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Aprende a decir no

Es tu derecho y una forma valiosa de reescribir tu vida

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Aprender a decir “no” es una actitud de vida. (Shutterstock)
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La palabra “no” tiene un gran peso existencial. Unos la expresan con la mayor tranquilidad del mundo, a otros, les cuesta hasta articularla. Aunque todo depende de la situación y sus complejidades, lo cierto es que hay muchos momentos en la vida en que un “no” puede hacer una diferencia trascendental y todo apunta a que, ¡hay que decirlo!

“En mi práctica como terapeuta un factor denominador entre los pacientes es el peso que conlleva decir ‘no’. Pero, decirlo me parece que sea el problema principal, sino las historias que van más allá de esa palabra que crean una especie de atadura entre las personas que les dificulta tomar unas determinaciones más asertivas”, expresa el psicólogo consejero Nelson L. Jiménez Colón.

Explica que “todo entreteje en las dinámicas que construimos, donde se desarrollan nuevas historias, culturas, narrativas a ser escuchadas y respetadas, sin que estas sean opacadas por otros diálogos delimitantes. Es difícil entender el ser humano, como un individuo aislado. Ese proceso conllevaría liberarse de la familia, de la comunidad y de las ideas heredadas. Nuestra existencia es relacional...”, sostiene.

Advierte que cuando estas relaciones lastiman, oprimen y marginan, deben transformarse para que haya espacio para otras formas de dinámicas,  “que tienen la capacidad de reescribir sus vidas para  sentirse más seguras, confiadas...”, aconseja.

Aprender a decir “no” es una actitud de vida; “no es algo del momento o que nos sale siempre como queremos. Cada día estamos enfrentando nuevos retos personales, profesionales en nuestras relaciones y comunidades”, dice el miembro del Comité de Prevención de Violencia en la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

Al enseñar a otros:

  1. Está atento a sus historias y cómo estas dan forma al problema que desean transformar.
  2. Escucha las distintas narrativas de las personas y optemos por una actitud de respeto. No somos expertos en las vidas de las personas, solo ellos son sus propios actores y son ellos quienes podrán señalar nuevas opciones.
  3. Enséñales que pueden desarrollar una atención plena a lo que ocurre en sus vidas y cómo sus emociones les hablan a través de su cuerpo, de manera no crítica y de aceptación.
  4. Indícales que el problema es solo eso: el problema, que no está adherido a su cuerpo y que, por lo tanto, pueden darle otra forma que les permita continuar.
  5. Ayúdalo a reescribir nuevas historias alternas que le permitan aprender a decir “no” a eso que ya no desea y limita.

Consejos adicionales

  1. No nos sintamos culpables por decir “no”.
  2. Dar (adecuadamente) prioridad a nuestras necesidades, opiniones y deseos no es una manifestación de egoísmo, sino de responsabilidad, autoestima y madurez.
  3. Decir “no” cuando lo consideramos justo o necesario es la mejor forma de comprobar en qué medida se nos valora y se nos quiere por cómo somos en realidad.
  4. Permitámonos verificar que nuestras negativas no solo no rompen vínculos con los demás, sino que plasman un compromiso de sinceridad, respeto, responsabilidad y autenticidad.
  5. La confianza se fortalece cuando el diálogo y la interacción no se sustentan en falsos asentimientos y condescendencias.
  6. Si ejercemos nuestro derecho a decir “no”, podremos pensar que los demás hacen lo propio, y asentaremos una comunicación más fiable, veraz y fluida.

Fuente: Eroski Consumer

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