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Correlacionan pobreza con desarrollo físico, mental y emocional

La pobreza amenaza al cerebro

Desencadena una serie de situaciones que amenazan el desarrollo físico y mental, sobre todo en la niñez temprana

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La investigación nos dice que la pobreza puede ser uno de los factores de más riesgo para el desarrollo, obviamente depende de las condiciones ambientales y de las relaciones que el niño tenga con esos cuidadores significativos para él. (Shutterstock)
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La falta de oportunidades, experiencias o estímulos que supone vivir en condiciones adversas o de pobreza limitan las posibilidades de que niñas y niños desarrollen el máximo de su potencial o, por lo menos, le dificultan el camino, sobre todo cuando las adversidades se producen antes de los ocho años.

Esa correlación entre pobreza y desarrollo físico, mental y emocional puede parecer abstracta, difícil de cuantificar y tener excepciones, pero investigaciones científicas la han mostrado consistentemente. En Puerto Rico, un estudio novel comisionado por la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA) evidenció que enfermedades mentales afectan, sobre todo, a menores que viven en ambientes convulsos y comunidades pobres.

Titulado “Descripción de la prevalencia y del estado de situación de la salud mental de niños y adolescentes en Puerto Rico a 2016”, el trabajo publicado este año es el primer estudio que retrata el estado de salud mental pediátrica en el país. Se estima que unos 105,000 niños y adolescentes padecen una o más enfermedades mentales, y unos 62,000 más (13% de la población pediátrica) necesitan ser evaluados. En muchos de estos casos, la pobreza ha jugado un rol desfavorecedor.

“Se ha demostrado que la prevalencia de las condiciones de salud mental tiene un componente familiar, especialmente entre los sectores sociales de menos recursos, por lo que resulta necesario el desarrollo de un programa de educación e intervención preventiva y de manejo de las condiciones a nivel familiar en los residenciales y barriadas de Puerto Rico. Esta situación supone la necesidad de investigar más a fondo la situación y desarrollar un plan que viabilice una intervención concertada a nivel de familia en estos espacios sociales. Se debe estimular el trabajo preventivo en comunidades con características de riesgo (altos índices de violencia, pobreza, madres solteras) de manera que los familiares y encargados de los menores conozcan la importancia de la intervención temprana para prevenir o disminuir el impacto de los trastornos mentales en el funcionamiento psicosocial del menor”, recomienda el informe ejecutivo del estudio.

Incluso, en casos de niños dotados, la pobreza ha demostrado ser detrimental. Otra investigación local publicada en 2013 por el Instituto de Investigación y Desarrollo para Estudiantes Dotados descubrió que figuraba entre los factores que impedían identificar de forma temprana su potencial intelectual y, por tanto, sus necesidades.

“Mientras que un 16% de las familias con ingresos familiares de $25,000 hacen sus sacrificios por identificar a sus hijos (saber si son dotados); un 84% de las familias con ingresos mayores a $25,000 hacen lo propio. La diferencia de un 84% a 16% es muy marcada y hace que el proceso de identificar a los niños sea mucho más difícil en las familias con bajos recursos económicos”, apuntó, entonces, el director del instituto, Héctor Rivera.

Según la Encuesta de la Comunidad del Censo, para el año 2015 en Puerto Rico, el 46.2% de la población vivía bajo el nivel de pobreza de acuerdo con los estándares de Estados Unidos, comparado con el 13.5% en ese país. El Instituto del Desarrollo de la Juventud indica que casi el 60% de los menores de 18 años en Puerto Rico viven bajo el nivel de pobreza.

Muchas y diversas las carencias

“La pobreza es una situación de múltiples adversidades. Se enfrentan, muchas veces, a adversidad en la carencia o en la incorrecta ingesta de alimentos, adversidad en conflictos por el hacinamiento que suele haber en los ámbitos de pobreza; conflictos familiares, comunitarios… Se genera estrés también por la falta de trabajo en los adultos, pero es un estrés que incide sobre los niños porque no hay recursos suficientes en la familia para atender las necesidades que tienen”, analiza la doctora Marcia Rivera, socióloga y economista que ha dedicado gran parte de su carrera al estudio de la pobreza.

El estrés, en general, provoca que el cuerpo produzca sustancias entre las que se destaca el cortisol. Explica Rivera que esta se ha relacionado con efectos adversos a nivel de desarrollo cerebral y de conducta. Puede afectar por igual a niños que no vivan en medio de carencias materiales, pero estén expuestos a otro tipo de adversidad extrema o crónica como “donde haya estrés, que estén expuestos a peleas entre los padres, que haya un adulto de la familia continuamente deprimido o un padre extremadamente autoritario”.

“La ciencia está identificando que algunos problemas de conducta que se hacen visibles en la adolescencia, o de comportamientos violentos que se verifican en la adultez, están relacionados con esas primeras experiencias que esas personas tuvieron cuando eran niños y su cerebro estaba en formación. Eso hay que mirarlo con mucho cuidado porque no es que la gente esté loca, es que hay determinadas funciones que en un desarrollo normal del cerebro permiten, por ejemplo, generar unos segundos de pausa en lo que se procesa un reflejo. Cuando un niño tiene afectadas esas zonas del cerebro que llevan adelante la función ejecutiva, no tiene ese pequeño filtro”, explica.

Necesidad que no es material

Gloria de Llovio, psicóloga y educadora en desarrollo con especialidad en edad temprana, coincide en alertar sobre el impacto del estrés a causa de la pobreza, pero recuerda que puede haber fuentes de estrés que no son exclusivos de esta.

“Maltrato físico, emocional, violencia crónica, padres o madres con problemas de salud mental, enfermedad crónica, violencia doméstica, son factores adversos que pueden ocasionar lo que la investigación denomina como estrés tóxico. El estrés prolongado en la vida del niño o la niña tiene un efecto sobre el desarrollo estructural del cerebro, sobre los órganos, porque cuando estás en una situación de estrés continuo hay químicos que tienen efecto sobre el ritmo cardíaco, sobre la presión y pueden tener efectos o impactos en el bienestar físico de la persona que pueden ser perdurables. Mientras más temprano en la vida, más joven está ese cerebro y establecer esas conexiones neuronales (que podrían afectarse) se necesita para el aprendizaje, tanto para el desarrollo cognitivo como para el desarrollo emocional, la capacidad de regular las emociones”, detalla De Llovio.

De otro lado, reconoce que aun en medio de la pobreza puede haber importantes factores protectores. “La investigación nos dice que la pobreza puede ser uno de los factores de más riesgo para el desarrollo, obviamente depende de las condiciones ambientales y de las relaciones que el niño tenga con esos cuidadores significativos para él. Puedes no tener capacidad económica, pero tener capacidad emocional. El desarrollo del aprendizaje del ser humano es una combinación del factor biológico y el ambiental, desde la nutrición hasta la estimulación, las relaciones que tiene con sus cuidadores primarios, la gente con que se relaciona en su comunidad, sus maestros. En los primeros años es cuando está el desarrollo del cerebro más activo y esas experiencias impactan de manera más fuerte”, recalca.

Eso no impide, aclara, que en edades más avanzadas se puedan reducir los impactos de la adversidad y la pobreza. “Se puede aminorar, y de eso te puede hablar mucho Boys & Girls Club”, señala haciendo mención de una de las organizaciones con las que ha colaborado. “Precisamente, ese grupo de apoyo, tanto de los adultos como de otros adolescentes que conviven en esas experiencias que le proveen organizaciones como esta, ayuda a aminorar, le da un balance a la experiencia que puedan tener los niños”, señala.

De Llovio y Rivera coinciden en la importancia de procurar estas experiencias desde la infancia con programas de educación temprana, algo que también dificulta la pobreza.

Urge la educación temprana

“En Puerto Rico, el problema grave es que prácticamente no tenemos programas de atención preescolar. En Uruguay el 100% de los niños de cuatro años tiene un centro preescolar gratuito a su disposición. Y más o menos el 70% de los niños de tres años va a un centro preescolar gratuito. Uruguay se ha propuesto alcanzar la meta de que el 100% de sus niños en edad preescolar tengan el debido proceso de formación que los saque de la adversidad”, afirma Rivera, quien ha sido coordinadora de políticas sociales del Centro Latinoamericano de Economía Humana, en Montevideo, Uruguay.

“A veces hay mucho amor, pero no hay las posibilidades de una variedad de experiencias, por eso es tan importante la experiencia preescolar, un ambiente estructurado para el desarrollo de su aprendizaje. Definitivamente, el ambiente alrededor de los niños da una gran esperanza para que cualquier efecto que pueda tener la pobreza se pueda eliminar”, asegura, por su parte, De Llovio.

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