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Agentes de cambio

Mujeres que transforman vidas desde su especialidad

Son féminas que con su talento, vocación y sensibilidad han tocado la vida de muchos dándole la oportunidad de un nuevo comienzo...

  • Por Ileana Delgado, Francisco J. Díaz y Shakira Vargas
  • 18 MAR. 2018 - 05:00 AM
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Desde la izquierda, la doctora Carmen M. Zorrilla, Nory Bonilla e Hilda Arias. (andre.kang@gfrmedia.com)
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Son agentes de cambio. Féminas que con su talento, vocación y sensibilidad, han tocado la vida de muchos dándole la oportunidad de un nuevo comienzo...

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Nory Bonilla (andre.kang@gfrmedia.com)

SERVIR CON EL CORAZÓN 

Hay personas que nacen para servir. Son el tipo de seres humanos que sacrifican mucho en su vida con tal de ayudar al prójimo. Este es el caso de Nory Bonilla, quien por 37 años ha trabajado en la Cruz Roja Americana, Capítulo de Puerto Rico.

Ya sea de asistente administrativa o formando parte del equipo de Servicios en Respuesta a Desastres, Bonilla ha estado presente en un sinnúmero de desastres naturales que han pasado por Puerto Rico en las pasadas cuatro décadas. Esta madre y abuela comenzó a trabajar con la Cruz Roja muy temprano en su vida, luego de completar sus estudios en Orocovis.

A pesar de comenzar como asistente  administrativa, fue moviéndose de trabajo y responsabilidades, logrando ver distintos ángulos y enfoques dentro de esta organización sin fines de lucro.

Comienzos
Su primera experiencia fuera de las oficinas de la Cruz Roja se le quedó marcada para siempre. “Recuerdo que hubo un periodo de fuertes lluvias y grandes inundaciones. Llegamos hasta una casa en Cataño y encontramos a una persona prácticamente con el agua hasta el cuello”, contó Bonilla.

“Le di la mano y le dije que éramos de la Cruz Roja. Fue entonces que la persona me dijo 'No la voy a soltar hasta que llegue ayuda hasta aquí'. Y así pasó. Me di cuenta en ese momento que yo era su seguridad, por lo que no lo solté por dos horas, hasta que lo lograron sacar de su casa”.

Esta experiencia le ayudó a manejar otro tipo de situaciones de emergencia como fue el paso del huracán Hugo por la isla, donde varios familiares tuvieron un serio accidente al ir a ayudar a unos refugiados; como el derrumbe de Mameyes, en Ponce, donde Bonilla, mientras estaba embarazada, formó parte de la expedición que estuvo ayudando a los sobrevivientes.

“Fue muy fuerte ver las manos de las personas levantadas en el aire mientras estaban cubiertas por los escombros”, indicó Bonilla. De la misma forma, trabajó activamente para la Cruz Roja luego de que el huracán Georges destrozara la parte norte y centro de la isla. Después de ese huracán, Bonilla estuvo unos 10 días sin poder comunicarse con su familia en Orocovis. 

Ante todas estas experiencias, Bonilla comentó que de cada una de ellas ha aprendido algo. “Sobre todo, me ha enseñado a lidiar y pasar por distintos procesos de humanidad”, comentó Bonilla, quien actualmente trabaja en el Departamento de Servicios en Respuesta a Desastres. “En el caso del reciente huracán María, me enseñó la gran necesidad que tiene nuestro pueblo y lo debilitado que estaban nuestros sistemas eléctricos y de agua. Fue una experiencia dolorosa, pero a la vez siento satisfacción al ver cómo el pueblo ha seguido luchando para ponerse de pie nuevamente”.

Importante ayuda
Para esta orocoveña, la Cruz Roja es una gran escuela para todos en la isla, ya que le enseñan a la comunidad cómo prepararse ante el paso de un fenómeno atmosférico. “Tenemos programas que llevamos a distintas comunidades alrededor de la isla y eso permite difundir y regar la voz sobre cómo debemos actuar en ciertos momentos”, añadió Bonilla. “Me siento muy orgullosa de ser parte de una institución como esta, con unos principios de humanidad sumamente altos. Puerto Rico necesita mucho de nosotros”.

A pesar de llevar unos 37 años trabajando para la Cruz Roja Americana, la pasión que siente  Bonilla por su trabajo es igual de grande que cuando comenzó. “Siento pasión por lo que hago y lo llevo a cabo con el corazón. Lo veo como una aportación al pueblo para asegurarnos que tenga todo lo que realmente necesita”. 

(Por Francisco J. Díaz)

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Doctora Carmen M. Zorrilla (andre.kang@gfrmedia.com)

"EL TALENTO HAY QUE UTILIZARLO"

En su primer año universitario y a instancias de su novio -que también estudiaba medicina-, acudió a un profesor de psiquiatría en busca de orientación, quien le dijo que “las mujeres no deben estudiar medicina porque después se casan, tienen hijos y no le devuelven al país la inversión”. 

Afortunadamente, la doctora Carmen M. Zorrilla no le prestó atención a ese camino de prejuicio. Hoy es la responsable de lograr que Puerto Rico fuera la primera jurisdicción en establecer como política pública el tratamiento gratuito a mujeres con VIH durante el embarazo. Además, junto a su equipo, logró prevenir desde el 2003 la transmisión del virus de madre a infante, más de una década antes de que en el 2015  la Organización Mundial de la Salud (OMS) le adjudicara a Cuba ser el primer país en el mundo en lograrlo.

Y aunque la investigadora, quien es la directora del Centro de Estudios Materno Infantil (CEMI), donde comenzó su investigación con el medicamento AZT en mujeres embarazadas en 1986, dice que es loable que en la isla vecina también haya detenido esa cadena de contagio.  Pero espera demostrar pronto, con datos estadísticos y pruebas, lo que ella y su equipo lograron hace casi 15 años.

“El talento hay que utilizarlo”
Es una máxima que la investigadora ha seguido desde aquel funesto momento, hace ya 40 años, en que le dijeron que no estudiara medicina. Según cuenta, luego fue en busca de consejo con una maestra del colegio donde había estudiado, sor Elisa, quien le habló de una parábola de la Biblia sobre los tres talentos que se le dieron a tres individuos y lo que ellos hicieron: uno lo enterró por temor a perderlo y los otros dos lo multiplicaron de acuerdo a sus capacidades.

“Eso me convenció de que si yo tenía un talento no podía dejar de utilizarlo. Y eso ha sido mi guía en todas las decisiones de mi vida, si yo creo que puedo aportar, ya sea a mi familia o al país, lo voy a hacer”, enfatiza la científica, aunque dice que no enterrar los talentos tiene unas consecuencias si eres una mujer.

“Tan pronto me llegó la carta de aceptación de la Escuela de Medicina mi novio me dejó sin decirme por qué, lo que me dejó muy deprimida por un tiempo. Luego de 20 años me llamó para pedirme perdón y me dijo que en aquel momento él entendía que no podía casarse con una colega. Así que yo sacrifiqué una posible relación por poder manifestar ese talento que tenía. Pero la vida es maravillosa, encontré el novio adecuado, hice una familia y tengo una hija. Dios me sacó del camino a alguien que no era para mí”, cuenta entre risas, tras indicar que debido a esa experiencia valora mucho su profesión “y no la voy a dejar porque alguien no quiera que esté ahí”.

De complexión menuda, ojos inquisitivos y risueños, como de niña grande, la doctora Zorrilla trasmite una energía y un entusiasmo contagioso.  Dice que es curiosa, pero solo para lo que tiene que ver con las ciencias  y afirma que le encanta conceptualizar proyectos de investigación y  luego analizar los resultados. Pero sobre todo, le gustan los que tienen impacto   en la población.  

Habla con entusiasmo de lo que hace, que es obvio le apasiona, mientras resalta la importancia de la salud pública y de mantener informada adecuadamente a las comunidades sobre los problemas que las afectan para que se involucren y tomen medidas de prevención proactivas.  “Con  el VIH yo he aprendido que hay que involucrar a la comunidad, que se tiene que hablar de lo que está pasando y que hay que ser más  transparentes cuando hay problemas de salud pública”, enfatiza.

Precisamente, comenta sobre la experiencia reciente con un modelo de cuidado prenatal grupal que surgió de una propuesta que hizo y que espera poder replicarlo de nuevo a través de los Centros 330 y el Hospital Universitario.  

“Es para mujeres embarazadas con sus parejas –puede ser el padre del bebé o un familiar que ella escoja-, para ir a unas citas de dos horas cada dos semanas con el obstetra”, explica Zorrilla.

Durante ese tiempo, las mujeres y sus acompañantes participan en unas dinámicas y se adiestran en el proceso de parto,  ejercicios de respiración,  nutrición, lactancia y seguridad del infante.

“Pudimos demostrar con datos estadísticos que las  que participaron, que son mujeres con embarazo de alto riesgo, tuvieron bebés de más peso y menos incidencia de partos prematuros que las que tenían cuidado rutinario”, comenta con orgullo la obstetra, mientras destaca el efecto positivo de involucrar al padre o al familiar en todo el proceso.

Para esa época, recuerda que también surgió  la epidemia de zika en mujeres embarazadas y decidieron hacer unos grupos  para poder enfocar cuáles eran las preocupaciones de esas mujeres que le referían con diagnóstico de zilka. 

“Con toda mi experiencia de haber trabajado con mujeres embarazadas con VIH, vi muchos paralelos. Los dos son virus, los dos afectan la sexualidad y la imagen que tenían de ellas. Por ejemplo, tenían temor de revelar su diagnóstico, sentían culpa porque creían que no se habían cuidado”, explica la investigadora. 

Nuevo proyecto
El efecto de un desastre natural en la mujer embarazada y, por consiguiente, en el feto es real, dice la doctora Zorrilla. Precisamente, destaca que ahora mismo hay un llamado para hacer propuestas de investigación que tengan que ver con el huracán y sus efectos. En su caso, espera poder hacer una sobre el impacto del estrés en las mujeres embarazadas y sus hijos.  

Por ejemplo, explica que ha encontrado que el estrés materno causa una alteración en el ADN, lo que significa que hay un impacto biológico del estrés materno en ese feto.  

(Por Ileana Delgado Castro)

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Hilda Arias (andre.kang@gfrmedia.com)

MOVIDA POR EL BALANCE
Ha sido una apasionada de la salud, del entrenamiento físico y la comida saludable. A medida que se iba comprometiendo con este estilo de vida, impartía consejos basados en su experiencia y le motivaba el que las personas obtuvieran resultados positivos. 

Con esto como norte, Hilda Arias sintió la necesidad de llevar ese mensaje y los beneficios de tener buenos hábitos alimenticios. La muerte de su padre a los 59 años causada por un cáncer colorrectal le impactó considerablemente, al punto que cambió su alimentación inclinada al vegetarianismo.  

“Se trata de tener control y comencé a aplicarlo en mi vida en todos los aspectos. El ejercicio no era por una temporada, sino que me comprometía en un gimnasio, cumplía y veía resultados, y siempre me he mantenido en peso. En cuanto a la alimentación, no como carnes rojas, las porciones de comida son pequeñas y modifiqué las frituras; todo dentro de lo que te crea un buen balance”, indicó la empresaria, quien disfruta de correr de 2 a 4 millas al aire libre como parte de su rutina.

“Mi meta final era que cuando yo fuera mayor, vieja, que tuviera nietos, yo me pudiera tirar al piso con flexibilidad y tuviera agilidad. Ya tengo nietos y puedo hacerlo. Yo acepto la vejez, pero me quedo satisfecha de que hice lo que pude por cuidarme”, contó Arias, quien aclaró que no es nutricionista, sino que es una “mujer de mercadeo” que ha compartido su conocimiento y recetas para que las personas puedan vivir de manera óptima. 

Un cambio en su vida la impulsó a ejecutar su deseo de desarrollar un negocio en algo que le apasionara, con el que pudiera guiar, aconsejar a las personas y le permitiera ser económicamente independiente. 

Luego de ver una entrevista que se le realizara a la actriz Jennifer Aniston en la que decía que recibía un servicio de unas personas que le llevaban la dieta a su casa en la madrugada, despertó ese interés y lo vio como una oportunidad para desarrollarse.

Arias fue incursionando en el mundo de la cocina. Nada llega gratuito, tuvo que aprender a cocinar. Incluso, ha viajado a tomar cursos no solo para educarse, sino también desde el aspecto nutricional. 

“Esto me dio base para crear nuevas dietas. Aprendí a arriesgarnos, a que las personas quisieran comer vegetariano totalmente”, explicó esta empresaria, quien junto con una nutricionista confecciona dietas nutritivas, saludables y personalizadas de acuerdo a la necesidad y condiciones de salud de las personas. 

“Haber contribuido e impulsado para que las personas coman bien me hace sentir orgullosa, pues no visualizaba que fuéramos a tener un impacto tan grande”, expresó la propietaria de Diet Home, empresa que está por cumplir 15 años de establecida y próxima aseguir evolucionando. 

“Hace 10 años no se hablaba tanto de comer más saludable como ahora. Hay mucha consciencia y la práctica de hacer ejercicios ha aumentado muchísimo. Ha sido de beneficio general”, indicó a la vez que comentó, "tengo un cliente de 87 años que con el cambio de alimentación que le ofrecimos, ha podido tener cinco años de calidad de vida sin diálisis. Le controlamos toda su dieta. Esa es la satisfacción, que no solo las personas cambian su físico, sino que ganan salud", finalizó. 

(Por Shakira Vargas Rodríguez)

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