos apoyos. No hay lugar para el ego ni para lo que no enriquezca tu vida ni te haga una mejor persona.
  4. Realízate como persona. Nunca digas que, por ser madre soltera, no lograste más en la vida. Puede que cueste un poco más de trabajo, pero no es imposible.
  5. Consecuentemente, no cargues a tus hijos con tus problemas y tu bagaje. Es bueno que, cuando haya situaciones que comprometan a la familia, y de ser necesario, discutas los asuntos de acuerdo a la capacidad de tus hijos, sin darles más información de la pertinente. Como adulta, eres dueña y responsable de tus acciones y tus decisiones. Tus hijos no lo son. No los hagas responsables.
  6. No críes a tus hijos haciéndoles pensar que por vivir solos con mamá son menos que nadie. No fomentes, sin darte cuenta, complejos por su origen social, color de piel u otros elementos. Enséñales a mar lo que son y de donde vienen porque eso es lo que los hace únicos.
  7. Toma tiempo para ti. Dice el escritor y poeta Khalil Gibran que “tus hijos no son tus hijos, son los hijos de la vida”. Ummm, sí y no… son tus hijos, pero crecerán y formarán sus propias vidas. ¿Qué harás en ese momento, si no sacas tiempo para ti, para fortalecer tu círculo de amigos y tu vida social? Este aspecto es sumamente importante.
  8. Cuida tu salud. Se estima que la expectativa de vida de las mujeres en la isla es de 84.4 años, por lo que es importante que te realices los chequeos preventivos recomendados por tu medico y busques ayuda cuando sientas que algo no anda bien con tu salud física o emocional. Hace 8 años mi mamá fue diagnosticada con cáncer de colon y lo encontraron “gracias” a un catarro. Quizás otro día les cuento esta historia, pero el punto es que acudir al médico a tiempo, puede salvar tu vida y permitirte vivirla más saludable.
  9. Prepárate para tu vejez. Ahorra, crea un fondo para tu retiro. Asesórate, de ser necesario. No dejes a tus hijos con una carga económica. Estoy segura de que ellos te cuidarán y harán todo lo posible para cuidarte y darte lo que necesites pero tanto tú como ellos tendrán una vida más tranquila, sosegada y feliz, si te haces cargo de este detalle cuando aún estás a tiempo.
  10. Está presente. Procura que tu mente y tu cuerpo funcionen al unísono. Respira conscientemente y haz un recorrido interno por las emociones que sientes en determinado momento. Analiza qué te hace feliz. Está ahí para los tuyos. Sin dudas, sincera y plena en cada momento.
  • Compartir esta nota:

Comentarios

    Dejar comentario
    Volver Arriba