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Me acompañará otro paisaje

El huracán María cambió los planes de muchos corredores que iban a Berlin y a Chicago. Ahora es necesario conquistar millas ante este nuevo paisaje, para que nos ayude a botar el golpe y a sanar

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(Foto: Shakira Vargas)
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A toda prisa vivimos constantemente haciendo planes, con la mirada puesta al futuro. Tanto así, que a veces no nos damos cuenta de los detalles del presente. Pasamos desapercibidas tantas cosas que ni siquiera, en el mismo afán, logramos valorar. Ese ritmo acelerado fue detenido el martes, 19 de septiembre, ¡y de qué manera!

La llegada del huracán María cambió nuestras prioridades. Muchos planes y sueños han tenido que ser pospuestos. Este evento atmosférico nos ha dejado perplejos, destrozados e incrédulos ante la furia con la que azotó a la isla de arriba a abajo y de lado a lado. Ha sido una devastación total y aunque el desasosiego es la orden del día, levantarnos es la opción primordial, aunque duelan las pisadas y nos caigamos durante el camino.

Desde antes que María llegara y ante su inminente paso por la isla, ya había comenzado a alterar los planes de algunas personas corredoras que llevaban varios meses fuertemente entrenando para lo que sería uno de sus grandes sueños: correr en el Berlin Marathon, celebrado el pasado 24 de septiembre. A dos días de que sus vuelos salieran con destino final a la capital alemana, estas prefirieron quedarse en su tierra y no abandonar a sus familias, casas y negocios.

Ahora, con la situación que se ha suscitado en el Aeropuerto Luis Muñoz Marín, otro grupo de puertorriqueños que están inscritos en el famoso Chicago Marathon, a celebrarse el próximo 8 de octubre, cruzan los dedos para que sus vuelos puedan salir de la isla y no sean cancelados. Como saben, los vuelos aéreos se han visto afectados en el aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín, donde radares quedaron destruidos por el huracán María, lo que ha limitado la salida y la llegada de vuelos.

Cuando ayer le pregunté a mi colega, la fotoperiodista Teresa Canino, sobre su participación en este evento, me indicó que precisamente esa mañana había desistido. Luego de un intenso entrenamiento de cuatro meses y más de 20 madrugadas para cumplir con el millaje requerido, asegura que fue la mejor decisión. Aunque este sería su cuarto maratón, este tenía un valor especial porque sería su primero luego de haber dado a luz a su primogénito. Así como ella, tres amigas suyas tomaron la misma decisión.  

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Aquí con la fotoperiodista Teresa Canino. (Foto: Tonito Zayas)

“A mí no me parece correcto ir. Hay un trabajo que hacer aquí, que es pertinente e importante. Aunque mi cuerpo sí está listo para correr, mi mente no está para ir a pasar 26.2 millas en las mejores condiciones del mundo y disfrutar, sabiendo que en Puerto Rico nadie la está pasando bien. No se siente bien eso”, expresó Canino al explicar que la organización les dio a los puertorriqueños la posibilidad de posponer su participación y correr en el evento en el 2018 sin ningún cargo. “Lo único que me frustra son las amanecidas, que fueron muchas, más de 20 amanecidas, para correr y estar ready. Pero no va a ser igual, prefiero esperar un año”.

Otra amiga corredora, Cindy Vázquez, ha recurrido a entrenar en una elíptica y a correr por su residencia con tal de seguir su entrenamiento, pese a la alteración total que hemos tenido en la rutina. Sin embargo, la corredora Addy Resto confiesa que su “entrenamiento final se le fue al piso”. Aún así, “tengo esperanza de poder ir al maratón y con un nudo en la garganta por todo lo ocurrido, pero fortalecida”, aseguró.

Conquistar millas en esta isla tampoco ya será lo mismo. Las rutas con toda probabilidad serán alteradas por caminos obtruidos y aún inundados. Los horarios también, pues ante la falta del servicio eléctrico, es casi imposible la visibilidad y por el peligro que representa. 

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Una de las calles por casa, por donde suelo conquistar algunas millas. (Foto: Shakira Vargas)

Cada paso será un redescubrir ante un paisaje nuevo, con menos arbustos y árboles al desnudo, muchas ramas en el suelo, estructuras sin techos ni cristales, viviendas inexistentes y el rastro de todas esas aceras y paredes que fueron cubiertas por el fango y el agua.

Pero también, estoy segura que veremos más personas en la calle colaborándose entre sí, dándose la mano y activas. Incluso, más adultos y niños corriendo bicicleta. Tal vez veremos algunos rostros cansados, pero no les faltará la esperanza. Nos queda respirar profundo, amarrarnos y ajustarnos bien las tenis. Es necesario conquistar millas ante este nuevo paisaje, que nos recordará que sobrevivimos y que nos dará fuerza para forjar un nuevo comienzo. Vuelvo, es necesario conquistar millas ante este nuevo paisaje, para que nos ayude a botar el golpe y a sanar.

A seguir sin detenernos, a conquistar millas y a echar el resto por nuestro Puerto Rico.

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