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Perfil

Eli Cohen, el primer estudiante puertorriqueño en llegar a lo alto de la neurociencia

El estudiante de Medicina es el primero de la isla en iniciar un año de internado con el prestigioso profesor de Neurología, Neurociencia y Neurocirugía de la Universidad de Yale, Hal Blumenfeld

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Eli Cohen, estudiante de la Universidad Central del Caribe que hará un internado en la Universidad de Yale. (MUSA)
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Eli Cohen es un joven estudiante de tercer año de medicina de la Universidad Central del Caribe quien se apresta a realizar uno de los pasos más importantes en su incipiente carrera. Esto, gracias a un internado de un año en el laboratorio del reconocido profesor de Neurología, Neurociencia y Neurocirugía doctor Hal Blumenfeld, en la Universidad de Yale, en Connecticut. Es el primer estudiante procedente de Puerto Rico en alcanzar este logro.

Su conversación es diáfana y madura para sus 28 años. Transcurre como un intercambio agradable sobre su filosofía de vida, sus planes y lo que espera ganar de esta oportunidad que se alimenta de sus más profundo sentido de expectativa y su inagotable curiosidad… claro está, salpicados de una chispa por la vida que lo ha caracterizado desde su niñez y que cobra un nuevo significado en su adultez.

En estos días, su itinerario transcurre entre 12 a 16 horas de estudio. Hace un espacio en su agenda, pero no se desenfoca. Está claro de su objetivo y de su misión en esta vida. Reconoce que vive dejando que todo fluya, en estado continuo de “flow” le llama él.

“Todo lo que estoy haciendo, me lo estoy disfrutando y cuando me siento a estudiar para la reválida es un día que estoy eligiendo hacerlo y que no prefiero estar en ningún otro lugar que no sea en mi casa con la responsabilidad de meterle otras 16 horas porque esto me fascina”, dice, mientras resalta que ama aprender y no ve el proceso como un sacrificio. Se ríe y pareciera que su risa emana del corazón. Así nos cuenta cómo llega a la medicina y de las experiencias que han marcado su ruta hasta hoy.

“Toda mi vida ha sido básicamente un cuento de amor, de espiritualidad, todo basado siempre en estados mentales y espirituales; eso me fascina”, relata Eli, quien posee un bachillerato en Filosofía y Sicología y un concentración mayor en Religiones Comparadas en Hunter College, en Nueva York, pero que en escuela superior se destacó por practicar deportes, el teatro y Forensics. La combinación de su base académica inicial con su interés en el estudio del cerebro humano se entrelazan de una manera muy particular con una experiencia, llamémosle mística, con una visión acompañada de palabras divinas.

Alegre y desenfadado

Eli fue un adolescente ocurrente y “vacilador”, al que siempre le atrajo experimentar la condición humana en su máxima expresión. El segundo de tres hermanos, -la mayor es Talia, quien es abogada;  y el menor es Allen, a quien describe como un talentoso y creativo fotógrafo-, a menudo usaba el humor en su encomienda y menciona que no considera que fuera un estudiante comprometido en sus años de escuela superior.

“Cuando entré a la universidad, eso lo llevé a otro nivel, conociendo a mucha gente, fiesteando, saliendo y teniendo nuevas experiencias”, recuerda. Sin embargo, cuando terminó de estudiar, algo pasó.

Ante la prueba, elige vivir

“Cuando me gradué de la universidad, estaba saliendo de un año en el que tuve una extraña situación médica”, relata, al mencionar que comenzó a presentar parches y pigmentaciones en su piel, los cuales, luego de una biopsia, resultaron ser signos de una vasculitis.

La vasculitis es una inflamación de los vasos sanguíneos que ocurre cuando el sistema inmunitario del cuerpo ataca a los vasos sanguíneos por equivocación. De acuerdo a la Clínica Mayo, esta ocasiona cambios en las paredes de los vasos sanguíneos, que pueden limitar el flujo sanguíneo y ocasionar daños a los órganos y a los tejidos.

“A los 19 o 20 años no piensas en que no vas a vivir por siempre y esa fue mi primera experiencia de que no era inmortal. A veces, un pequeño recordatorio de que no vas a vivir por siempre es suficiente para agitar las cosas un poco”, señala, al mencionar que el proceso fue doloroso, tanto física como emocionalmente, pero aun así, eligió vivir. Su familia y sus amigos fueron su gran apoyo. Hoy, su condición está bajo control.

“Todo tiene un significado y podemos usar nuestras luchas para encontrar ese significado que estamos buscando o para rendirnos ante la vida. No todas las personas tienen el privilegio de vivir bien, de sentirse bien o de tener salud, pero todas las personas experimentan luchas y dolor, es un aspecto universal de la vida y yo lo usé para superar mi situación y también usé mi fe en Dios, y esa fuerza es la que propulsa mi destino hoy”, aclara.

Aun así, aunque “estaba en un estado de depresión general, decidí investigar más sobre mi condición para, quizás, ayudar a mis médicos. Sentí mucha frustración y me preguntaba por qué no podían curarme. En ese momento estaba finalizando estudios en Religiones Comparadas y tuve el más fantástico sueño, estando despierto”, relata.

Una visión traza su presente y su futuro

“Estaba con mi mejor amigo y de repente caí en cuenta. Cerré mis ojos y Dios puso una visión en mi mente. Recuerdo que en ella estaba rodeado de gente como yo, frustrada porque no mejoraban, porque sentían que no se les estaba dando la atención que necesitaban y en la visión me veía proveyéndoles lo que yo quería proveerme a mí mismo: un sentido de atención completa”, narra.

“Fue, literalmente, una visión de que quería ser médico. No puedo ponerlo de otra manera. Y esa fue la primera y única vez en mi vida que experimentaba algo que no estaba sucediendo en tiempo presente”. Con esa experiencia trascendental se ciñe a su plan original de regresar a Puerto Rico para decidir sobre su futuro académico y profesional.

“En ese momento no tenía ninguna clase de ciencias, no tenía ni Biología ni Química, nada; y pasé meses pensando todos los días, meditando sobre eso y me decía: ‘Eli, ¿realmente vas a estudiar premédica porque tuviste una visión de ser médico?’. Por seis meses estuve luchando con esa realidad que me fue confiada de la manera más sorprendente y extraña, su significado y lo que iba a hacer sobre ella”, recuerda, a la vez que añade que en una conversación con un amigo este le dijo, “Eli, el tiempo pasa volando cuando no estás haciendo nada”. La simple, pero filosófica aseveración le golpeó con todo su peso y le movió a tomar acción inmediata.

Cada paso manifiesta su llamado

Sus dudas se aclararon y, junto a su madre, Chana, fue literalmente a todas las universidades, pero, luego de seis meses en inercia, se le había hecho tarde para solicitar admisión. Esto, hasta que llega al recinto de Carolina de la Universidad de Puerto Rico.

Allí conoce a la profesora Marisol Rodríguez, del Departamento de Ciencias Naturales, quien le permitió navegar en el sistema universitario, ayudándole a conseguir las clases que necesitaba. Fue todo un reto, pero al llevar todos los documentos necesarios para matricularse ya tenía en su programa académico las clases de Biología, Química y Física, todas en un mismo trimestre.

“Ella me preguntó si iba a poder con las tres clases a la vez y le contesté ‘¡puedo hacer cualquier cosa!’. No sabía si yo mismo me lo creía porque nunca en mi vida había estudiado tanto, pero, de alguna forma, estaba intoxicado con mi visión y sabía que se iba a ser realidad. Esta era la primera vez que sentía que alguien creía en mí y eso lo llevaré por siempre conmigo”.

“Este es un lugar hermoso”

Es así como su paso por la UPR de Carolina comienza a clarificar sus metas y su destino. El reconocimiento no se hizo esperar y, a pesar de sentirse vulnerable por momentos, se repetía una frase que se convirtió en el mantra personal que fortalece su compromiso y reconoce a aquellos que habían visto un potencial insospechado en él hasta ese momento: “Este es un lugar hermoso”.

Y resalta emocionado que regresar a Puerto Rico ha sido la bendición más grande que haya ocurrido en su vida.

“Lo que he pasado no hubiera sido posible en cualquier en otro estado o en cualquier otro país, y todo empezó con Marisol en la UPR de Carolina”, medita y, adelantando en la cinta mental de su propia historia, narra que al finalizar su premédica llenó las solicitudes de rigor y una de sus aceptaciones fue en la UCC. Aunque no estaba seguro de cuál sería su selección, su padre, Ariel, le animó a ir a la UCC y dejar el depósito que aseguraría su espacio en la institución, y así lo hicieron. Pero, una vez más, una fuerza mayor, la casualidad o su destino hicieron de las suyas.

“Cuando llegamos, se nos explotó una goma del carro y en el estacionamiento, justo al lado de nosotros, estaba una mujer que nos comentó que cerca de la universidad había varias gomeras y nos dijo a dónde ir. Fue agradable que el encuentro aparentemente casual con esta mujer nos salvara el día”, recuerda animado.

Cuando regresaron de la gomera, allí estaba ella esperándoles. ¿Su nombre? Doctora Rosa Haiffe, y, como bienvenida, ella insistió en darles un recorrido por toda la universidad y mientras pasaba por cada departamento lo presentaba como el “futuro doctor Cohen, quien será parte de nuestra familia”.

“Al principio me sentía algo incómodo, pero, al final, ella me ganó y yo estaba convencido de que ese era el lugar donde quería estar. Una vez más, alguien percibió algo en mí y me quiso ayudar a alcanzar mis metas futuras”, dice convencido de que este encuentro fortuito selló su destino.

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Eli acompañado por su madre, Chana, y su padre, Ariel, durante el White Coat Ceremony.

Todo lo hago con el corazón

Si bien para Eli cada uno de sus esfuerzos está marcado por su firme creencia de que su destino está en ayudar a otros, razona que, a dondequiera que va, pone su corazón.

“Siempre llevo el corazón en la mano, completamente, y eso ha resultado en los éxitos más maravillosos, pero también en las decepciones más horribles”, menciona el joven, quien cree firmemente que cada existencia sobre esta tierra manifiesta la energía de Dios, algo que experimenta en todas sus interacciones.

De hecho, como parte de la búsqueda del entendimiento de esta conciencia mayor trabajó por más de un año en el Zoológico de Brooklyn como cuidador de animales, lo cual le ayudó a entender mejor la conciencia y el comportamiento de los animales.

“He sido bendecido con la experiencia de que, en cada aspecto de mi vida, Dios está presente, no desde el miedo, sino desde la gratitud”, establece firmemente, mientras en cada planteamiento da muestras de que vive su vida en torno a su fe y al apoyo e inspiración de su familia.

La neurociencia, su gran pasión

Eli tiene muchas pasiones en la vida. Sin embargo, hace claro que su constante deseo de conocer la condición humana desde sus variadas perspectivas ha sido el motor de su encuentro con la Neurociencia.

Explica que cuando llegó al módulo de estudio de esta materia en la UCC se encontró un día buscando libros de texto que pudieran abundar más sobre lo que había explorado en clase. Se topó con el libro Neuroanatomy Through Clinical Cases, del doctor Hal Blumenfeld, de la Universidad de Yale, quien es una autoridad en el tema de los mecanismos del cerebro en casos de epilepsia.

Diez minutos le tomó a Eli sentir un poderoso deseo de saber quién era el autor y conocer más sobre su trabajo.

“Me enamoré del estilo de él, de ese libro, y pensé que si alguna vez fuera a escribir un libro de texto lo escribiría de la misma forma. En ese momento me sentí instantáneamente fascinado y agradecido por este hombre, y esa misma noche le escribí”, relata. Y, en menos de una hora recibió una respuesta humilde y agradecida del doctor Blumenfeld. Se correspondieron por varios meses, lo que dio pie a que Eli pudiera participar de un internado de verano, donde conoció al autor que lo había cautivado e inspirado. Llevó su libro consigo y, en la dedicatoria, el doctor Blumenfeld le escribió que esperaba que en un futuro Eli pudiera enseñarle cómo realmente funciona el cerebro. “Sentí humildad y admiración por las palabras de un gran maestro”, señala notablemente emocionado al recordarlo.

Aunque el joven reconoce que aún no sabe cómo se las ingeniará para combinar sus múltiples áreas de interés con la carrera clínica y la científica que le espera, enfatiza que, si bien al hacerse esta pregunta en diferentes escenarios no ha sabido contestarla, siempre se manifiesta algo maravilloso en cada momento, por lo que no se preocupa mucho por esto en esta etapa del trayecto.

“Pero, si tuviera que imaginar cómo mezclar mis intereses, mis destrezas y el momento presente yo me imagino siendo un médico científico, porque me siento feliz cuando pregunto e investigo”, señala, para añadir que “mientras uno sigue vivo siempre tiene la capacidad de preguntar por qué. Mi proyección del futuro es que voy a ser educador de estudiantes de medicina y finalmente de practicantes de medicina. Me visualizo dando charlas sobre mis métodos, los cuales ni tengo la menor idea de cuáles serán”, agrega entre risas divertidas, y añade más seriamente que, además, se ve como el médico de su familia, de sus amigos, de sus colegas  y de la familia de sus pacientes.

Sus deseos se remiten, invariablemente, a su aspiración de ser ese médico que él hubiera deseado que lo ayudara en el momento en el que más lo necesitó en su vida.

Tampoco descarta la Neurocirugía, como una de sus posibles opciones.

En ruta a Yale

El 30 de julio de 2018 será un día emocionante para Eli, ya que ese será el primer día del internado con el doctor Blumenfeld. Espera conocer a muchas personas que le sigan ayudando a delinear su ruta profesional y de vida en la carrera médica.

Su consejo a quienes leen su historia es sencillo: mantengan la curiosidad y no abandonen el sentido de anticipación.

“Mantén la curiosidad porque esa curiosidad será la salvación de otros y no existe un mayor regalo en la vida que ayudar a quienes nos rodean”, recalca, para añadir finalmente, como una sabia aseveración, que “nunca, jamás tengas miedo. No dejes que las voces en tu mente definan tu narrativa. Nunca es tarde para realizar un cambio, para buscar la felicidad y la visión para tu vida. No te faltan las destrezas o las habilidades para alcanzar esos sueños y la confianza en ti mismo será el límite de cuán altos tus sueños puedan ser, y dictará el esfuerzo que realices para alcanzarlos. Por último, son la convicción y la creencia en nuestras habilidades las que nos permiten volcar al mundo ese esfuerzo en búsqueda de nuestra felicidad. A eso es lo que llamo vivir con anticipación”.

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