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A dos años de aquel suceso que, literalmente, me marcó

Poco a poco voy sintiéndome más cómoda en mi propia piel. Cada vez que me miro al espejo, recuerdo lo vivido y lo aprendido en el proceso.

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Con la llegada de agosto vienen a mi mente los inevitables recuerdos de aquellas ronchas que comenzaron a invadir mi cuerpo hace dos años atrás, y que han dejado como secuela incontables huellas difíciles de borrar, y que por mí no pasan desapercibidas.

Ya para esa fecha había comenzado a entrenar para lo que sería mi "primer challenge", que comprendía de tres días de carreras: viernes tenía que hacer un 5k (3.1 millas), para el sábado tocaba correr un 10k (6.2 millas) y el domingo era el gran día, cuando se completaba un medio maratón (13.1 millas). Para mí realmente era un desafío y estaba de lo más entusiasmada entrenando para ese evento. Sin embargo, nunca pensé que lo que mi cuerpo estaba mostrando en ese momento ponía en riesgo mi participación. 

Aquellas ronchas primero se reflejaron en mis brazos sin dar una señal de amenaza. Estas se fueron regando por mi espalda, torso y los muslos. Una visita de inmediato al dermatólogo llenó de esperanza mi afán de detenerlas. A la semana regresé frustrada al consultorio médico, pues a diario se iban sumando y ganando territorio, que no era cualquiera, sino que se trataba de mi cuerpo. Esas inflamaciones rojizas ya ardían, picaban, dolían... Era desesperante, y rascarme lo empeoraba. Ni siquiera soportaba las telas ajustadas encima de mi cuerpo. Dormir ya no resultaba placentero. 

Había sido un falso diagnóstico lo de esa primera visita. No puedo borrar aquella expresión en el rostro del dermatólogo al verme cómo me encontraba y sabiendo entonces cuál podía ser el diagnóstico real. Luego de una biopsia que se me practicó y enviada a patología, las sospechas fueron afirmativas. Se me diagnosticó "lichen planus", una condición inflamatoria crónica de la piel, que provoca la formación de ronchas con superficies planas y mucha picazón.

De antemano, el dermatólogo me dijo que había que inyectarme varias dosis de corticoides en un periodo de tiempo para ayudar a detenerlo. Salí en negación y despavorida de aquella oficina, empapada en llanto. 

Rápido pensé en los efectos adversos que podía tener el tratamiento que se me sugería, ¡en todos! Que iban desde la retención de líquidos, aumento de peso, hasta alguna afección en mi sistema musculoesquelético, entre otros. Tenía metas que quería cumplir y dos hijas para las que quería y quiero estar saludable. Sentí mucho temor. 

Aunque se desconoce qué lo causa, de acuerdo con los médicos que me vieron, el "lichen planus" o liquen plano, fue una reacción que tuvo mi sistema inmunológico como consecuencia a altos niveles de estrés. 

De ahí en adelante, visité diversos especialistas, como una inmunóloga, uno que otro naturópata, un segundo dermatólogo y un médico de familia. Se podrán imaginar: análisis, pastillas naturales, fototerapia con radiación ultravioleta A (PUVA), inyecciones de corticoides, procesos de detox, cambios en la alimentación, suplementos, cremas y pomadas, además de antibióticos, pero el liquen plano seguía presente. 

Se me inflamaron hasta los ganglios linfáticos localizados detrás de los oídos, como consecuencia de la enfermedad. Las ronchas llegaron al cuero cabelludo, ¡qué picor!

También a los bordes de mis orejas y, cuando del cuello ya iban alcanzando mi rostro, experiementé fuertes emociones ante la impotencia e incertidumbre. Fueron muchas lágrimas, ruegos y clamar por oración para sentir paz, tranquilidad y lidiar con todo lo que me estaba ocurriendo.

A dos semanas del evento Lola Challenge Weekend, las ronchas llegaron a las muñecas, la parte exterior y las palmas de mis manos, los tobillos, los parte superficial y la planta de los pies. Ya la ropa no era solo el problema, ahora también lo eran los zapatos que me ponía y las pisadas que daba. Correr ya no resultaba placentero, sino doloroso. Pero, a la vez era uno de mis remedios para despejarme y bajar los niveles de estrés que habían incrementando con la misma enfermedad.

A una sola semana, ya la ilusión de participar en el evento sentía que se desvanecía. Iba a hacerlo solo dependiendo de cómo me sintiera. Pero, ¿saben qué? ¡Esa fue mi primera batalla ganada contra el liquen plano, cuando en septiembre de 2015 crucé esa meta en la que completé todo el challenge! Lo había logrado sin importar todo lo que me estaba ocurriendo. Eso me dio un ánimo tremendo para seguir y no rendirme. 

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En el Morro, luego de haber finalizado el Lola Challenge Weekend en septiembre de 2015.

A finales de octubre de ese año, uno de los antibióticos paralizaron ese picor insoportable, las inflamaciones comenzaron a bajar y las lesiones moradas se fueron secando. Iba sanando, pero sus marcas se hicieron más visibles. Las llevo conmigo. Unas han ido aclarando, otras parecieran imponentes. Después de un período variable, las lesiones suelen dejar una pigmentación residual, más marcada en pacientes que tenemos piel oscura. Pueden tardar años en desaparecer. Según he leído, en algunos casos la pigmentación residual puede ser permanente.

Así como otras enfermedades de la piel, en cuanto a la visibilidad de las lesiones, tiene un impacto considerable en la calidad de vida de los pacientes. Doy fe de eso, me abstuve de realizar actividades cotidianas personales, familiares y laborales. Estas pueden ser motivo de ansiedad y depresión, ya que también afectan nuestra confianza y autoestima.

¿Qué he hecho durante este tiempo? ¡Seguir conquistando millas! Correr para mí es una medicina que no falla, que me ayuda física y mentalmente. Algunas marcas de mi espalda las camuflajeo con mi melena; uso más pantalones y vestidos largos; y el maquillaje tipo airbrush se ha convertido en tremendo aliado para mis piernas cuando quiero lucir alguna falda, vestido o pantalón corto. Mientras, no puedo exponerme mucho al sol para evitar que se me queden las marcas. Así que a pesar de que amo el sol y la playa, también he tenido que hacer mis modificaciones. Estoy en remisión, sigo mis citas al dermatólogo y de tantas cremas que me puse en el proceso, confieso que no he sido muy disciplinada poniéndome la crema recetada para ayudar a eliminar las manchas. 

Aprovecho para agradecer a todas esas personas que estuvieron muy al pendiente de mí, a aquellos que llegaban de repente con alguna crema natural o jabón que me ayudara, y hasta a los que me consiguieron citas médicas de emergencia. A mi familia, mis hijas, mi compañero, algunos colegas, amigos y hermanos de la vida les consta la desesperación enorme que viví. Agradezco y valoro su enorme apoyo y paciencia para conmigo.

Este suceso me cambió la perspectiva de la vida. Poco a poco voy sintiéndome más cómoda en mi propia piel. Cada vez que me miro al espejo, recuerdo lo vivido y lo aprendido en el proceso. No dejo que el estrés me gane. Siento que ahora soy más fuerte y sigo conquistando millas.

Déjame tus comentarios aquí, escríbeme a shakira.vargas@gfrmedia.com y sígueme en Instagram y Twitter como ShakiraV.

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