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Proceso natural

Manejo de nuestra muerte en un carácter individualista

¿Cómo puede diseñarse la muerte? ¿Cómo podemos hacer que se sienta más como la vida?

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(Shutterstock)
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Por más segura que sea, la muerte no siempre tiene espacio en las agendas de muchos mortales; no suele ser parte de sus planes a corto, mediano o largo plazo. Quizá, la compra de un panteón o ciertos arreglos funerarios ocupan la mente de adultos mayores porque supone una inversión de miles de dólares que, a veces, es mejor pagar a plazos evitando dejar como herencia ese dolor de cabeza. Algo similar ocurre con los testamentos. Pero resueltas esas cosas, ahí queda el asunto.

Sin embargo, hay quienes postulan que sobre la muerte hay que hablar desde los grados primarios para vivir esa etapa de la vida con sentido de plenitud.

“Si no reconocemos que es un misterio doloroso y a  la vez gozoso, nos quedamos sufriendo y lloriqueando por las esquinas, pidiendo lo imposible, como que regrese ese ser físico que tuvimos, o añorando los años que no volverán, peor aún las expectativas que nos hicimos con esa persona”, advierte Socorro Olivencia, psicóloga industrial organizacional que perdió a su hija antes de lo esperado y cuyos padres fallecieron con menos de 40 días de diferencia.

Asegura que tales pérdidas la hicieron entender que hay que celebrar la vida, y eso quiere que se haga en su funeral. “Quiero que brinden con cava (vino espumoso), que celebren mi vida y siempre he dicho que quiero que pongan la salsa “Cuando me muera”. Quisiera tener la alegría de que cuando me vaya la gente diga ‘la conocí y fue un ser generoso, me ayudó, estuvo con nosotros’, que pueda sentir que dejé una huella, porque si dejo una huella en los demás viviré eternamente”, anticipa Olivencia. 

“Amo la vida. Si estamos aquí es por una razón y nuestra razón es servir a otros, dar felicidad y vivir. En el caso de mi hija, jamás la llevaré a un altar, jamás tendré un nieto de ella… si no me despego de esas expectativas y empiezo a celebrar los años que la tuve, a disfrutar esos recuerdos hermosos, su vida y lo privilegiada que fui en ser su madre, pues, me derrumbo. Aparte de que uno tiene hijos, nietos, amistades, seres queridos que no se merecen una persona lloriqueando y añorando”, plantea sobre su modo de ver la muerte.

Si bien su plan no parece muy convencional y la propia Olivencia plantea que habría que verificar con la funeraria si permite consumir alcohol, los retos a la tradición ya se han hecho norma. Cada cultura tiene sus propios rituales en torno a la muerte, pero, con el tiempo, las nuevas generación le impregnan su toque particular.

Tal y como explica la profesora del Certificado en Tanatología Aplicada de la Universidad de Puerto Rico Shirley M. Silva Cabrera, en la actualidad el individualismo se impone con más frecuencia. Por ejemplo, en Puerto Rico más de una vez se han realizado velatorios en los que el cuerpo del difunto o la difunta es expuesto fuera del ataúd, o durante el cual los dolientes exhiben prendas de vestir con imágenes que celebran su vida o colocan pegatinas a sus autos que le nombran. 

“La tendencia en el manejo de nuestra muerte cada vez más está reflejando un carácter individualista. La individualidad se está viendo cada vez más en los rituales de cierre. Ya no es el sistema (el que se impone), es lo que yo quiero, lo que la familia quiere y extender lo más posible la identidad de la persona que murió”, plantea.

“En el siglo pasado, teníamos los funerales, pero los entierros han sufrido un impacto por la cremación y por los funerales creativos. Cada vez más, lo que es la parte de cierre de la existencia del ser humano a través de nuestros rituales, incluye elementos creativos. Hasta con los niños, se llevan juguetes, globos, camisetas…”, enumera.

A nivel mundial se observa el surgimiento de nuevas profesiones. En Puerto Rico, Silva Cabrera fue pionera de la tanatología, rama de la ciencia y de la salud “que estudia el proceso y manejo del evento muerte desde el diagnóstico de una enfermedad terminal o muerte inesperada (súbita, traumática) hasta el duelo en sus diferentes manifestaciones individuales y socioculturales”.

Más recientemente ha surgido el concepto de “doula” del fin de la vida, dando origen a instituciones como The International End of Life Doula Association, fundada en 2015 y con sede en New Jersey. Mientras, inspirado en la pérdida de tres de sus extremidades siendo un joven adulto, el doctor de cuidado paleativo B. J. Miller promueve la visión de rediseñar la muerte con estética, sensibilidad y algo de rebeldía, en fin, prepararse para ella con gusto. 

“Hagamos espacio, físico, psíquico, para permitir que la vida real llegue hasta el final, así que más que apartarse del camino, envejecer y morir pueden ser parte de un proceso de crecimiento hasta el final. No podemos solucionar la muerte. Mientras tanto, podemos planificar pensando en ella”, propuso hace un par de años en una conferencia TED. 

“Partes de mí murieron hace tiempo, y eso es algo que todos podemos decir de una forma u otra. Tuve que rediseñar mi vida alrededor de este hecho, y les puedo decir que ha sido una liberación comprender que siempre se puede encontrar un golpe de belleza o significado en lo que la vida te ha dejado, como esa bola de nieve que dura un momento perfecto, mientras se va derritiendo. Si amamos esos momentos intensamente, entonces tal vez aprendamos a vivir bien, no a pesar de la muerte, pero debido a ella. Dejemos que la muerte sea la que nos lleve, no la falta de imaginación”, expuso. 

Silva Cabrera sugiere conversar sobre la muerte con frecuencia y naturalidad, educar a los niños para ello, planificar y comunicar los deseos personales sobre el manejo de la salud, la enfermedad y la muerte para que cuando no se tenga capacidad para tomar decisiones, la familia y los amigos cercanos tengan directrices anticipadas y sepan qué hacer.

En cambio, cuando se sobrevive a la muerte de un ser amado, es preciso aprender a emplear otras destrezas incluida la de manejar reacciones diferentes con sensibilidad y compasión.

“Tengo una responsabilidad con mi ser de dejarme ayudar y coger esa energía que usaba para la persona que murió para exponenciar las bendiciones de que todavía puedo ser un ser útil para la sociedad hasta el último aliento”, sostiene la especialista en tanatología.

Plan para lo inevitable

  • Naturalizar la muerte, manejarla como un asunto natural y planificar para ella.
  • Educar y educarse desde la infancia.
  • Cultivar la espiritualidad ayudará a vivir y a morir mejor, así como a dar apoyo a otros ante las pérdidas.
  • Contemplar el concepto propio de la muerte, visualizarla y plasmar los deseos personales para cuando se esté ante ella.
  • Hablar de esto y comunicarlo a la familia y a los amigos para que todos estén al tanto.
  • Tener conciencia de que el duelo de los diferentes miembros de la familia también va a ser diferente.
  • En el caso de los niños, observar de cerca su respuesta a la pérdida, incluso por la muerte de una mascota, consultar con sus educadores y cuidadores para identificar cambios emocionales o regresiones y guiarlos. 
  • Contar con recursos como: lectura, pintura, diálogos, grupos de apoyo, apoyo de la comunidad espiritual y laboral, para canalizar emociones y deseos, y consultar con especialistas.

Fuente: Shirley M. Silva Cabrera, tanatóloga certificada, ‘fellow’ de la Association for the Education and Cunseling y profesora del Certificado en Tanatología Aplicada.

Parque Constelación
La universidad de Columbia,  tiene su propio DeathLAB, un espacio de investigación y diseño dedicado a concebir nuevamente la manera en la que vivimos con la muerte en la ciudad. Una de sus sugerencias es Constellation Park y (especulativamente) es un espacio bajo el puente de Manhattan en la ciudad de Nueva York.

Este parque se convertirá en un hogar para los muertos, de hecho para 5,000, y devolverá la energía latente en el cuerpo humano a una masa de luz pulsante. Como ilustra la imagen, esta masa crearía una constelación estrellada, que iluminaría el cielo nocturno.

Los investigadores añaden que sería brillante, resplandeciente, con “impresiones de memoria íntima individual” y “ciclos y energías de la vida”. Explica Karla Maria Rothstein, directora de DeathLAB, “iniciar la conversación sobre cómo abordamos la muerte en ciudades cada vez más densas es un componente esencial de cualquier investigación seria de la evolución urbana”.

Fuente: “La palabra con M” de WGSN (World Global Style Network)

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