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Espiritualidad

Libera tu don especial

Siempre es un buen momento para hacer una introspección sobre los talentos que tienes y cómo puedes ponerlos al servicio de los demás

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Desde el punto de vista espiritual y cristiano, todos nacemos con dones, la clave está en cómo y para qué los utilizamos, los desarrollamos y los multiplicamos. (Foto Shutterstock)
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Cuando se habla del don especial que tiene una persona, generalmente se tiende a pensar que se distingue por hacer  algo sumamente extraordinario y muy por encima de lo que hacemos los demás mortales. Y no están del todo errados. Por ejemplo, puede ser un  prodigioso violinista que, a través de su música, ofrece paz y bienestar a quienes pueden escucharlo. O una religiosa que, con su ejemplo y acciones, es la voz de los que no la tienen, que se dedica en cuerpo y alma a ayudar a los más desafortunados.

Pero la realidad es que, desde el punto de vista espiritual y  cristiano, todos nacemos con dones, algunos con más y otros con menos. La clave está en cómo y para qué los utilizamos, los desarrollamos y los multiplicamos. Los ejemplos abundan. Entre ellos, desde tener el don del discernimiento espiritual, de ver más allá de lo que otros no ven, tener una alta sensibilidad que permita ser empático con el dolor de los que te rodean, hasta utilizar tus talentos en la cocina para dar de comer a quienes lo necesitan.

Cabe aclarar que cuando se utiliza la palabra don desde la fe religiosa cristiana, se vincula con algo que Dios otorgó al ser humano, que es innato, explica la doctora Naychaly Rivera Nieves, psicóloga clínica y directora del centro PIENSA Psicología Innovadora.  Sin embargo, destaca que cuando se habla de  don, desde el ángulo de la espiritualidad, se puede intercambiar con la palabra talento, aunque con una acepción más amplia.

“Por ejemplo, en el área de la espiritualidad se puede considerar que una persona tiene un don porque tiene visiones o clarividencias, es una persona más intuitiva o tiene un don para la sanación”, explica la consejera. Pero advierte que también se debe establecer que hay que  tener mucho cuidado porque hay una zona muy subjetiva “y las personas pueden ser fácilmente engañadas por otras que dicen tener dones”.

Un dato importante, agrega la psicóloga, es que cuando una persona tiene un talento particular, por ejemplo desde la parte intuitiva de las percepciones, siempre se desarrolla muy temprano en la infancia. “Lo que pasa es que el que tengas algún don no necesariamente significa que lo desarrolles al mismo nivel que otro lo puede hacer”, agrega Rivera.

Lo que no está en discusión es que todas las personas nacen  con un regalo o don que necesitan utilizarlo como una herramienta para ayudar o hacer el bien, afirma Sharon M. Koenig, escritora puertorriqueña de temas espirituales y conferenciante internacional radicada en Miami, quien estuvo recientemente en la isla para presentar su tercer libro “Desde Om hasta Amén”.

“El propósito es lo que vas a hacer con ese regalo que Dios te dio. Por eso creo que la habilidad que tienes se eleva a don cuando se utiliza para beneficio de la humanidad. Esa es la diferencia entre tener un don o simplemente tener la facilidad o habilidad para hacer algo”, agrega Koenig.

La autora pone el ejemplo de una bonita semilla de algarroba que en una ocasión le regalaron como símbolo de buena suerte. “Dentro de esa semilla hay un propósito y todos nosotros somos una semilla que está por florecer; lo único que tenemos que hacer es sembrarla, darle unos cuidados, quitarle las malas yerbas y que le dé el sol, que me gusta decir que es la luz de Dios. Así, esa semilla va a florecer y va a ayudar a un ecosistema”, asegura la escritora.

Por eso cree que todos somos interdependientes con el resto de la naturaleza, aunque dice que a veces los seres humanos  “tratamos de buscar el propósito en otras semillas”. “Si somos un árbol de limón queremos ser uno de china y siempre estamos compitiendo.  Así que el propósito está dentro de cada uno de nosotros; tiene que ver con esa facilidad que tengamos de hacer ciertas cosas”, agrega.

Precisamente, un día como hoy, de recogimiento espiritual, de renacer para el mundo cristiano, puede ser un buen momento para  hacer una introspección sobre los dones o talentos que tienes y cómo puedes ponerlos al servicio de los demás, propone  Rivera.

“Al final del día, el talento o el don es poder sentirte conectado con tu misión de vida, más allá de trabajar y tener familia. Es cómo tú sientes que ese talento particular -que puede ser el saber escuchar con atención a alguien que necesita ser escuchado-, te hace único. Pero es algo que debes comprender que lo puedes hacer y que beneficia a otra persona. Si no lo sabes, puedes hablar con tú guía espiritual, un profesional o alguien que te ayude a identificarlo y auto descubrirte”, explica la psicóloga, quien cree que todos los seres humanos deben tener un proceso de autoconocimiento.

“Tiene que haber una actitud amigable de exploración y de poderte desarrollar para sentirte realizado. Esto puede ir desde lo más simple, como cocinar, si tu vocación interna es llevar un plato exquisito a la mesa de alguien y hacer feliz a una persona”, expone Rivera.

El bien común

Por eso Rivera cree que ese talento-don se convierte en una gran responsabilidad porque cuando no se desarrolla o no se ejecuta “comienza a ser contrario a ti, sientes que no estás cumpliendo tu misión en la vida”.

“Hay personas que tienen múltiples talentos y hay otras que solo tienen uno. Pero ese que solo tiene uno lo puede desarrollar más y dar más bienestar que el que tiene muchos y no los desarrolla. Todo depende de cómo lo pones a producir en la medida de tus capacidades. Hay una parábola preciosa en la Biblia sobre los talentos, sobre qué hiciste con los que Dios te dio, sa uno o diez, lo importante es que los puedas multiplicar para el bien común”, señala la consejera, mientras destaca que hoy, Domingo de Resurrección, de espiritualidad o de “conectar con seres superiores, puedes preguntarte qué estás haciendo  con tus talentos o dones”.

“Es un momento de hacer renacer lo que ya tienes de manera innata. Es momento de sembrar y cosechar para beneficio de todos. Pero en la medida que te estancas y no le permites a la vida desarrollarte y dar eso que tienes, otros siguen necesitando de ese don que tienes”, advierte Rivera.

De hecho, tanto  la tradición budista como la ciencia dicen que todos somos capaces de ser más claros y compasivos, de cultivar nuestras capacidades para el bien común, explica el monje budista José L. Díaz de Villegas Freyre, quien destaca que en la tradición budista mahayana se dice que todas las personas, sin excepción, tienen como fundamento una mente sabia y bondadosa, démonos cuenta o no.

“Está más allá del pensamiento y en ella no hay un yo que se sienta separado de lo que hay ‘allá afuera’. Es  una visión muy democrática porque no excluye a nadie. Cualquiera es capaz de ver esto, con práctica diligente”, agrega.

Lo que pasa, indica Díaz de Villegas, es que nuestros hábitos mentales y acondicionamiento, hacen que se nos haga muy difícil verlo. “El propósito de la práctica contemplativa o meditación, es ir limpiando los espejuelos de nuestra mente, por así decirlo, para que veamos más claramente lo que ya está aquí”.

Propósitos en la vida

Según explica Koenig, a lo largo de la vida todos tenemos diferentes propósitos, según se van desarrollando los talentos. “Creo que cuando tienes un regalo y haces que se desarrolle para regalarlo a los demás, se convierte en una herramienta poderosa para que otras personas crezcan”.

De la misma forma, resalta que hay personas que tienen un don y no lo utilizan por temor, algo que según cree sucede con frecuencia.  “Es un camino de crecimiento. Los dones puedes utilizarlos para diferentes cosas, pero no alcanzan el nivel de don hasta que llegas a disfrutarlo y regalarlo para que otros se beneficien o puedas ser de inspiración”, opina  Koenig, quien cree que el don “más especial es cuando se lo ofreces a Dios”.

“Cuando haces eso, te despegas del resultado y te conviertes en una herramienta o instrumento para ayudar a otros”, enfatiza la escritora, tras recordar que luego del paso del huracán María, Puerto Rico ha tenido  un sufrimiento muy grande del que todavía no se ha recuperado. Por eso, al igual que la naturaleza ya comienza a renovarse, recomienda que los puertorriqueños busquen ayuda para sanarse. Algo que a su juicio, es necesario para “dejar de mirar atrás” y comenzar a mirar hacia el futuro porque “este es un pueblo de mucha resiliencia”.

Prácticas que ayudan

Según el monje budista José L. Díaz de Villegas, hay prácticas que pueden ayudarnos a  cultivar nuestras capacidades para el bien común.

Una de ellas, explica, es dejar que tu atención descanse en la respiración y cada vez que se distraiga dejar que regrese a ella, sin juicio ni comentarios. “Al hacer esto vas viendo tu actividad mental y cómo ella va creando el sentido de un yo separado, al cual  pensamos que tenemos que proteger por todos los medios. Al ir suavizando el agarre de este yo, van aflorando la claridad y bondad que siempre estuvieron ahí”, agrega.

De hecho, destaca que la  ciencia ha validado varias prácticas que fomentan estados de bienestar y nos ayudan a ser más efectivos y bondadosos.

“Un elemento que muchas comparten es que tienen que ver con las relaciones y el bien común. Resulta que la búsqueda de la felicidad no funciona  muy bien si lo haces solo por ti. Igual que con las prácticas budistas, todos tenemos la capacidad de cultivar estas capacidades. Algunas prácticas cultivan la resiliencia o el asombro, otras la compasión o el perdón, por ejemplo. Y sí, está incluida la meditación”, afirma Díaz de Villegas.

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