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¡Hay olores que "matan"!

Controlar la inhalación nos funciona, pero cuando de olores desagradables se trata, no siempre hay escapatoria

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(Shutterstock)
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Luego de la jornada laboral, con niñas listas en la casa, hay días en que decido ir a correr algunas millas por la urbanización. 

Imagínate que cuando más enfocada estoy, de repente un fuerte olor a chuleta frita se asoma. Siento que desvanezco, lo saboreo mentalmente y, toda debilucha, continúo conquistando millas. Ese olor me transporta a cuando vivía con mis papás.

Cuando corro en las mañanas, el panorama es otro. Un rico aroma a café colao' me despierta y pocas ganas me faltan para tocarle a la puerta a esos vecinos que ni siquiera conozco para que me ofrezcan una tacita.

¿Y qué me dicen del olor a tocineta mientras la cocinan? Le despierta el apetito hasta al más vegano.  

Hay otros olores que no son tan agradables, como cuando vas haciendo la ruta y te topas con el camión de la basura. Acelero el paso para salir de eso lo más pronto posible. Si hay alguna calle por la que pueda huir, ¡por ahí mismo es que me voy!

Controlar la inhalación funciona, pero cuando de olores desagradables se trata, no siempre hay escapatoria. 

¿Y qué opinan del conocido "paseo o camino de los gatos"? Para quienes nunca hayan tenido la oportunidad de caminar o correr por esa área, esta queda al final del Paseo La Princesa. En total hay 1.6 millas de distancia y apreciar el amanecer desde aquella zona es espectacular. 

El único detalle que a muchos no les agrada, y por el que detestan correr por allí, es que gran parte del tramo es dominado por el mal olor que expiden los excrementos de los gatos que se apoderan de la zona. Correr "por los gatos" requiere de mucho esfuerzo mental y respiratorio. 

Otro asunto con el que he tenido que lidiar es con la colonia que se aplican algunos caballeros o el perfume de algunas damas para correr. Me ha pasado en eventos, en los que coincidimos en toda la ruta y resulta más retante conquistar millas con ese aroma tan fuerte. 

Difícil también es tolerar una corrida temprano en la mañana en las que te sacude el humo del cigarrillo, el olor de la gasolina, el humentín de los mofles y el olor de algún mangle. 

En cambio, ¡es rico el olor del salitre y del pan tostado! En ese constante inhalar y exhalar es fascinante cómo se estimulan todos nuestros sentidos.

De esos olores que "florecen" después de la corrida, mejor lo dejamos para luego ;-)

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