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Lecciones de resiliencia

Saborea la vida desde la adversidad

Para los residentes de Culebra, isla municipio de Puerto Rico, enfrentar el paso del huracán María luego del huracán Irma, el año pasado, fue cuestión de poner en práctica todas las lecciones de una historia caracterizada por luchas cotidianas

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Los residentes de Culebra deben batallar con diversos fenómenos día a día, comenzando con la transportación hacia la isla grande. (Archivo de GFR Media)
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Sobrevivir a un huracán que destruyó su pueblo hace casi 30 años fue terrible, se convirtió en el referente de lo que es devastación, aun cuando están acostumbrados a enfrentar complejas dificultades con demasiada frecuencia. Por eso, para los residentes de Culebra, isla municipio de Puerto Rico, enfrentar el paso del huracán María luego del huracán Irma, el año pasado, fue cuestión de poner en práctica todas las lecciones de una historia caracterizada por luchas cotidianas.

“Culebra es de las comunidades más resilientes que he conocido y estoy bien orgullosa de ser parte de ella”, afirma una sanjuanera radicada en ese pueblo hace casi 20 años.

“Nuestro referente siempre va a ser (el huracán) Hugo porque es el que te marca, el que destruyó por completo y nadie sabía qué hacer”, recuerda la presidenta de la Fundación de Culebra, Luz Rivera Cantwell. Menciona, sin embargo, que hay otros fenómenos con los que tienen que batallar continuamente, como la imposibilidad de confiar en un sistema de transporte marítimo que es su enlace principal con la isla grande, del que dependen para conseguir servicios esenciales como cuidados médicos, suministros y medicamentos.

“Siempre ha sido un desastre, usando nuestro tiempo humano como quiere, y tenemos que sobrevivir eso todas las veces que tenemos que viajar”, recalca.

A pesar de todo, María también dejó su legado de lecciones. “Lo que sí hemos aprendido de esto... es que lo que realmente nos va a salvar como país es el sentido de comunidad y que como comunidad nos levantemos a hacer las cosas”, comparte.

Tan es así, que en una ocasión alguien le contó que a semanas del paso del huracán María en un barrio de la capital todavía había escombros a orillas de las calles, las sabandijas comenzaban proliferar y ella no podía entender por qué los ciudadanos no lo limpiaban.  “Le dije: ‘¡Dios mío! ¿Por qué no lo recogen?’. A nosotros nos toca, no le toca al gobierno. Si la gente cree que el gobierno está por el bien común, eso se acabó. Nosotros limpiamos con nuestro machete los palos que se nos cayeron y miramos al vecino del lado que no ha terminado y le decimos: ‘Vente, vamos a hacerlo’. Así hemos hecho. En esta comunidad las organizaciones sin fines de lucro hicimos un boletín informativo y al principio lo posteábamos todos los días porque no había ninguna comunicación”, narra.

Eso no significó que claudicaran a sus derechos ciudadanos. Rivera Cantwell apunta que cuando el gobernador Ricardo Rosselló visitó Culebra luego del paso del huracán María, temiendo que solo se fijara en lo evidente y se llevara una falsa impresión, los residentes llegaron hasta él para informarle las necesidades más apremiantes.

“Pero lo que podíamos hacer nosotros, estaba hecho”, recalca. La líder comunitaria explica que los horarios del servicio de transporte marítimo se regularon a pedido de la comunidad, y a casi siete meses del paso del huracán María, los residentes de Culebra cuentan con servicios básicos gracias a dos generadores comunales. Aun así, asegura que la capacidad de saborear la vida depende de “si entendemos que tenemos que caminar este camino y disfrutar cada cosa y cada bendición”.

“Podemos empezar desde que nos levantamos. Hacer una reflexión de cada pequeña cosa que tenemos, de que tenemos vida, una familia, de que tenemos un país que levantar, que tenemos un clima maravilloso, que respiramos, que comemos, que podemos disfrutar todas esas cosas, porque hay gente que no puede, hay gente que no tiene memoria, nosotros podemos recordar lo que nos hizo feliz, qué nos hizo reír… y todas esas pequeñas cosas que hacen la vida, porque si la gente piensa que la vida es trabajar y producir dinero, ¡qué hay que hacerlo! pero si creen que eso es (la vida) se equivocan porque cuando nos vamos el equipaje es bien liviano”, reflexiona la psicóloga infantil.

Enfatiza que las emociones, como la naturaleza, no siempre pueden controlarse, sentimientos y fenómenos naturales van y vienen, pero cuando no sea posible apreciar las pequeñas cosas se debe buscar ayuda, no solo de familiares y allegados, es preciso que sea profesional. “Hay tristezas normales, nos tenemos que caer como los niños para aprender a caminar, es parte de nuestra naturaleza, de nuestra vida, pero cuando ya todo lo vez con el cristal de la tristeza, con el cristal de que ‘no se puede’, del ‘no’, puede ser que estés en el momento de buscar ayuda”.

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