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Riesgo frecuente

Talleres que enseñan a caer, reducen el miedo y las lesiones en adultos mayores

A través de diferentes estrategias se busca evitar que ocurra o aprender a caer para reducir el impacto y las posibles consecuencias

  • Por El Mercurio / GDA
  • 15 FEB. 2018 - 02:00 AM
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El 80% de las caídas de las personas mayores se producen en el hogar. (Shutterstock)
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Se estima que uno de cada tres adultos mayores sufre una o más caídas al año. Un riesgo que aumenta con la edad, según datos de la Organización Mundial de la Salud: entre los adultos de 60 a 70 años, la prevalencia es del 25%, pero llega al 45% en edades más avanzadas.

El mayor problema es que una mala caída puede ser causa de fracturas y lesiones -cadera, antebrazo y húmero son las más frecuentes-, que afectan la calidad de vida de la persona, su autonomía e independencia.

"Es uno de los factores que generan mayor gasto en salud en esta población. Además, un porcentaje no menor desarrolla un síndrome de miedo a volver a caer, que los limita: no quieren moverse, se aíslan y deprimen", comenta el doctor Homero Gac, presidente de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile.

De hecho, una persona mayor que se cae una vez tiene mayor riesgo de volver a caerse en los próximos meses.
"No es algo malo tener miedo a caerse, pero te pone en mayor riesgo de sufrir una caída", dice a "El Mercurio" Diedeke van Wijk, fisioterapeuta a cargo del taller en Leusden.

Al igual que en Holanda, en diferentes centros de Europa, Asia y EE.UU. se han comenzado a impartir este tipo de cursos, considerando que el envejecimiento de la población aumenta la vulnerabilidad de las personas.

A nivel local también hay preocupación por el tema. El Ministerio de Salud cuenta con un manual de prevención de caídas, que se aplica a nivel de consultorios y centros de salud familiar.

Asimismo, diferentes hospitales y clínicas han incorporado protocolos similares, sobre todo para trabajar con pacientes geriátricos que ya han sufrido caídas.

"Hoy está muy recomendado el trabajo de prevención de caídas, mediante estrategias formales, pero es un trabajo más individual. Parte de la prevención es enseñar a caminar sobre diferentes superficies", dice Ricardo Vásquez, kinesiólogo de la Clínica Alemana.

El trabajo también se enfoca en mejorar la flexibilidad y potenciar la actividad física, para reforzar ciertos grupos musculares, comenta el doctor Gac, quien precisa que es esencial realizar una evaluación médica previa, para determinar la presencia de condiciones físicas y cognitivas necesarias.

En otros casos, se entrena sobre cómo caer. "Cuando una caída es inevitable, hay estrategias que ayudan a minimizar el impacto", explica Francisco Rodríguez, kinesiólogo de la U. Católica.

La recomendación es siempre utilizar las extremidades superiores para amortiguar la caída, en especial si se cae de frente o de lado. "Se trata de aumentar la base sobre la que se va a caer, no usar solo la mano, sino todo el antebrazo como apoyo. Eso hace un efecto rebote y el impacto en el cuerpo es menor", explica Vásquez.

En caso de que la caída sea hacia atrás, hay que evitar ponerse rígido y flexionar el tronco hacia delante. Formar una suerte de bola con el cuerpo. Ya en el suelo, si la persona está consciente y puede moverse, también hay técnicas que ayudan a ponerse de pie si no se puede recurrir a terceros.

"Lo primero es tranquilizarse y ponerse boca abajo; luego buscar una zona de apoyo para las manos y ocupar la pierna más fuerte para comenzar a pararse", dice el kinesiólogo. Se puede recurrir a una silla, mesa o algún elemento firme y vertical que facilite la incorporación del cuerpo.

Minimizar el riesgo

Los expertos dan una serie de recomendaciones para reducir el riesgo de una caída (el 80% se producen en el hogar).

  • Hacerse un chequeo frecuente de salud y tener todas las patologías bajo control.
  • Estimular la actividad física y ejercicios que favorezcan la movilidad.
  • No apresurar la marcha cuando va acompañado de otras personas.
  • Disponer de una buena iluminación en el hogar.
  • Instalar barras de sujeción en el baño (ducha y taza), escaleras y pasillos.
  • Evitar suelos irregulares, deslizantes y resbaladizos.
  • Eliminar obstáculos (muebles, por ejemplo) que puedan entorpecer la marcha.
  • Utilizar zapatos cómodos, que sujeten bien el pie, con suelas antideslizantes.
  • En caso necesario, recurrir a bastones y andadores, que mejoran la base de apoyo.

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