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Autoestima

Si no te arriesgas, no ganas

Aleja de ti el miedo al fracaso y aprovecha las lecciones que te ofrece

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No hacer nada no es la mejor opción. Un mundo de oportunidades se abre ante ti, si confías en tus posibilidades. (Shutterstock)
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Era una tarde de domingo, de esas a las que te dedicas a complacer a los tuyos, cuando, emocionada —pero perpleja a la vez— disfrutaba ver cómo mi pequeño siempre optaba por arriesgarse en cada jugada: perdiera o ganara. Esto no me impactó tanto, sino la confianza conque siempre optaba por  no deal y  cómo su voz,  expresión facial y su cuerpo sincronizaban  con su gracia decisional. ¿Quién dijo miedo? Con la  cantidad de tickets que ganó, escogió el juguete que realmente quería (¡el mejor premio de acuerdo con su éxito!)      

Sí, la vida es compleja. Cada día llega una ola de experiencias con sensaciones que van y vienen. Unas nos colman de mucha alegría. Hay otras (¡caray, y a la verdad que son muchas!) que nos golpean con furia, con una potencia arrolladora: es como nadar en contra de la corriente.

Sí, la vida es compleja y los fracasos son parte inevitable de ella. ¿La resolución? Ante esta realidad, los expertos en salud mental son claros: No debe haber vergüenza, ni miedo, ni tienes que lastimar tu autoestima. “Mejor pregúntate: ¿qué lección puedo aprender de este evento? Te sorprenderá que muchas veces tras un fracaso, se abren nuevos caminos’’, asegura el doctor en Psicología, Alfonso Martínez-Taboas.

“A todos nos gusta ser exitosos”, dice el pasado presidente de la Asociación de Psicología de Puerto Rico, quien explica que: “El éxito trae consigo prestigio, halagos, felicitaciones y a veces recompensas monetarias o interpersonales, pero, sin embargo, se sabe también que de todos  es errar y equivocarnos. No existe ni existirá un ser humano que no se equivoque o fracase en alguna tarea de la vida. Quizás, la única opción para no equivocarnos y no fracasar es decidir no hacer nada. Pero esto, a su vez tiene consecuencias penosas: estar inmóvil e invisible en un mundo competitivo y lleno de oportunidades”.

Las razones

Hay quienes le temen desmedidamente al fracaso. Para estas personas, el miedo tiene varios fundamentos. ‘’Uno de los más comunes es asociar la tarea fracasada con un reflejo de quién soy yo como persona. En vez de decir: “Fracasé en el examen de estadística”, la persona llega a los extremos de internalizar el fracaso y decir: “Soy un fracaso como estudiante”. Al asociar la tarea fracasada con el valor que tiene como persona, está poniendo en riesgo su autoestima’’, destaca el psicólogo.

La vergüenza es otro de los fundamentos más comunes. ‘’Para estas personas, un fracaso los hace más vulnerables sintiendo que son menos que otros y que los demás pensarán cosas despectivas sobre ellos’’, indica el doctor Martínez-Taboas.

Las consecuencias

Los expertos en este tema han encontrado que muchas personas que le temen al fracaso se vuelcan a un perfeccionismo extremo. ‘’El perfeccionismo implica verificar y repasar, a veces innumerables veces, un trabajo, para sentir un alivio momentáneo y decirse a sí mismo: “Estoy seguro aquí no puede haber un error”. Estas personas, usualmente, tienen otros rasgos de personalidad, tales como necesidad compulsiva de tener un control perfecto de las situaciones de vida y una necesidad de ser reconocidos por un trabajo “perfecto”.  Sin embargo, el costo es muy alto. Hay muchos estudios científicos que apuntan a que la gente con un grado alto de perfeccionismo tienen muchos conflictos interpersonales, poca tolerancia a la frustración, inflexibilidad cognitiva y un temor profundo de que al fin de cuentas encuentren algún error o defecto en su trabajo. No es de sorprendernos, pues, que mucha gente con un perfeccionismo extremo tengan historial de trastornos de ansiedad, somatización y estados depresivos’’, advierte el miembro de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

De “tú a tú” con el fracaso

Hay dos puntos esenciales. En primer lugar, ‘’toda persona que desea realizar un trabajo novedoso, que quiera ser pionero y que desea explorar áreas poco conocidas, probablemente cometa errores, equivocaciones y podría fracasar. Lo realmente importante es haber entrado en competencia y haber disfrutado el proceso, más allá del resultado final’’, recomienda Martínez-Taboas.

Añade, además, que en segundo lugar, hay evidencia clínica que apunta a que muchas personas aprenden, crecen, maduran y se transforman cuando algo no les va bien en su vida. En momentos así, ‘’podemos hacer reflexiones sobre lo que implica fracasar en alguna tarea de vida. En vez de lanzar una andanada de autocríticas e insultos, la persona trata de aprender del fracaso. ¿Qué pude hacer mejor? ¿Qué debo modificar? ¿Necesito trabajar en equipo? La contestación a preguntas como esas, abren la puerta a nuevas posibilidades, en donde el miedo no tiene cabida y sí la curiosidad para trascender el fracaso’’, reflexiona el catedrático de la Universidad Carlos Albizu.

Si no existiera el fracaso...

  1. Abraham Lincoln nunca hubiera sido presidente de Estados Unidos y mucho menos hubiese tenido la oportunidad de decretar la abolición de la esclavitud, pues fue de derrota en derrota para optar a un cargo público.
  2. El Mundo Mágico de Disney estaría solo en tu imaginación. Walt Disney fue despedido de su trabajo por no tener buenas ideas y carecer de imaginación. ¡Wow, aquí me perdí! De hecho, la misma empresa lo relata en su página web bajo el tema ''Nuestros empleados famosos''. 
  3. Windows no sería el sistema operativo para computadoras personales más utilizado en el mundo, pues la primera çreación de Bill Gates, Traf-O-Data, fue un derrotero.

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