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Variados factores

La alimentación y el ejercicio: grandes aliados para la mujer tras el embarazo

A pesar de que técnicamente el embarazo y la lactancia ocasionan los mismos cambios anatómicos en todas las futuras mamás, su impacto en el cuerpo no es único ni igual para todas

  • Por El Tiempo
  • 30 AGO. 2018 - 10:00 AM
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La preparación física corporal es poca en muchos casos y, por tanto, las secuelas o los cambios posparto van de menor a mayor. (Shutterstock)
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Gestar una nueva vida, albergarla durante nueve meses en un cuerpo que tiene que reacomodarse para lograrlo; volverse a acomodar tras el parto y casi enseguida estar dispuesto a alimentar a un bebé cada dos horas, deja huellas en las mujeres que van más allá de ojeras marcadas, cansancio permanente y pérdida de la memoria.

"El embarazo que genera el milagro de la vida también produce en muchas mujeres, por no decir en la mayoría, el cambio de las formas. Las zonas estarán afectadas de acuerdo con la mayor concentración de adipocitos (células grasas) y que pueden ser cara, espalda, cintura posterior, brazos y muslos", explica el cirujano plástico Alan González.

Y señala que también -y casi inevitablemente- se verán afectadas las zonas donde se producen los principales cambios en el proceso de preparación para el crecimiento, desarrollo y alimentación del bebé; el abdomen, que será más prominente, y los senos, que lucirán más grandes.

A pesar de los evidentes cambios que sufre su cuerpo, la gran mayoría de mujeres no se preocupan durante el embarazo ni por el incremento en el tamaño de sus senos ni por la rapidez con que crece su barriga. Ni por las manchas que aparecen en la piel, ni por el ombligo que se voltea ni por los pies que se hinchan.

"Su principal preocupación es por ese bebé que está por llegar y que todas esperan venga completo y con buena salud", dice el doctor Carlos Francisco Fernández, asesor médico de El Tiempo. "Las preocupaciones estéticas no son una prioridad explícita por las mujeres en embarazo. Esas se presentan después del parto, y tal vez, como consecuencia de la caída de los progestágenos (cambio hormonal)", añade Fernández.

A pesar de que técnicamente el embarazo y la lactancia ocasionan los mismos cambios anatómicos en todas las futuras mamás, su impacto en el cuerpo no es único ni igual para todas y depende de muchos y muy variados factores que también tienen que ver con la genética.

El cirujano Alan González explica que el impacto de dichos cambios está asociado con la edad de la mujer gestante, la cantidad de peso que aumentó durante el embarazo y el tiempo en que lo ganó. "Si la subida de peso es muy rápida, le aparecerán estrías; si es muy alto el aumento de peso, les dejará flacidez de piel residual una vez vuelva a su peso normal, en caso de que logre regresar al mismo; y en otras se combinarán flacidez, aumento de peso y estrías", señala.

Cuando una mujer se embaraza estando en su peso normal y sube de 18 a 22 libras de manera gradual durante los nueve meses, cuidando la alimentación y los antojos, hidratando la piel durante los cambios fisiológicos, el embarazo le dejará muy pocas secuelas, añade González. "Lastimosamente, la preparación física corporal es poca en muchos casos y, por tanto, las secuelas o los cambios posparto van de menor a mayor", sigue.

Los senos, foco de atención

Por la labor que cumplirán una vez nazca el bebé, los senos son una de la parte que más cambios presenta. "La lactancia es el periodo en el que se evidencian los cambios más importantes en los senos, que presentan un aumento del volumen que está marcado por factores genéticos", agrega Carlos Francisco Fernández. Y añade que es probable que también haya cambios en los pezones y areolas con aumento de tamaño y también de coloración, que son pasajeros. En algunas mujeres también se puede presentar flacidez por pérdida del volumen mamario (atrofia del tejido) o aumento del volumen mamario por el peso que no se logró bajar.

"En estos casos casi siempre se presenta flacidez secundaria al posparto, lo que, generalmente, lleva a un inconformismo por parte de las mamás, una vez terminan la lactancia y disminuye el volumen de los senos", dice González.

Por su parte, Carlos Francisco Fernández asegura que es un mito aquello de que los pechos se caen por amamantar al bebé. "Se caen por el paso del tiempo acorde con la genética de la mujer", enfatiza. De acuerdo con el último estudio al respecto realizado por la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos, los implantes mamarios no comprometen la anatomía y función de la glándula; así que una mujer con cirugía en sus senos puede amamantar sin ningún problema para ella y sin riesgo para su hijo.

"Una mujer con implantes siempre podrá lactar", explica González. Y agrega: "Las mujeres con poco seno tienen poca glándula mamaria, por lo cual la cantidad de leche materna que producirán será muy limitada y por ende el tiempo de lactancia también, algo que se notará más a medida que el bebé crece y sus necesidades de alimentación aumentan".

Otra de las secuelas es el sobrepeso tras el embarazo. Al respecto, siempre se ha asegurado que lactar al recién nacido ayudará de manera importante a que la mamá regrese pronto a su peso habitual. "La producción de leche materna requiere de energía. Este gasto energético promueve el consumo de las reservas acumuladas durante el embarazo, hasta lograr el equilibrio que se tenía antes de la concepción", explica Fernández. Según la Asociación Americana de Pediatría, cuanto más tiempo se amamante, más peso se pierde. La mayor pérdida de peso se produce a partir del tercer mes.

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